Es muy difícil que la palabra “nuevo” pueda asociarse con el señor Maduro. Los recientes “cambios” en el “gabinete” así lo confirman, por enésima vez. No sólo se trata, en principio, de más de lo mismo. Se trata de peor de lo mismo. Quizá uno de los peores “gabinetes” en el siglo XXI, lo que ya es mucho decir.

Lo que suscita más interés es el nombramiento oficial de Tareck El Aissami como vicepresidente con derecho a sucesión. Digo oficial, porque de hecho ya se desempeñaba como tal. ¿Diosdado Cabello se quedó esperando el cargo? No lo sabemos, pero sí sabemos que este personaje sabe esperar…

Hay una serie en enroques y reincorporaciones, como son los casos de Elías Jaua, Carmen Meléndez, Erika Farías o Aristóbulo Istúriz, entre otros, que no dan mucho qué comentar. Por variadas funciones han pasado sin pena ni gloria, aunque desde los propios ámbitos oficialistas se hayan producido críticas y denuncias.

El que Adán Chávez sea designado ministro de Cultura parece un mal chiste, aunque podrá alegar que su hermano ya lo había nombrado ministro de Educación. Algunos diputados salen de la Asamblea para el «gabinete». Unos conocidos por conductas públicas matoneras y otros simplemente desconocidos.

Insisto en colocar la palabra «gabinete» entre comillas, porque la hegemonía roja no es un gobierno político-administrativo en los términos establecidos en la Constitución, y por lo tanto con la necesidad de contar con un Consejo de Ministros, como ápice de la dirección colectiva de las políticas públicas. Nada de eso existe en la hegemonía roja.

Lo que hay es un poder concentrado, al margen de cualquier limitación normativa real, que es dispuesto por patronos cubanos, en unos aspectos, y en el económico, por unos «expertos» españoles de izquierda borbónica –que ni olvida ni aprende– que juegan con la economía venezolana como una especie de laboratorio para sus elucubraciones. Ni unos ni otros aparecen en los «gabinetes». Ya sería como mucho.

Pero mandan sobre los «gabinetes formales». Por esa razón, entre otras, es que los llamados elencos ministeriales no valen mucho, aunque algunos de sus miembros se esmeren por enriquecer sus respectivos patrimonios. En todo caso, sí parece que el «madurismo» estuviera cerrando filas ante sus adversarios internos. Desde la disidencia chavista se afirma que el elenco será más autoritario y mafioso. Ellos sabrán por qué lo afirman. Pero de «elenco nuevo». Nada de nada. Al contrario. (Fernando Luis Egaña) /

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