Desde tiempos inmemorables, el coloniaje ha sido una práctica común de los imperios poderosos o de las grandes potencias para avasallar a los pueblos más débiles, pobres y necesitados de muchas cosas. Unas cuantas causas motivaron ese sometimiento de muchos países. Entre ellas sobresalen: afán de expansión territorial para extender su dominio político, social y militar, la usurpación de los recursos naturales de esos territorios prácticamente vírgenes de la explotación, adquirir posiciones estratégicas territoriales para consolidar intereses, expansión e imposición de ideologías afines a sus regímenes; y lo más lamentable, detestable y censurable la implantación de un sinnúmero de tropelías en desmedro de los pueblos colonizados.

En el caso de Venezuela, sufrió una colonización atroz por varios siglos del infausto Imperio español. Durante ese largo período oscurantista los habitantes padecieron muchas penalidades, impuestas por los emisarios de la monarquía invasora. Fueron tantos, fatales e inhumanos los abusos de los usurpadores de nuestro territorio, que las diferentes clases sociales de la época empezaron a rebelarse contra las autoridades representativas del reino de ultramar. Entre los desmanes del Gobierno español, estuvieron entre otros los siguientes: los abusos de la Compañía Guipuzcoana en la comercialización y exclusividad del comercio, la explotación y saqueo de los minerales preciosos, productos alimenticios y otros bienes, implantación de principios filosóficos avanzados provenientes de Europa, la proliferación en el pago de impuestos, la discriminación política a los criollos y persecución a granel de los adversarios al régimen despótico español.

Tales tropelías de las autoridades visitantes motivaron un despertar paulatino revolucionario en la clase dirigente criolla. Aunado a este anhelo de quitarse de encima el yugo extranjero, dos hechos trascendentales animaron a los venezolanos. La independencia de los Estados Unidos, en 1775; y la Revolución Francesa, en 1789. Tales acontecimientos incentivaron a los intelectuales nuestros para darse un gobierno propio sin intereses foráneos. Antes de los sucesos del 19 de abril de 1810, acaecieron varios movimientos revolucionarios en Venezuela. El primero de ellos fue el de Juan Francisco León, alrededor de 1750. Luego aparece el labriego José Leonardo Chirinos en Curimagua (Coro) en 1795. El jefe fue sentenciado a la horca y descuartizado en Caracas. Después se da el levantamiento en La Guaira de Manuel Gual y José María España, en 1797. Este proyecto revolucionario tenía como base un ideario o una especie de ordenanza. Posteriormente aparece el proceso de independencia de Hispanoamérica, liderado por Francisco de Miranda en 1806.

Ligado a las causas motivadoras del incipiente proceso emancipador, algunos hechos de Europa ayudaron a fortalecer el intento independentista de Venezuela. Tales como la invasión de Napoleón Bonaparte a España, la abdicación de Bayona en 1808, del Rey Carlos IV, de España a favor del Emperador francés y la renuncia de su sucesor Fernando VII, alentaron a la clase política de Caracas para desligarse del opresor y emprender la causa republicana. Así comenzaron una serie de reuniones conspirativas, que dan como resultado definitivo la destitución del Capitán General Vicente Emparan y la constitución de una Junta Suprema de Caracas, considerada la primera forma de gobierno en la naciente república de Venezuela.

Al traer a colación las causas y efectos de los sucesos del 19 de abril, jueves santo de 1810 con la grave situación que sufrimos los venezolanos en los 18 años de desgobierno chavista-madurista nos encontramos con ciertas similitudes entre las dos formas de gobierno. Si en aquellos tiempos coloniales hubo un clima de hostilidad de los foráneos malévolos contra los nativos y la clase política de entonces, al imponer un sistema de gobierno oprobioso para conservar los dominios adquiridos a la fuerza y así perdurar por mucho tiempo el dominio bestial del verdugo contra los pueblos indefensos de Venezuela, hoy día, con ciertas diferencias, la administración del heredero  fatal del comandante eterno enterrador del otrora país pujante, próspero y envidiado por muchos allende de la frontera y la gestión de su peor, nefasto e inepto continuador del desastre que ha padecido el país en su historia republicana han coadyuvado con sus erráticas medidas y políticas a producir una situación de crisis nunca vista en los sucesivos gobiernos desde aquella gesta heroica del 19 de abril de 1810. 

Según unos cuantos historiadores y especialistas en la materia, ahora con la vigencia del socialismo vivimos momentos difíciles, peligrosos e imprevisibles para el destino de esta gran patria que nos dejaron nuestros libertadores. En la Colonia, la angustia era la compostura de las autoridades españolas en desmedro de los súbditos hispanoamericanos. Mientras las condiciones de vida eran más o menos sustentables (no había colas kilométricas por desabastecimiento de alimentos, medicinas, bienes y servicios…). Entre tanto, en el socialismo hambriento y empobrecedor de Nicolás Maduro y su combo funesto, que ha destruido a Venezuela por la terquedad de establecer un modelo ideológico fracasado en todas partes donde ha gobernado, estamos al borde del abismo y cada vez la población es más pobre. Frente al empecinamiento de los socialistas chavistas-maduristas para no rectificar a tiempo, antes de la ruina del país, se abren aires de esperanza, ya que el pueblo ha comenzado a actuar de acuerdo a la actitud y aptitud del Gobierno para hallar la solución a la crisis que hace estragos. De pronto la conducta de los gestores del desastre va a llevar a la población a reaccionar y de repente se produzcan hechos que logren lo que la mayoría del pueblo y la opinión internacional desea: lograr los cambios necesarios, adecuados y oportunos para alcanzar la plena vigencia de la democracia sin atajos y para tener convivencia y bienestar colectivo.

Al conmemorarse los 207 años de esa magna fecha en pro de la independencia de Venezuela, imitemos la gesta del 19 de abril de 1810, para hacer honor al palmarés revolucionario de los venezolanos. (Alejo García S.)

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