Evolución de una idea: La experiencia

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Tras lagos años de acción profesional y de vida en la sociedad en que me ha tocado interactuar, pudiera decir, quien se sintiera poeta, que quien lo haya querido ha transitado el camino de la experiencia. En la época de jóvenes actuamos y formulamos ideas o ideales; de allí surgen los principios, los dogmas, las formas de vivir, la ocupación a que nos hemos dedicado, las maneras de relacionarnos y también se van acumulando las vivencias, los recuerdos de lo hecho, lo actuado, pensado y recorrido o sea la experiencia propia. Ello aparece cuando las circunstancias lo determinan; no es un azar, crece con el vivir. Se forma como todos los fenómenos accesibles a nuestra observación y réplica. Es como el efecto de causas, provocadas o accidentales. Por ello el acumular buena experiencia equivale a tener un valioso capital que solo se puede transferir si la otra persona tiene actitudes, capacidades y buena disposición y aún con ello, se depende de la forma generalizada de razonar de los datos particulares, de los resultados posibles y de eso que llamamos ideales de perfección. Si en alguna ocupación vale, indimensionablemente, la experiencia y ello conlleva a excelentes réditos, es en la acción de los médicos. Ella va afianzado el encuentro con la verdad, con la realidad y puede ir haciendo más predecible los resultados, pues van haciéndose más patentes las limitaciones, las dificultades, los riesgos, al igual que se adquiere más conciencia de que no somos Dios, aunque sí unos intermediarios de él y de los soportes de la Salud y la Vida. El tener más experiencia requiere el tener más equilibro entre el saber y el poder. No es más experimentado el que es más osado, atrevido, o arriesgado. El director, profesor de mi Postgrado en Cirugía, doctor Santas, solía decirnos en las clases y revistas que aquellos que dicen saber mucho y por ello son más atrevidos que “mucha ciencia acercaba a Dios”. Ello se podía interpretar porque los pacientes se podían curar o porque muchos se morían por causa de la falta de prudencia, equilibrio o por tener mucha osadía. Hay por supuesto, muchas otras razones para las malas experiencias. Forman parte de ella la ignorancia, la falta de prudencia, el aplicar mal lo que supuestamente se sabe, hacer lo que no se sabe bien; o creerse, como decía mi profesor, un dios; el resultado de ello son muchos fracasos, complicaciones y por agregado, muchas muertes. Lamentablemente hay bastante de ellos y de lo que se someten al riesgo.