Hace pocos días circuló por las redes sociales la noticia sobre el fallecimiento del profesor Jorge E. Zambrano Lupi, oriundo de La Grita y titular de la cátedra de Geografía de la Población en la Escuela de Geografía de la Universidad de Los Andes en Mérida. Entonces llegan a la memoria las explicaciones técnicas y científicas sobre las temáticas que ocupan el presente artículo. La idea es escribir un tríptico para rendir tributo de admiración y aprecio al reconocido geógrafo, profesor universitario y estudioso de los temas poblacionales.

El “bono demográfico”, en términos sencillos, se puede definir como la coyuntura en que la relación de dependencia favorece el predominio de la población adulta sobre los grupos etáreos de niños y ancianos. Se considera como una oportunidad magnífica para potenciar las tasas de ahorro o el ingreso familiar, fortalecer la estructura del trabajo creador y el subsecuente crecimiento de la economía. En Venezuela, de acuerdo con las cifras censales del 2011, la correlación porcentual entre los grandes grupos etáreos (niños, adultos y viejos) muestra el predomino de efectivos en edad de producir y aportar al trabajo. Es un período especial de carácter transitorio. Los cambios en la estructura poblacional suelen aprovecharse para ajustar las políticas públicas, incrementar las demandas sectoriales o la capacidad del trabajo, diversificar las fuentes de empleo y aprovechar el superávit de jóvenes que llegan a la edad adulta, con el fin de potenciar el desarrollo y contribuir al progreso general de los países. Es el momento demográficamente ideal para concretar los grandes retos de desarrollo de una nación en crecimiento.

Sin embargo, justo en la época en que Venezuela empieza a transitar por esta fase demográfica, se incrementan las tasas migratorias de jóvenes y personas en edad de trabajar. En otras palabras, el “bono demográfico” pierde impacto social por la pérdida porcentual de la fuerza de trabajo o el drenaje humano. Entre los países latinoamericanos, México es vivo ejemplo del desperdicio en las ventajas del “bono demográfico”, cuando numerosos contingentes de trabajadores traspasan las fronteras en busca de empleos en la nación del norte.

Venezuela también comienza a vivir la experiencia de la emigración selectiva de jóvenes y adultos. El fenómeno no tiene la misma magnitud matemática que en el país azteca. Pero es innegable que aquí hay grupos de jóvenes partiendo hacia otras latitudes en busca de empleo. Así se reporta en documentales de prensa, aunque no se manejan estadísticas concretas para ponderar el verdadero impacto de los movimientos migratorios propios. Por ahora no se van a realizar interpretaciones ni análisis sobre las causas y consecuencias del fenómeno. Se necesita bastante espacio para abarcar todas las hipótesis y conclusiones. Se requiere incluso de estadísticas y fuentes confiables, como lo exigiría el citado profesor en sus clases. Pero es necesario registrar el aumento simultáneo de la población potencialmente activa y la emigración de la misma. En otras palabras, se está perdiendo la oportunidad de aprovechar el bono demográfico para potenciar el desarrollo del país. Las tasas de emigración de personas en edad de trabajar eclipsan o neutralizan las ventajas y potencialidades de la llamada “ventana de oportunidades demográficas”.

José de la Cruz García Mora