Existe un delito internacional del que siempre se ha hablado y solo su nombre provoca estupor y escalofrío, pues quien lo ejecuta no es otro que el máximo conductor de un Estado/país o funcionarios de la más alta jerarquía de mando. Para conocer más y el ¿Por qué? de este delito, veamos la siguiente descripción:

El Diccionario Enciclopédico SALVAT, define Genocidio: “(Del gr. génos, raza, y el lat. caedere, matar, exterminar) f. Persecución y destrucción total o parcial de grandes grupos humanos por motivos nacionales, de raza, de religión o políticos. Esta acción, generalmente sistemática, de destrucción o aniquilamiento, puede recaer sobre los aspectos físicos, biológicos, culturales y los medios de subsistencia de tales poblaciones…”

Más allá de las motivaciones o causas que los provocan, como ya vimos, religiosas, políticas, étnicas, entre otras, siempre, son perpetrados por una mayoría con poder, autoridad, organización y estructuras como para hacerlo, y el blanco normalmente es un núcleo o grupo que no presenta esas características, sino que por el contrario, en comparación, son mucho más débiles para resistirse o presentar batalla. Generalmente, el genocidio es llevado a cabo por un gobierno que se encuentra a cargo del poder del estado.

La Organización de las Naciones Unidas estableció mediante documento aprobado en 1948, “Convención para la Prevención y la Sanción del Delito del Genocidio”, que comenzó a regir en 1951, que este delito internacional puede cometerse tanto en un conflicto bélico formal como en cualquier otro contexto en el que reine la paz.

Dadas las actuales circunstancias manifiestas en Venezuela, motivadas por la falta de producción y abastecimiento insuficiente e inadecuado, se ha expuesto a la población a sufrir las nefastas consecuencias de la escasez y abismal carestía de alimentos e insumos, imprescindibles para la vida y la salud, principalmente, lo que conforma la triste realidad que vivimos y vemos: humildes madres, ancianos y niños hurgando entre los desperdicios de los basureros, algo que pueda llenar sus estómagos vacíos. Ante tan evidente situación, la comunidad internacional, a pedido de connacionales, en algunos países como Chile y Estados Unidos, han organizado exitosamente colectas de alimentos y medicamentos para ser traídas a nuestro país; lamentablemente, el gobierno venezolano, obstinadamente, se ha negado a recibirlas en perjuicio de una población altamente necesitada que vislumbra una hambruna.

¿Es posible que tan dantesco cuadro se esté dando en Venezuela… la Venezuela petrolera y de grandes recursos? ¿Acaso en Venezuela, consciente o inconscientemente, se esté dando un caso de genocidio camuflado?

Si bien, la ONU establece que “este delito internacional puede cometerse tanto en un conflicto bélico formal como en cualquier otro contexto en el que reine la paz”, ¿qué nos hace pensar de un genocidio en Venezuela? Veamos:

La posibilidad de genocidio en Venezuela no ocurre por matanza de personas de un grupo determinado por fuerzas de seguridad o células de exterminio, si las hubiere. Tampoco por lesión grave a la integridad física o mental de los miembros de ese grupo. La presunción o duda sobre genocidio surge ante la evidencia de un gobierno que incumple mandatos constitucionales sobre los Derechos Sociales y de las Familias, como por ejemplo, los relativos al derecho a la salud, Art. 83. “La salud es un derecho fundamental, obligación del Estado, que lo garantizará como parte del derecho a la vida…” De igual manera, en lo tocante al Régimen Socioeconómico, no se cumple con algunos Deberes vitales del Estado, como es el caso de la seguridad alimentaria (Art .305), donde establece: “El Estado promoverá la agricultura sustentable como base estratégica del desarrollo rural integral, a fin de garantizar la seguridad alimentaria de la población”.

Del análisis de estas consideraciones se intuye que un importante sector de la población venezolana, concretamente la clase trabajadora y clase media, mayoritariamente opositora al actual régimen, es quien más sufre la funesta política de retaliación gubernamental. Pareciera que la falta de sumisión al régimen es un delito que el gobierno no perdona; de ahí que la hambruna que se percibe ante la escasez de alimentos y el aumento de la tasa de mortalidad, por fallas de  medicamentos e insumos médicos, es un castigo provocado consciente o inconscientemente, que bien puede asimilarse a un genocidio.

El genocidio es un delito clasificado dentro del grupo de crímenes contra la humanidad que por la gravedad que reviste no prescribe jamás.Por tanto, una vez cometido, si la persona indiciada no es encarcelada como consecuencia del mismo, podrá serlo en cualquier otra oportunidad.

A Dios gracias, los venezolanos tenemos fe: existe consenso de la urgente necesidad de un cambio de timón y programación del país que queremos. Luchemos todos contra cualquier amenaza y detengamos la creciente migración de talentos, hijos y familias enteras. Desde el Táchira, cumplimos el compromiso de realizar los esfuerzos necesarios a favor de la implementación y ejecución sostenida, consciente, de la propuesta “Proyecto País Venezuela Reconciliada… Vía Constituyente”.   (Alejandro Bautista)

*Doctor en Cooperación Internacional, Integración y Descentralización