El nacionalismo como burladero

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La dictadura venezolana, ante el creciente cuestionamiento de la comunidad internacional y el pronunciamiento de gobiernos y organismos hemisféricos reclamando su comportamiento autoritario, busca justificar su brutal, inconstitucional y antidemocrática conducta con la bandera de un nacionalismo hipócrita.

Ha sido una constante a lo largo de los dieciocho años del régimen “bolivariano” justificar sus políticas en una reivindicación de un concepto de “patria”, promoviendo un falso y nocivo nacionalismo, con el cual justificar todas sus arbitrarias decisiones, violatorias de los demás elementales derechos humanos. Ha sido frecuente oír en el discurso oficial la frase: “pero tenemos patria”.

Recurriendo al clásico discurso de la izquierda radical latinoamericana del “antimperialismo”, han querido justificar las ya fracasadas recetas del estatismo, del militarismo y del monopartidismo. Igualmente fundamentan en dicha expresión las situaciones de pobreza y atraso de nuestros pueblos. Se trata de un discurso generalizado a mediados del siglo pasado, que ha perdido toda vigencia en el mundo contemporáneo, no solo porque los hechos lo han desmentido, sino porque mentes lúcidas y con sobrados argumentos, han desmontado con claridad conceptual y argumentación incuestionable, lo falso de los sofismas sobre los cuales sostuvieron por años sus teorías.

Quizá sea nuestro compatriota Carlos Rangel, en su obra “Del buen salvaje al buen revolucionario”, uno de los primeros intelectuales latinoamericanos que en el siglo pasado demolió contundentemente los conceptos de un nacionalismo falso, que solo buscaba tener un chivo expiatorio para echarle la culpa de nuestros fracasos e incapacidades, y sobre el cual justificar la nueva ola autoritaria, instaurada por los hermanos Castro en la vecina Cuba, y que inspiró a la logia militar golpista del 4F venezolano, para instaurar la dictadura que hoy padecemos.

Reprimir, armar falsos positivos con el supuesto delito de “traición a la patria”, por solicitar la solidaridad de la comunidad internacional en la lucha de los demócratas venezolanos por recuperar el estado de derecho, así como plantear la aplicación de un tratado internacional, que es ley de la República, como lo es la carta democrática latinoamericana, no significa solicitar “una intervención militar” de un país extranjero. Se trata de obligar a la cúpula gobernante a someterse a las normas del Derecho internacional en materia de vigencia de la democracia y de los derechos humanos.

La camarilla roja se aferra al poder, cerrando en la práctica el parlamento, e incrementando la represión a la disidencia, alegando que defiende “la patria” de unos “traidores” que solo le exigimos democracia. Pero la patria es para ellos su partido y gobierno. Cuestionar las políticas de su partido y de su gobierno, constituye un acto de traición a la patria.

Una vez más “la revolución socialista y bolivariana” saca al debate su rancio y penoso concepto del “nacionalismo”. No el de un nacionalismo sano, o “cívico” como lo define Michael Ignatieff, en su obra “Sangre y pertenencia. Viajes al nuevo nacionalismo”, sino el del nacionalismo más primitivo, aquel con el cual han justificado el exterminio de millones de seres humanos. Un tipo de nacionalismo étnico, que sirvió de base a la tragedia del fascismo hitleriano.

Cuando una camarilla ejerce el poder de forma arbitraria, usurpando el mismo, y lo justifica en la defensa de la patria, solo recurre a un fetiche con el cual conseguir algún argumento para “destruir” a quienes le adversan, a quienes por ser “traidores a la patria” se les declara enemigos, y ellos justifican su  hostigamiento, exterminio o desaparición física. Ese fue un elemento clave en la tragedia que dio origen a la Segunda Guerra Mundial, pero más recientemente ese argumento se utilizó para justificar el genocidio en la guerra de los Balcanes, con la cual arrancó este siglo XXI en Europa.

Bien lo escribe Ignatieff: “Del mismo modo que Milosevic en Serbia, Ceaucescu en Rumania o Husak en Checoslovaquia, Honecker recurrió al nacionalismo para enmascarar la decrepitud de su régimen” (Página 96. Ob citada.) Ahora Maduro igualmente recurre al nacionalismo “para enmascarar” a un régimen tan decrépito y corrompido, como los que cita el escritor canadiense.

Si algo ha quedado demostrado hasta la saciedad, en estos años del Socialismo del Siglo XXI, es la entrega de los intereses del pueblo venezolano a otros países. ¿O es que los convenios con China, Rusia y Cuba no construyen una dolorosa entrega de nuestro patrimonio, y una vergonzosa dejación de nuestra soberanía?

El discurso antiimperialista de la camarilla chavo madurista es solo una palabra vacía para ofender a los Estados Unidos de América, pero no una política destinada a elevar las capacidades políticas, económicas, culturales y sociales de nuestro pueblo. Ha sido eso, un discurso, para esconder la entregar de nuestro petróleo a China y a Cuba, y para comprometer nuestra seguridad en la órbita de Moscú. Y ahora, luego de haber desfalcado y malbaratado la riqueza fiscal de la abundancia petrolera, se recurre a la riqueza mineral y ambiental de Guayana, para montar un leonino convenio, bajo el engañoso lema del eco socialismo en el desarrollo del “arco minero”. Toda una evidencia de sumisión y entrega de nuestra soberanía y de nuestra riqueza, a otros centros del poder político y económico mundial.

Hechos concretos que evidencian cómo el discurso de nacionalistas es solo el burladero para justificar el establecimiento de la dictadura y su enfermiza obsesión por perpetuarse en el poder al precio que sea.

Un nacionalismo hipócrita y decimonónico. No una promoción de amor a la tierra en la que vivimos. No una elevación de nuestra autoestima como pueblo, fundado en los valores positivos que nos distingue. Es solo una estrategia de poder, con la cual distraer la atención por la complejidad y profundidad de la crisis, y conseguir el culpable a quien responsabilizar de la catástrofe producida por tanta corrupción e incapacidad.

Los días por venir van a mostrar más evidencias de la forma como este recurso se utiliza sin rubor. Seguirán los montajes con el tema de la traición a la patria. Recurrirán de nuevo a buscar alguna excusa para pelear con los vecinos. Colombia, sobre todo, a los fines de promover la distracción.

Por fortuna los venezolanos hemos sido un pueblo abierto, capaz de integrarse con personas de otros países, y no va a ser presa fácil de esta recurrente práctica de las dictaduras el nacionalismo chauvinista. (César Pérez Vivas)