Replantear la estrategia

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La sociedad democrática soportó a lo largo del año 2016, recién finalizado, toda la perversa conducta autoritaria y mafiosa que caracteriza al régimen castro-chavista.

La derrota electoral propinada a la camarilla roja en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2016, y la posterior instalación de la nueva Asamblea Nacional el 5 de enero del año anterior, obligaron a la cúpula gobernante a quitarse la careta, y a impulsar una creciente ola represiva, y  la más burda manipulación institucional que la modernidad pueda haber conocido en el hemisferio occidental para desconocer la legitimidad del parlamento, e impulsar un conjunto de políticas absurdas, en abierta contradicción con las normas vigentes en la Constitución de la República. No hubo disimulo alguno a la hora de anunciar la decisión de impedir el referéndum revocatorio. Los fraudes y manipulaciones a los que recurrieron para finalmente dar el zarpazo a la decisión ciudadana, de convocar el referéndum presidencial,  son dignos de registrarse como el monumento más elocuente de la desvergüenza y a la indecencia de una clase política, si es que se le puede calificar como tal, que decidió cargarse la democracia “participativa y protagónica”,  y dar luz verde a “la dictadura del siglo XXI”.

Instalada la dictadura, y asignada al “partido militar” la misión de garantizar la estabilidad del régimen, mediante la gran “misión abastecimiento seguro”, y ahora con el “comando antigolpe”, la ciudadanía no ha dejado de sufrir las consecuencias de tan nefasta decisión. El régimen resulta eficiente en violentar la Constitución y los derechos humanos del pueblo, pero es tremendamente incapaz de afrontar la crisis y de mostrar alguna racionalidad a la hora de tomar decisiones que puedan aliviar la pesada carga de pobreza, desabastecimiento y violencia que afecta a las grandes mayorías nacionales.

Si bien el triunfo parlamentario ha desquiciado al gobierno, y lo ha llevado a la dictadura; a la oposición democrática igualmente el resultado favorable de dicha consulta electoral le ha producido un efecto disolvente y paralizante.

El conjunto de errores cometidos en los predios de las organizaciones políticas que hacemos vida en la Mesa de la Unidad Democrática, nos hace comenzar este año con una coalición debilitada por los errores estratégicos en la forma de afrontar el creciente clamor popular de cambiar el gobierno. La debilidad hoy de la MUD, tiene su fundamento en las pequeñeces que varios actores políticos han puesto de manifiesto, al poner su empeño, no en impulsar realmente el cambio, sino en promover su proyecto personal y partidista, en franca y abierta contradicción con otros actores y partidos, todo lo cual nos ha colocado a las puertas de una peligrosa división de las fuerzas democráticas, y a una desilusión de importantes sectores sociales que se sienten decepcionados o traicionados por la dirigencia  de la alternativa democrática.

La puja en el seno de la oposición no ha cesado desde el mismo momento de la elección parlamentaria. Se puso de manifiesto en la conformación de la directiva parlamentaria, en la definición de la estrategia parlamentaria y política para impulsar el cambio, hasta el punto en que hubo un momento en los que se anunció el trámite de todos los mecanismos constitucionales para producir la elección de un nuevo gobierno, con lo cual en la práctica no se estaba asumiendo ninguno, hasta que todos asumimos el camino del referéndum revocatorio, ya entrado el mes de abril. Asistimos a dicho trámite sin detenernos a meditar y a prevenir todas las maldades que la camarilla roja impulsaría, como efectivamente lo hizo. Ese mismo trabajo fue un evento de competencias y rivalidades, que le permitieron al gobierno contaminarlo y usar sus maldades para desacreditarlo e invalidarlo. Luego ante el hurto del revocatorio, se complicó aún más la falta de entendimiento. Se lograron grandes movilizaciones populares. Se le hizo creer a un segmento importante de la población que el fin del gobierno estaba próximo.

La instalación de la mesa de diálogo ha terminado por implosionar la confianza y la solidez de la alianza. La perversa conducta del gobierno, y los errores en el manejo del mismo por parte de la oposición, han afectado aún más tanto la confianza en la mesa, como la unidad de la misma.

Al inicio de este 2017,  estamos todos peor que al inicio del 2016. El país está peor, más arruinado, más desesperanzado, más postrado. El gobierno está peor, más abusivo, más autoritario, más mentiroso y manipulador, pero también más ineficiente y corrompido. Pero está ahí, en ejercicio del poder. La oposición está debilitada, fraccionada y sin rumbo claro. Este cuadro es tremendamente grave y preocupante.

Estamos obligados desde todos los sectores democráticos a revisar la situación. A examinar con humildad los errores. A poner por encima de los egos y de los proyectos personales y partidarios el superior interés de Venezuela y de su pueblo. A actuar con desprendimiento. Unidos nos cuesta mucho enfrentar  una dictadura, que no tiene escrúpulo alguno a la hora de buscar su perpetuación en el poder. Divididos es aún mucho más difícil ofrecer un camino de cambio y esperanza para nuestro pueblo.

Es menester prepararnos para un cambio de estrategia. Debemos trabajar en acercar los puntos de vista divergentes que hoy se tienen. Es vital articular una sola estrategia. Para lograrlo es menester tener voluntad de oír y de acordar. El país reclama a gritos ese entendimiento, y es menester trabajar en su construcción. El nuevo año 2017 debe llevarnos a superar el cuadro desalentador con el cual cerramos el 2016. (César Pérez Vivas)