El término “nativos digitales” fue acuñado por Marc Prensky (2010) para describir las evidentes diferencias que existen entre la generación actual de niños y jóvenes, nacida y criada con la tecnología, a los que denomina “nativos digitales”, y las generaciones anteriores, las cuales adoptaron la tecnología más tarde, a las que conceptúa como “inmigrantes digitales”. El investigador norteamericano asienta sus tesis en estudios que señalan a esta generación de nativos como seres cuyas vidas transcurren ligadas, de manera inseparable, con las tecnologías a través de los mensajes instantáneos de texto, voz o video, el teléfono celular, Internet, el correo electrónico y los videojuegos, a quienes, además, les resulta incomprensible la vida sin ellos. Algo similar anunció Rocío Rueda (2004), al titular su libro, a partir de la expresión de una maestra: “Ellos vienen con el chip incorporado”.

Pero, hay algo más. Tanto Prensky como otros investigadores establecen que los llamados nativos digitales, a diferencia de los inmigrantes -adultos y docentes-, procesan la información y piensan de manera significativamente diferente a estos. Esta circunstancia, bienvenida en términos generales, ha introducido en la institución escolar y el sistema educativo en general un serio conflicto, representado básicamente por la distancia, la diferencia de los elementos y procesos cognoscitivos y de pensamiento de los discentes y aquellos desde los cuales pretenden enseñar los docentes y la escuela. Es esta brecha digital, a juicio de los estudiosos, cada uno desde su punto de vista, la que está provocando las mayores dificultades en el trabajo de aprender mediante las labores cotidianas del aula, por cuanto se trata de dos “lenguas” incomprensibles por unos y otros, que conspiran contra la posibilidad de comunicarse y trabajar sobre propósitos conjuntos mediante labores compartidas.

Los nativos digitales son seres tocados por la inmediatez, las altas velocidades, por lo que quieren información ágil, inmediata y resultados a corto plazo, lo cual choca evidentemente con la noción de “administración de saberes” de nuestro modelo escolar. Además, tienen a su favor la atención múltiple, por lo que pueden atender varias tareas al tiempo, sin que eso conlleve la distracción, la desatención, como lo estima la escuela transmisiva. Igualmente, quieren tener la certeza del progreso, del avance en el aprendizaje en la propia realización del trabajo, razón por la cual detestan los exámenes o evaluaciones por lapso. Disfrutan mucho del trabajo en red y como tienen la lógica del hipertexto, pretenden hurgar en diversos enlaces para ver hasta dónde los llevan y qué información pueden extraer, lo cual contradice la dirección del docente. Igualmente, se interesan mucho más por las labores lúdicas, entretenidas y rehúyen el aprendizaje paso a paso y en orden, del modelo transmisivo, lo cual choca de frente con la supuesta seriedad y rigurosidad de las rutinas escolares.

De manera que no se trata de casos aislados o de seres hiperactivos, con déficit de atención u otro tipo de patologías. Por el contrario, son niños y jóvenes que tienen un enorme potencial expresado en nuevas formas y procesos de aprendizaje y conocimiento, que reclaman igualmente nuevas modalidades y procedimientos de enseñanza no transmisiva centrada en el acompañamiento y el trabajo cooperativo.

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(Gustavo Villamizar D.)