Autoestima del venezolano

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Por la situación que estamos viviendo los venezolanos, tenemos la perentoria necesidad en este nuevo año de revisar el proceso político de nuestra nación y reorientar la autoestima ante los procesos electorales, especialmente en el empleo de la mente “racional” frente a la “emocional”. En otras palabras, revisar la autoestima partiendo de su axioma conceptual: “Todo ciudadano sin excepción, es digno del respeto incondicional como ser humano, debe tener confianza en sí mismo, en la sociedad de pertenencia para lograr la satisfacción de las necesidades físicas y psicológicas, el reconocimiento y la autorrealización”. Las campañas electorales han sido propicias para alimentar la autoestima de los votantes mediante egoísmos y sectarismos políticos, desviando la intención de voto sin medir las percepciones y las evaluaciones del futuro individual, familiar y del país. Son momentos de reflexionar sobre el pasado como actores del devenir histórico, como ciudadanos dignos de una nación inmensamente rica y ahora inmersa en la peor crisis socioeconómica de los países pobres del universo.

Haciendo un poco de historia, en los tiempos de la alternabilidad política, los venezolanos asistíamos a los comicios electorales con influencia de  diversas variables y tendencias políticas, generando una alta abstención y legitimando en forma relativa el  gobierno encargado de conducir el Estado. Los políticos como mercaderes de la política han aprovechado, la sociedad venezolana acostumbrada a vivir  informalmente en la dualidad entre el valor y el no valor de lo que le rodea, lo ético y lo no ético en la conducción de lo público y lo privado. Los tiempos han cambiado, nos llevaron a una polarización de amigos y enemigos a ultranza radical antagónica que cambió la autoestima del venezolano. Se han trastocado los valores de nuestra idiosincrasia, el comportamiento ante la diatriba política se ha vuelto opuesto sin valorar las fortalezas físicas y psicológicas de nuestro pueblo. Separaciones en la familia y rotos los lazos de amistad propios de un país con una sociedad tradicional de convivencia social.

Dentro de esta dinámica sociopolítica, la percepción y valoración de la autoestima de la sociedad venezolana, en forma general se divide en cuatro categorías: realista, optimista, pesimista y conformista. El realista, es irreflexivo y acepta lo que está sucediendo, son los que dicen que hacía falta para un cambio de conciencia de los problemas del país. Tiene una valoración dual de lo que sucede en la nación, son volubles a la hora de tomar la decisión política de ejercer el voto. El optimista, tiene la seguridad de que es indispensable escoger el mejor camino, son convencidos por un líder y son consecuentes para acudir a cumplir con el derecho de votar. El conformista, se ubica entre el realista y el optimista, está aprovechando ya sea para los grandes  negocios o recibir dádivas del sistema. Esta categoría es inaparente a lo que sucede, espera que los demás trabajen y a la hora de votar dudan y se van para la playa.

El pesimista, no le interesa la política; considera que vendrán tiempos peores y no le importa votar o no votar. Esta categoría tiene especiales características, espera que los otros tomen la iniciativa y hagan el trabajo, no tienen mucha preocupación por el futuro, sacan ventaja sin esforzarse y es tolerante consigo mismo pero exigente con los demás. El resultado de las pasadas elecciones sorprendió a muchos, sin embargo es una  radiografía que refleja la autoestima o estado mental de las cuatro categorías del pueblo venezolano. Los problemas estructurales y funcionales del país seguirán con tendencia a agravarse en el orden social, serán tiempos de reformulación del sistema político hacia una democracia real, de lo contario, tendremos una sociedad estancada. (Oscar Roviro Villamizar) / *Gral. de Brig. oscarroviro@gimal.com