El intenso vértigo político

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Quizá pueda el lenguaje médico ofrecernos una palabra adecuada para ubicarnos en el actual acontecer de la vida política venezolana.

Los hechos se están produciendo con tal velocidad, con tal diversidad y se originan en diversos escenarios, produciendo tantos impactos en la psiquis colectiva, que estoy convencido de la pertinencia de usar una palabra como la que coloco a la cabeza de este artículo, para tratar de comprender posturas y opiniones que vienen surgiendo producto de la casuística de cada día.

“El vértigo es una sensación subjetiva de movimiento de los objetos que nos rodean o de nuestro propio cuerpo, por lo común, una sensación de giro”.

Esta forma de definir en la ciencia la sensación de movimiento que experimentamos los seres humanos, de alguna forma podemos aplicarla a la vida política. Estamos experimentando tal cúmulo de movimientos que no atinamos a digerirlos todos, produciendo además de la sensación de movimiento, una especie de mareo cognoscitivo, y hasta de mareo físico.

En efecto, los venezolanos hemos estado observando una serie de acontecimientos, frente a los cuales, a segmentos importantes de nuestra sociedad le han asaltado dudas, hipótesis y conjeturas diversas, muchas veces no resueltas, porque de inmediato surgen nuevos movimientos que reafirman esa desagradable sensación de un movimiento a nuestro alrededor que no terminamos de descifrar y de entender de manera adecuada.

Lo cierto es que el acelerado movimiento social y político que vivimos los venezolanos  está produciendo además de la sensación de movimiento, un verdadero movimiento  telúrico en el epicentro de nuestra vida, y precisamente estamos en pleno desarrollo de ese proceso. De ahí el vértigo y el mareo que experimenta la sociedad en su conjunto.

Se trata de una explosión social, con un claro y contundente efecto político.

La profunda indignación que tenemos los ciudadanos frente a la irracional y vulgar conducta de la camarilla gobernante, ha desatado una honda preocupación en la comunidad internacional que empuja de igual forma el movimiento que estamos experimentando, movimiento que seguirá acelerándose en los días por venir, y que producirá nuevos eventos para alimentar la intensidad del vértigo existente.

No hay forma de lograr que Nicolás Maduro recupere un mínimo de gobernabilidad. Su gobierno no gobierna. Es prisionero de una gestión de supervivencia, que por sí misma hace inviable la capacidad de gobernar. Su presencia en el gobierno es inercial, y solo se sostiene por el control militar que hasta ahora ha logrado preservar.

La sociedad democrática, en lucha desigual, ha pagado un alto precio en vidas humanas, en pérdidas materiales, en destrucción de su calidad de vida, buscando restaurar el orden constitucional. Pero tampoco logramos, hasta la hora presente, concretar una ruta segura y firme hacia el cambio.

La incertidumbre es, junto al vértigo político, la nota dominante de esta hora.

Hechos como la ruptura de la fiscal general de la República con la cúpula gobernante, el sangriento y brutal asalto a la Asamblea Nacional, la gigantesca ola de repulsa que dicho evento ha ocasionado en el mundo civilizado, la designación de una vicefiscal de manera ilegal, su cómica de ingresar a la sede del Ministerio Público en la maleta de un automóvil, la fallida audiencia de destitución de la fiscal general, y la medida de casa por cárcel otorgada a Leopoldo López, para solo citar los elementos más relevantes, han movido fuertemente el piso político, haciendo surgir en cada mente sensaciones de duda, sospecha, rabia, desconfianza, y de mayor incertidumbre.

Surgen las voces que consideran una estrategia del G2 Cubano, la posición asumida por la fiscal general. No admiten que la historia registra múltiples casos de  rupturas abruptas en aliados políticos, y que este tipo de comportamientos suelen ocurrir en todo tipo de proceso social, y con mayor impacto en el campo de la política.

Con el cambio de sitio de reclusión para Leopoldo López surge la conseja de que se ha traicionado la lucha de nuestro pueblo, que está en marcha una negociación para permitir la fraudulenta asamblea constituyente a cambio de su eventual liberación definitiva. Las declaraciones de la Sra. Tintori, agradeciendo la medida a los hermanos Rodríguez,  y las contradicciones de algunos voceros en materias relativas a la protesta, alimentan la duda, estimulan sentimientos de rabia y frustración, acelerando el ir y venir de las olas de opinión pública respecto de la crisis, produciendo una elevación en la intensidad de esa extraña sensación de movimiento que vivimos los venezolanos.

Tales circunstancias  no nos deben hacer perder el norte de nuestra lucha, ni tampoco ofrecer espacio a esa morbosa conducta de estimular ese vértigo en el que estamos sumergidos. Si bien es cierto que se han cometido múltiples errores en el largo recorrido de este proceso, no podemos de inmediato ver cada evento con el cristal de la desconfianza.

Aceptemos que la fiscal Ortega Díaz asume una conducta cierta de defensa del orden constitucional, lo cual no niega que en otro momento toleró graves injusticias. Aceptemos que el régimen es vulnerable y que la presión interna y externa ha logrado arrancarle de la mazmorra de Ramo Verde a un líder valioso como Leopoldo. No le demos crédito a quienes apuestan a dividirnos con la conseja de negociaciones oscuras, más allá de que se produzcan errores en la comunicación de este hecho.

Pero tampoco caigamos en el triunfalismo. No nos confiemos en que por haber cedido un ápice en el tema de puntuales medidas a algunos presos políticos, ya la dictadura ha aceptado y asimilado acordar su salida por cualquier mecanismo política y jurídicamente aceptable.

La intención de la camarilla roja de perpetuarse en el poder,  al precio que sea, ha quedado claramente develada. La firme determinación que tenemos los venezolanos de no permitirles más abusos, les ha obligado a dar pasos que son el resultado de una lucha larga y penosa.

Hay quienes piensan que ya el gobierno está liquidado. Hay que tener cuidado con esa idea. Si bien es cierto, como lo he anotado en estas líneas,  que no hay forma de que recuperen la gobernabilidad, también es cierto que siguen teniendo una fuerza física significativa, que les permite seguir maniobrando en el tablero político.

Nuestra lucha pacífica debe perseverar hasta concretar el anhelado cambio.

La Constituyente fraudulenta impulsada por Maduro es nuestro objetivo inmediato. Para demostrar su repudio en el seno de nuestro pueblo, tenemos este 16 de julio la consulta popular que ratificará la mayoría nacional a favor del cambio político y deseoso de la democracia.

La lucha librada por todos los demócratas venezolanos la continuaremos desarrollando con firmeza y perseverancia, más allá de las diversas lecturas que produce este momento de vértigo e incertidumbre política.

César Pérez Vivas