Durante décadas, Venezuela fue el destino de los inmigrantes europeos en la postguerra. Éramos un destino preciado, que permitió alimentar nuestra cultura y economía. Llegaron con “una mano adelante y otra atrás”. En Venezuela hallaron apoyo. En la segunda mitad del siglo 20 nacieron centenares de negocios impulsados por estos inmigrantes, especialmente de Italia, Portugal, España y Alemania.

Este fenómeno se invirtió con la llegada del siglo 21, cuando un proyecto político de corte socialista fomentó uno de los procesos migratorios venezolanos más grandes de su historia, que podemos denominar “la diáspora venezolana”. Las estadísticas apuntan hacia dos millones de venezolanos que se han marchado en busca de un lugar mejor para prosperar.

Los países de preferencia para los nuevos inmigrantes venezolanos son: Estados Unidos, España, Colombia, Panamá, Argentina y Perú. Pero también escogen Chile, Brasil, Ecuador, República Dominicana, Francia o Australia. Pareciera que cualquier país es mejor que el nuestro.

Muchos de estos países reciben anualmente más de 2 mil solicitudes de residencia. Estados Unidos procesó el año 2016 cerca de 18 mil solicitudes para asilo político. Después de este país y de España, la vecina Colombia es la nación con mayor cantidad de venezolanos llegados en los últimos dos años. Actualmente existe un elevado número de inmigrantes que se mantiene con estatus ilegal en estos países.

En esta diáspora no hay distinciones de clases sociales ni religiones. Se han marchado médicos, ingenieros, licenciados, comerciantes y empresarios, así como taxistas,  obreros y los que comúnmente son llamados en Venezuela como “toderos”. También se han ido católicos, evangélicos y ateos. No se van buscando a Dios, sino un mejor modo de vida.

Uno de los estudios realizados por la consultora nacional Datanálisis señala que al menos 25 % de los consultados en Venezuela aseguró tener un familiar o un amigo que ha emigrado del país, mientras otro 9 % tiene planeado partir en un futuro cercano.

Las razones expuestas por los inmigrantes son la inseguridad, el alto costo de la vida y la falta de oportunidades laborales. Un alto porcentaje de quienes emigran tienen entre 25 y 40 años de edad.

Algunos países han comenzado a poner restricciones al ingreso de venezolanos, debido a que todos nos hemos convertido en sospechosos de quedarnos a vivir ilegalmente, lo cual está generando un problema social.

La gran pregunta que surge de este drama social es cuál será el desenlace de esta historia venezolana del siglo 21. La novela “La Diáspora”, de mi autoría, refleja esta realidad nacional. (Dony Pernía Atencio) / donypernia@gmail.com/ Twitter @donypernia)