La sociedad es la protagonista de los hechos de la historia, los dirigentes, o dirigen esos hechos o solo surgen al calor de los mismos. Pero es el pueblo el protagonista. Por ello se comenta que existen revueltas populares impulsadas bajo la influencia de sus dirigentes, y las espontáneas con razones de mucho mérito que al producirse surgen en ellas sus finales conductores.

Cuando recibimos el 2017 debemos ser agradecidos por la vida, sin lugar a dudas. Y con ello seremos testigos y protagonistas del año calificado para Venezuela como el más difícil de los difíciles años que nos correspondieron vivir. El Gobierno de forma definitiva mostró su verdadero rostro: el comunismo como proyecto final, adonde nos conduce, violó la Constitución bolivariana para llevarnos al modelo por el que nadie ha votado y aprobado. Esta primera afirmación de cuál es la ruta del gobierno revolucionario nos debe llevar a nosotros los ciudadanos a tener una primera convicción. Si ya Chávez-Maduro cambiaron la Constitución en los hechos, necesitamos impulsar como proyecto político paraguas una nueva Constitución, lograda por la vía constitucional de la constituyente originaria. Con ello contraponer como propuesta política inmediata el modelo de Estado federal descentralizado frente al Estado centralizado que nos trae al comunismo, cuyo modelo es oprobioso.

Una segunda convicción que tiene que mover al ciudadano es el hecho de que cambiando de presidente no salimos del problema, es solo cambiándolo todo, es  desplazar al régimen revolucionario y sus entramados de leyes inconstitucionales que nos traen al único modelo que necesita al pueblo pobre para dominarlo: el comunismo.

La tercera convicción que tenemos que tener, nos la regala Albert Einstein: “No es posible resolver un problema con el mismo tipo de mentalidad que sirvió para crearlo”.

La afirmación repetida de que los partidos son necesarios, hay que admitirla como una verdad a medias, en razón a que si esos partidos tienen por características ser centralizados y centralizadores, negadores de la democracia interna, personalistas, creando el mesianismo en sus dirigentes, sin reconocer el valor de la sociedad empoderada, prepotentes, arrogantes, populistas y sin raigambre popular; pues estaríamos diciendo que son igual al partido que combatimos al PSUV.

La democracia corporativa la liquidó la revolución, es por ello que sindicatos y gremios en todas sus expresiones perdieron la fuerza social que implicaba la democracia corporativa. Operó un cambio en la base social de la organización y los partidos se quedaron con sus estructuras imagen del modelo constitucional de 1961.

Este es nuestro error mayor. Y peor aún cuando no se quiere entender que la lucha política de hoy requiere de una organización popular que tenga valores consustanciados al proyecto que impulsan, un nuevo país con una nueva constitución, democrática y descentralizada. Valores de reconocimiento de las individualidades e independientes por no ser militantes de partido. Necesitamos partidos con vigencia democrática y de pensamiento que no reproduzcan los vicios que impiden ser alternativa por diferenciación.

La cuarta convicción que tenemos que hacer valer como ciudadanos, es el hecho de que si somos un 85 % los que no queremos el modelo que impone Maduro, así sea apoyado por los militares, no pueden imponérnoslo.

Quinta convicción que tenemos que tener, está probado que la oposición está dividida, hay que admitirlo. En consecuencia, le corresponde a la sociedad que hoy se está organizado tomar el control de organización y acciones. Los partidos se unirán en consenso solo si hay elecciones (que sabemos no existirán).

Sexta convicción. El objetivo no es la salida de Maduro, el objetivo es organizarnos para salir del comunismo.

Que este año sea un feliz año nuevo, dependerá de lo que hagamos, toda vez que terminamos el 2016 mal y comenzamos el 2017 peor.

Brindo por un feliz 2017.

Carlos Casanova