El Papa, Trump y la oposición

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Hay una campaña sucia y sistemática contra Henry Falcón, Manuel Rosales y  cualquier conato de racionalidad en las decisiones opositoras. Se sabe quiénes la desarrollan, no con la cabeza, sino con cuidada sea la parte. En vez de resetearse y emprender el único camino de la elección de gobernadores, la oposición se volcó sobre sí misma y un sector se dedica a devorar a otro. Las gallinas jefes del canibalismo se esconden. Si un gran filósofo italiano decía que la política era “bestial y humana”, de lo rastrero y lo sublime, hay quienes solo hacen lo primero. Un pequeño sector rabioso –y unos que no lo eran, ahora colonizados por él- hacen lo que quieren, violentan los acuerdos, desacreditan a los demás, mientras las víctimas fingen no darse por aludidas.

Han dicho N veces que hay revolución y no Estado de Derecho, pero se enredan en sus propias definiciones.Y sin el instinto de conservación de una iguana, surge la genialidad de grandes estadistas: la reunión con Donald Trump. La respuesta fue aplastante, obvia y cruel. Como se dijo el día después “se vengaron en Leopoldo de mi reunión con Trump”. Su status judicial anterior era una pequeña puerta abierta para la negociación, pero ahora con sentencia firme no podría ser candidato a ningún cargo público, ni siquiera si lo indultan. Y los responsables políticos directos quieren esconder su torpeza con la única habilidad que poseen: hacer que el populacho elegante trasmita por Twiter su condición infrahumana y su purulencia moral.

Arendt decía que el populacho estaba formado por gente sin escrúpulos ni ética, dispuesta a cualquier bajeza -más allá de su status social-; y así pudimos ver licenciados y damas de utilería escupir montones de ratas muertas y hablar como en los lenocinios de Paraguachón. Nadie genera más rechazo en el mundo que Trump, incluso en Estados Unidos donde perdió la medición electoral por tres millones de votos. Su diferencia con los revolucionarios de por aquí, es que allá existen instituciones hasta ahora invulnerables. Pero si la Corte de los Estados Unidos estuviera en manos de pescados como los criollos cuando comenzó la revolución, ya los gringos estarían sometidos.

Donald, nuevo padrino de algunos opositores venezolanos, arremete contra medios de comunicación, latinos, mexicanos, artistas, intelectuales, mujeres, homosexuales. Debe surgir un bloque político consistente que opaque el trumpismo criollo de las redes, violento, soez, ruin, que compone, con la revolución, las dos caras de la misma moneda. Esencial que las fuerzas democráticas conserven la fisonomía centrista que han tenido desde 2006 hasta ahora, y que les permitió superar el aislamiento internacional. En los comienzos de esta ya larga lucha por la democracia, en los primeros años cuando el radicalismo controlaba la oposición, las burradas fueron a granel.

Hicieron que la opinión pública mundial asumiera que eran unos golpistas de derecha que derrocarían a un demócrata moreno porque les arrebataba los privilegios y deshacía sus injusticias. Hay que tener cuidado en volver a trasmitir esa impresión de sifrinismo, mal de rabia, o simpatía por el Diablo. (Carlos Raúl Hernández) /

@CarlosRaulHer