Más allá de los intereses legítimos de quienes representan la diversidad de la nación está, sin duda, la evolución de los acontecimientos que dieron origen y legitimidad a la actual Constitución, vigente desde 1999.
El presidente muerto pretendió con una constituyente convocada bajo el ambiente de indudable popularidad que disfrutaba, concretar las tareas calculadas en los planes del frustrado golpe de Estado de 1992. Recordemos que en los documentos del MBR200 se pretendían objetivos político-militares  de gran envergadura, como el apresamiento y enjuiciamiento extraordinario de los principales representantes del status quo, la cacería contra Carlos Andrés Pérez, recién llegado de Davos,  presagiaba un final que comprometía la vida del mandatario.
El clima predominante en la Constituyente del 99, caracterizado por el despliegue de una épica democrática y social, en maridaje con los propósitos autoritarios del sector militar,  produjo ese documento que ha pasado por las manos de la mayoría de venezolanos, de difícil asimilación para  espíritus ecuánimes; la dura realidad impuesta por un gobierno de vocación autoritaria y totalitaria ha obligado a los sectores democráticos a reconocer que en dicho texto están presentes valores fundamentales para garantizar derechos esenciales a los ciudadanos: el derecho a la vida, a la libertad de expresión, a la propiedad, a la participación política y a la organización, a la salud, a la educación, a la defensa del ambiente  y un largo etc.
Sin embargo, en la Constitución están colocados, cual terreno dinamitado una serie de dispositivos que hacen del presidencialismo y del militarismo, un estorbo al desarrollo de una auténtica democracia, la sobredimensión y articulación exagerada de los llamados 5 poderes hacen del objetivo de su separación una ficción, lo que ha sido corroborado en los últimos días, cuando los venezolanos sufrimos las consecuencias de un artero y perverso entramado de los poderes públicos, en desmedro de la idea republicana y de la democracia. Recordemos el año 2007, cuando el presidente muerto elabora un paquete de leyes para concretar sus planes dictatoriales, a eso le llamó ostentosamente “las leyes del poder comunal”, que no era otra cosa sino la imposición a la sociedad de un Estado totalitario y antidemocrático, igualito al que oprime y esclaviza al pueblo cubano.
A dicha propuesta de reforma constitucional, la sociedad democrática opositora y un sector del chavismo coincidimos y dijimos NO a tal despropósito; por primera vez toda la sociedad  nos unimos para rechazar la imposición totalitaria y con ello ratificamos la vigencia de la actual Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
Hoy nos encontramos opositores y un amplio sector del chavismo en la natural coincidencia de defender la democracia y eso pasa por la defensa de la Constitución frente a un lánguido y rechazado gobierno que con sedicente maña y con muy pocos reflejos trata de dar un salto hacia adelante y así arrastrar a toda Venezuela hacia el abismo y la oscuridad.
Al presidente, incapaz de gobernar a un país de tradición democrática como el nuestro, le salió el tiro por la culata, no ha podido reunir ni al 5 % de sus conmilitones, constituidos estos por altos funcionarios que se benefician de las arcas del Estado, políticos inescrupulosos que medran a la sombra del poder y grupos criminales que asesinan a nuestros jóvenes en las calles de Venezuela; el pueblo no mordió el peine impregnado de fetidez cubanoide y se une espontáneamente bajo la consigna de defensa de la Constitución y rechazo a ese llamado que sustituye al soberano por un solo elector y un solo elegido, Nicolás Maduro. Lleva tres semanas tratando de reunir incautos y los convocados de su bando miran para otro lado, ya el mundo se enteró de sus pretensiones y todos los sectores que componen la nación dejan huérfano al responsable de este desastre nacional que alcanza contornos humanitarios en materia alimentaria, en salud, en seguridad, en pérdida territorial, daños ambientales  y en derechos políticos.
Maduro quiere una Constitución a la cubana y Venezuela dice NO y sale a la calle a defender nuestra tradición republicana, democrática y libertaria.
(Jesús Martínez)
Docente (*)