Segar sí, cegar no

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Entre dislates idiomáticos y tropelías en las redes impuestos por la improvisación y carencia educativa gramatical primaria, hoy hasta en los portales digitales y noticiarios audiovisuales se confunden los vocablos “cegar” y “segar” en su auténtica concepción y significado. Ambas palabras tienen raíz latina, son verbos transitivos. También se escriben parecidos, aunque tienen seseo diferente, es decir las fonéticas ce y ese, son distintas. A los efectos lingüísticos, en sus definiciones son homónimas en algunos países. Es decir, parecidas o análogas. Pero en otras naciones se consideran parónimas por ser voces con relación o semejanza entre sí. También por su etimología o solamente por su forma o sonido. Sin embargo, es gravísimo error trastrocar su significación, como suele ocurrir en ciertas publicaciones. Sobre todo, en torpes distorsiones en Facebook, Twitter o Instagram. Las definiciones de las dos frases son concisas en el DRAE: Cegar: del latín cegare secare, cortar, significa: cortar mieses o hierba con la hoz, la guadaña o cualquier máquina a propósito cortar de cualquier manera, y especialmente lo que sobresale o está más alto, la cabeza, el cuello o, en sentido figurado, cortar, interrumpir algo de forma violenta y brusca. En cambio Segar, igualmente transitivo, del latín caecare, es perder enteramente la vista o quitar la vista. Asimismo, se emplea en forma figurada para turbar la razón, ofuscar el entendimiento o cerrar, macizar alguna cosa que antes estaba hueca o abierta; como una puerta, un  pozo, una cañería, entre otras acepciones. Por ejemplo, para explicar cuántas vidas causó una tragedia, debe emplearse el verbo correcto: segar. Nunca, cegar.
(Germán Carías Sisco)
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