Una voluntad recorre a la nación

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Es mucho más que un anhelo o una aspiración: es una determinación determinada, como sabía decir el inspirador principal del papa Francisco. Desde San Félix hasta San Cristóbal, desde Maracaibo hasta Carúpano, pasando, claro está por todas las regiones y sus ciudades, comenzando por Caracas, una voluntad recorre a todo el país: Venezuela quiere que Maduro se vaya…

No es un por un capricho o por un descontento puntual. No. Es porque Maduro y los suyos están terminando de convertir a Venezuela en un montón de escombros, y encima le siguen negando al pueblo su derecho a la democracia, es decir a expresarse en elecciones libres, justas y transparentes, para legitimar el cambio de fondo que se necesita con premura. Nada de lo cual, por cierto, tiene que ver con en esas “votaciones regionales” que, en hora undécima, Maduro alega que está ansioso de que sean convocadas.

Pero además, Maduro y lo suyos viven en una nebulosa completamente alejada de la realidad, tan incapaces de entender los horrores que padecen los venezolanos, que hasta despilfarran millones promoviendo exposiciones sobre lo que ellos llaman “la Venezuela potencia”. Un chiste cruel. Por ello, entre tantos otros motivos, es que gran parte de la población está enardecida, y no sienten temor de demostrarlo, incluso al propio Maduro y ante una amplia representación del estamento militar, tal y como ocurrió en San Félix. Los militares que presenciaron la reacción popular no deben ignorar lo ocurrido: las maldiciones proferidas no los apartaban…

De allí que Maduro y sus patronos castristas estén ordenando reprimir de forma despiadada a quienes con todo derecho protestan la ristra de desmanes que se perpetran desde las barricadas del poder. Mucho tardaron la mayoría de los sectores opositores en reconocer que la “revolución bolivarista” era una hegemonía despótica, depredadora y envilecida. Pero al fin lo reconocieron –con esas u otras expresiones similares– y lucen dispuestos a luchar en consecuencia. Y repito “la mayoría”, porque aún hay ciertos grupos de autocalificada oposición que claman por el diálogo y la negociación. Como se dice: piensa mal que pecarás pero acertarás.

Por otra parte, el panorama internacional, y en especial el latinoamericano, ha cambiado, quizá de manera irreversible, para la hegemonía de Maduro. De la aceptación entusiasta o cómplice, se ha pasado a una crítica cada vez más sonora. El socialista Luis Almagro, secretario general de la OEA, tiene mucho mérito al respecto. Ha sido como un colirio que ha despejado la vista a muchos gobiernos de la región.

Y por si todo esto fuera poco, ya no está el viejo Fidel recomendando u ordenando con tino qué hacer para garantizar el continuismo. A Maduro no lo quieren ni lo respetan una gran parte de los tradicionales partidarios del predecesor. Y el país opositor se está galvanizando a favor de su salida, de su renuncia, de la convocatoria de elecciones libres, de una nueva etapa en la vida venezolana. ¿Será una lucha dura? Sí lo será. Pero hay condiciones que ayudan a que esa lucha tenga éxito. Venezuela quiere que se vaya Maduro y lo que se le asemeje. Y lo quiere no para futuros sin calendarios, sino cuanto antes mejor.

No se puede seguir viviendo en una crisis humanitaria, ensangrentada por la violencia criminal y la represión del poder establecido. La voluntad que recorre a la nación tiene razón. Hay que fortalecerla para que triunfe. (Fernando Luis Egaña)

flegana@gmal.com