Hora de Reflexión: Los tambores de Nicolás

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Era el mes de noviembre del 2015. Todo el mundo lo vio. Muy alegre él. Acompañado de la “Primera combatiente”. Tocaba la marimba como un avezado percusionista. Todos reían a placer. Disfrutaban pues. Me trajo como recuerdo a los indígenas del lejano oeste que se preparaban para la guerra. Tocaban los tambores y danzaban alrededor de una fogata a la vez que gritaban consignas para darse brío, valor; para ganar la batalla que enfrentarían. Solo recuerdos de aquellos films del imperio gringo. Aunque en esta oportunidad histórica de nuestra Venezuela, al parecer la guerra está a la vuelta de la esquina. Dios nos salve. Nicolás ha llamado a prepararse para el combate.

Fue el pasado jueves 6 de julio, en el estado Bolívar, cuando Nicolás volvió a ser centro de atracción en una tarima. Allí mostró sus dotes de bailarín, cuya pareja fue su esposa, la “primera combatiente”. Al igual que en otras oportunidades, gozaron un “puyero”. Las risas desbordaban el encuentro. “Oh sorpresa” (expresión del Sr. Defensor en la audiencia contra la fiscal Luisa Ortega Díaz), lejos de allí, centenares de seguidores de la oposición eran reprimidos con saña, por efectivos de la GN, PNB y colectivos que apoyan el “proceso revolucionario”. No pudieron llegar a su destino: el TSJ. Nicolás y su esposa bailaban mientras una inmensa cantidad de ciudadanos hacía cola para conseguir alimentos, medicina y gas doméstico. La inflación hace de las suyas mientras los seguidores de Maduro gozaban a rabiar viéndolos zapatear. “Aquí ya no hay nada regulado”, me soltó una señora cuando pregunté por un rollito de papel higiénico (un paquete con dos rollos por Bs 3.640). Ese mismísimo día, la Sra. Catherine Harrington, nombrada inconstitucionalmente por el TSJ  como vicefiscal (corresponde a la Fiscal y ratifica la AN), no pudo ingresar al Ministerio Público. Le prohibieron la entrada, pues. Mientras Nicolás bailaba en el estado minero, el número de asesinados en las marchas por la severa crisis, sobrepasa las 70 almas.

Previo a la presentación del presidente Maduro en la tarima allá en Guayana, el miércoles 5 de julio, conmemoración de los 206 años de la Declaración de la Independencia de Venezuela, grupos de los llamados “colectivos” invadieron, con la violencia a cuestas, el recinto de la Asamblea Nacional. Cuyo resultado, numerosos diputados heridos, es del conocimiento del mundo global. Muchos ciudadanos comentan que estos grupos armados tal vez entendieron mal las palabras de Nicolás, el cual afirmó, en cadena nacional, que “lo que no se pueda con los votos, lo haríamos con las armas” (27/06/2017). Las imágenes de la acción del 5 de julio quedaron plasmadas en las redes sociales. Que a nuestro modo de ver, le causan mayor rechazo al régimen de Maduro. Incluso, hay quienes señalan que los que asesoran este tipo de actos son “contrarrevolucionarios” y solo buscan desestabilizar el país para dejar muy mal parado al Presidente. Y no se han equivocado. Hay más repudio.

Argumentan que la idea de la mismísima propuesta de la Constituyente de Maduro, es para incendiar al país. Y mire que lo han logrado: marchas, “tranconazos”, asesinatos, presos, heridos, violencia general, hasta consulta popular han sacado debajo de esta tormenta social que nos envuelve. Caben entonces las interrogantes: ¿los tambores que Maduro toca es un llamado al combate como en el Viejo Oeste? ¿Los tambores de Nicolás se volverán a oír? Desde todos los rincones de nuestra amada Venezuela debemos pedir mucha paz. Así andamos por estas calles saturadas de represión. Se abre el debate, pues.

(Alfredo Monsalve López) /

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