Es importante que la reorganización y el planteamiento político de la MUD se sientan con fuerza en el ánimo transformador de la República. Corresponde, sin duda, a  los partidos y movimientos que la integran esa tarea vital que mueve las conciencias y agiganta el impacto que los sustenta. El país que se cae a pedazos, destruido asombrosamente en 18 años de seudorrevolución, principalmente en lo moral, ético, institucional y productivo, recibirá como un bálsamo ese conjunto de ideas y acciones ordenadas a buscar un camino para la reconstrucción de la nación. Sendero que debe ser muy amplio para que la genuina voluntad del pueblo se exprese con comodidad.

La elección de gobernadores y alcaldes es un tópico que atormenta y desconcierta al régimen comunista y es el punto neurálgico donde la alternativa democrática debe poner su esfuerzo, destinado a iniciar un cambio sustancial en la estructura política y organizativa del Estado. Transformar el cuadro actual de las gobernaciones iniciaría el despeje efectivo hacia una nueva correlación de fuerzas encaminadas a fortalecer la lucha por la Presidencia de la República.

Tratando de evitar esto, el Gobierno de facto se niega dictatorialmente a convocar elecciones, aumentando la represión, las detenciones de políticos, aun violentando la inmunidad parlamentaria, y todo tipo de abusos institucionales que lo conducen abiertamente a la tiranía. La Constitución, convertida abiertamente en un despojo del militarismo reinante, define claramente las características del desgobierno que tenemos. Una nota de fondo, que tiene que ver con la conquista de las gobernaciones por la alternativa opositora, se refiere a la importancia de este asunto en lo que atañe al logro de un genuino sistema federal para el país, ya que el chavismo-madurismo, con su tendencia regresiva y ultraconservadora centralizadora, ha pulverizado el principio federalista que define a la Constitución actual.

En algún momento, reconquistada la democracia, se tendrá que abordar de una manera consistente y definitiva este tema fundamental, señalado así desde nuestra primera Carta de 1811, y es siempre pospuesto por diversas razones, que no es el caso analizar aquí. Ahora las prioridades son enfrentar las realidades de una dictadura de vuelta a un militarismo, personalismo y autoritarismo totalitario, anacrónico, completamente desfasado de la contemporaneidad latinoamericana, que hace estragos en una nación que ha perdido su democracia. La incapacidad y la indolencia tortuosa del sistema hacen más pesada la tragedia de Venezuela.

En espera de un milagro político imposible que le devuelva sus recursos electorales en su militancia, el Gobierno secuestra las elecciones, impidiendo las de gobernadores y alcaldes. Mientras tanto, las penalidades y sufrimientos de un pueblo alimentan un clima sofocante de altísimo riesgo. Agotado y sin aliento, carente de iniciativa, se aferra desesperadamente al poder. El país enfermo -“expaís”- exige soluciones perentorias urgentes: alimentos, medicinas, seguridad, elecciones y respeto al ciudadano.

El derecho constitucional de elegir se convierte en una exigencia principal y fundamental, como alternativa democrática del derecho y la paz de la República. La soberanía popular demanda y plantea la elección de gobernadores y alcaldes, en conformidad muy específica con los artículos 159, 160, 168 y 174 de la Constitución. (Julián Castro Contreras)