El hambre acosa

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En los 187 años de vida republicana, nunca el país había sufrido una crisis económica y social tan profunda e intensa como ésta. Pareciera que hubiésemos sufrido una guerra de grandes proporciones o que una catástrofe natural nos hubiera azotado sin piedad y dejado su trágica secuela de destrucción y miseria.

En apenas dos años, entre 2014 y 2016, la pobreza en Venezuela se duplicó y se disparó desde el 48 hasta el 81 %. El dato preocupante y aterrador no es una invención de los opositores recalcitrantes y “vendepatrias”, empeñados en contribuir con la “guerra económica” que según el Gobierno nos han declarado. Nada de eso. Proviene de una investigación realizada conjuntamente por tres de las universidades más prestigiosas del país: la Central de Venezuela, la Católica Andrés Bello y la Metropolitana. Otros resultados del mismo trabajo amplían las terribles conclusiones: 93,3 % de los hogares no cuentan con los ingresos requeridos para adquirir los alimentos en cantidad y variedad suficientes para un consumo adecuado. 9,6 millones de venezolanos come sólo dos o una vez al día. 72,7 % de la población ha perdido en los últimos meses un promedio de 8,7 kilos. 4,2 millones de compatriotas pobres no reciben el auxilio de ninguna de tantas misiones sociales patrocinadas por el régimen. Estas cifras duras y descarnadas, se traducen en realidades aterradoras que presenciamos a diario: indigentes y mendigos por doquier, personas hurgando como perros o roedores en bolsas o depósitos de basuras y desperdicios, robos, atracos y arrebatones al por mayor, rebusques de todo tipo con los que los más necesitados tratan de sobrevivir en medio de la más cruel y lacerante miseria.

Y frente a todo esto, un gobierno impasible y paralítico que obcecado en su quincallería ideológica pasada de moda, obsoleta y fracasada, descarta olímpicamente las recomendaciones y consejos de quienes sí saben de economía y están dispuestos a colaborar con el país de buena fe. Con un presidente que nos ofrece casi a diario en horario preferencial y en cadena nacional, el más variado repertorio de anuncios, chistes malos, amenazas, insultos de grueso calibre, música, canciones y hasta pasos de baile, pero nunca un verdadero programa de rectificaciones y nuevas propuestas en el plano económico, financiero y de producción capaces de despejar  la incertidumbre, aclarar las sombras y motivar a los inversionistas y creadores de riqueza a volver a poner su mirada y empeño en nuestra tierra.

Si de algo estamos seguros es de que la solución no está en los famosos CLAPS, como ahora pregona el oficialismo. Eso, si acaso, puede servir para mitigar en algo las penurias de unos pocos de manera temporal, pero jamás puede ser la base sobre la que se sustente  la economía sana y próspera que necesitamos. Los venezolanos merecemos y deseamos un destino mejor que esperar cada mes que nos llegue una pobre y triste bolsa de comida. (Tomás Contreras V.)