“¡Dios mío, líbranos de una guerra! Pero tenemos que prepararnos para defender la patria. Si aquí tenemos que morir defendiendo a Venezuela, aquí moriremos defendiendo nuestra soberanía”.

Hugo Rafael Chávez Frías   (4 de febrero de 2006)

Definitivamente, el camino que tomó Venezuela desde la llegada del comandante Hugo Chávez al poder en diciembre de 1998, no ha resultado fácil para la oligarquía y todo ello, gracias a la puesta en marcha de la Revolución Bolivariana.
El proyecto de hondas raíces bolivarianas, robinsonianas y zamoranas, comenzó a hilar fino y los intereses de quienes detectaban el poder se vieron afectados; sobre todo para quienes al servicio del imperio norteamericano, vieron mermado su confort, sus espacios y su injerencia en el manejo de nuestras riquezas naturales.
Hacer una revolución pacífica en el patio trasero de los Estados Unidos, luego de la experiencia cubana, no era cualquier concha de ajo y, además, uno de los retos contemporáneos más osados que cualquier país pudiera hacer ante las garras del imperio norteamericano.
El accionar de Venezuela en tierra firme, en la puerta de entrada para América Latina, ha representado un ejemplo para los demás pueblos hermanos; aun por encima de los gobiernos cipayos, quienes si bien juegan las cartas del imperio, no podrán librarse de la factura que tarde o temprano les pasarán los pueblos, quienes sueñan inevitablemente con librarse del yugo opresor de sus oligarquías.
Por muchas maniobras que realicen los operadores políticos de los gobiernos títeres de países en el continente latinoamericano, como México, Honduras, Costa Rica, Guatemala, Panamá, Colombia, Perú, Chile, Brasil, Argentina y Paraguay, no podrán librarse de la explosión del volcán revolucionario (con características muy particulares en cada uno de ellos) que todos llevan por dentro y están a punto de erupción.
En la actualidad se ofrece al mundo una realidad distorsionada de lo que ocurre en Venezuela, como una estrategia para  destruir el proceso de una democracia participativa y protagónica con 18 años de vida.
Con un plan orquestado desde el Norte y puesto en ejecución con éxito en algunos países del Medio Oriente, como Iraq, Afganistán, Libia y Siria, y en el Chile de Allende en América Latina, han arremetido contra Venezuela, pero han fracasado hasta el momento por la reacción consciente del pueblo de Bolívar.
Estamos viviendo una nueva etapa de confrontación y de ataque contra nuestro país, con una guerra de IV generación. Gracias a un escenario virtual todos los días se vende al exterior un “Estado fallido”, el cual se enfrenta en las calles y ofrece un teatro de operaciones con una guerra civil fratricida entre venezolanos.
Si bien el Gobierno revolucionario, liderado por Nicolás Maduro, ha aplicado la máxima expresión de la paciencia a los terroristas y vándalos, quienes han incendiado las calles de las principales ciudades del país y en especial, las de la capital Caracas, con la destrucción y la muerte; ya el público del teatro pide cerrar el telón y que la obra llegue a su fin.
Los partes de guerra que asoman todos los días una cifra cercana a los 50 muertos en nuestro país, ya han pasado de mano en mano. Al inicio eran mostrados como un trofeo de guerra por los facinerosos como parte de un estímulo para las guarimbas.
Hoy, el parte de guerra es leído por el ministro del Poder Popular del Interior, Justicia y Paz, mayor general Néstor Luis Reverol, y nos aterra y nos entristece. Sólo que ya comienza a sentirse entre los venezolanos la expresión de ¡Ya basta!
La situación se ha tornado violenta, como por ejemplo los hechos que han sacudido el Táchira, con ataques incluso a instalaciones militares. Todo ello exige del Gobierno del presidente Nicolás Maduro, repuestas  más contundentes. Los escenarios, como ya se conocen, han sido montados a fuerza de dinero a través de un batallón de supuestos “comunicadores”, “fotógrafos” o “periodistas” mercenarios, quienes venden sus productos al mejor postor en el exterior.
Las tarifas son colocadas como parte de una estrategia de guerra, aupada desde Miami, Bogotá y Madrid o por la OEA desde Washington, con el devaluado Luis Almagro, director de una ópera bufa.
Hasta policías y guardias nacionales cometen fechorías y posan supuestamente para los videos que son vendidos al mejor postor, para satisfacer los deseos de los amantes de la guerra y satisfacer el ego de  consumidores de la violencia, entre quienes se cuentan venezolanos “autoexpatriados”, quienes despiertan todos los días ansiosos para ver nuestro país en llamas.
Algunos asesores del Pentágono y del Departamento de Estado norteamericano ya comienzan a darse cuenta del fraude de los líderes de la oposición y los comienzan a apartar hacia un lado. La defecada oposición venezolana ya no soporta sus propios excrementos y por eso destruyen todo lo que consiguen a su paso…¡Ya basta!
¡Amanecerá y veremos!
(Marco Tulio Arellano)