Ha sido este inicio del 2017 el más nefasto y catástrofico de las últimas décadas. Un año signado por el infortunio, la muerte y el terror. Todo el mundo conmocionó al despuntar enero ante la irracional masacre durante la fiesta de la despedida anual en el boliche Reina, del barrio de moda Ortaköy, en Estambul, Turquia, a orillas del estrecho de Bósforo. Perecieron 39 persdonas y otras 116 heridas en el más abominable atentado terrorista después de los asesinatos múltiples en Francia y Alemania perpetrados a mansalva por militantes del Estado Islámico (EI), que causaron la muerte a más de 500 personas en la propia Turquia y capitales de Europa en el 2016. Venganza sanguinaria de idólatras vesánicos por las afrentas a su dios Alá y la obsesión de instaurar una única nación islámica. Creadores de un califato, el primer sistema de gobierno establecido en el Islam bajo control de religiosos extremistas en territorio perteneciente hoy a Irak y Siria. Luego estructuraron el aterrador batallón armado del ISIS o Eiil que perpetró saqueos, decapitaciones y fusilamientos colectivos, entre ellos los de periodistas norteamericanos y británicos. Hoy  se identifican como fuerza insurgente del Estado islámico (EI), responsable de los atentados sucesivos y matanzas en serie en la capital francesa y Gran Bretaña. Una organización criminal dirigida y financiada por sátrapas y mafiosos internacionales que amenazan ahora con intensificar matanzas y exterminios globales en este incierto 2017 calificado por quirománticos, nigromantes y clarividentes como año infausto y fatal. /

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Germán Carías Sisco