Venezuela dejó de ser República

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Aristóteles, en “La Política”, aseguraba que “no basta imaginar un gobierno perfecto; se necesita, sobre todo, un gobierno practicable”. En Venezuela, este gobierno ni es perfecto, ni se practica. Desde hace rato hay una absoluta ingobernabilidad. Antes, podíamos decir que la ausencia de gobierno se manifestaba en el pueblo, en la ciudadanía, pero es evidente que el mismo gobierno no puede en la práctica operar. Y ello es así, porque está única y exclusivamente dedicado a mantenerse férreamente en el poder, sin atender en lo más mínimo los requerimientos que están matando de hambre, zozobra y angustia a toda la población. Al colocar todos sus recursos y sus fuerzas, cuyos pertrechos se le van acabando, en ese propósito de mantenerse en Miraflores y Fuerte Tiuna, con el más profundo y mayoritario rechazo de los venezolanos, este gobierno realmente en la práctica ha acabado con el régimen político denominado “República”.

¿Qué es un régimen político?  Es la manera de ser política de un pueblo. Se trata del ordenamiento real de sus poderes constitucionales y sociales, que queda plasmada en la Carta Magna y sus leyes y el modo de aplicarlas o modificarlas.  En un régimen político existen una serie de condicionamientos en un conjunto de interacciones políticas, y se compone de valores, normas y estructuras de autoridad. Un régimen político da respuestas a las preguntas ¿Cuáles son las formas de lucha por el poder y cómo se llega a él? ¿Cómo se ejerce el poder? ¿Quién lo ejerce? ¿El poder lo tiene uno, un grupo, o todos?

Ahora bien, una República, como régimen político, se fundamenta primordialmente en el imperio de la ley y la igualdad ante ella. ¿Cuáles son las características de una auténtica República? Primero, la soberanía reside en el pueblo, que lo delega transitoriamente en sus representantes. En Venezuela, la soberanía popular hace rato fue arrebatada y ultrajada por los órganos del Poder Público, especialmente el Ejecutivo, el Judicial y el Electoral. Y lo han robado para hacer dictador a uno solo, quien lo ejerce de manera omnímoda, aferrándose a ese poder a costa de la violación de derechos humanos y hasta de asesinatos al pueblo soberano. De tal manera que la alternabilidad y el pluralismo, esencia de la Republica, son inexistentes. Segundo, el imperio de la ley es sagrado. Tanto la comunidad política, que ha legitimado a los poderes constituidos para producir las normas, como esos órganos de poder se someten estrictamente a la Constitución y la ley. Los ciudadanos en Venezuela han sido mancillados, porque los poderes han usado la norma, no sólo para tergiversarla intencionalmente, con el fin de perpetuarse en el poder, sino como un mecanismo para perseguir a los disidentes y a quienes no se someten a sus oscuros designios. Tercereo, en un régimen republicano no falta la separación de poderes. Ellos están distribuidos y limitados en sus competencias, pero todos actúan integradamente en función del bien común. Esto busca equilibrar y controlar el poder, evitando abusos por parte de quien lo detenta. En Venezuela el poder está concentrado y es ejercido sin limitación por un dictador, yo diría por un tirano, que da instrucciones de actuación a los otros poderes, de tal forma que representante de esos poderes sumisos que no obedezca es execrado, perseguido y encarcelado. Cuarto, los cargos tienen una periodicidad, porque como dijo Bolívar, nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder, porque el pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo. En Venezuela, el Poder Electoral se ha dedicado a impedir tanto el revocatorio presidencial como las elecciones periódicas, pretendiendo, junto con el TSJ, justificar el alargue indefinido del ejercicio de cargos.  Quinto, los funcionarios políticos que ejercen el poder tienen responsabilidad penal, administrativa y civil por los actos que atenten contra el ordenamiento jurídico y los derechos humanos. Es evidente que el Poder Ciudadano, o “Consejo Moral Republicano” ha mandado a la basura la moral que debe prevalecer en la función pública y ha sido cómplice de los mayores y deshonrosos actos de corrupción con los dineros petroleros más profusos que en la historia venezolana ha entrado a la Tesorería Nacional.

Finalmente, en una república, es una premisa la práctica del respeto y de la tolerancia hacia todas las ideas políticas. En Venezuela, los pocos que apoyan este gobierno, quienes han sembrado y practicado el odio, están recogiendo tempestades, porque hasta los venezolanos en el exterior no tienen ya miedo de reclamarle públicamente a los funcionaros diplomáticos y políticos que usufructúan bienes robados de las arcas nacionales su desvergüenza y su perversión.

Ya no somos ni república, ni mucho menos bolivariana (bien alejada de las ideas del Libertador), y si continúa este régimen con sus desmanes, ya no tendremos a Venezuela, porque quedará dominada por otro régimen forajido y ultrajante de los derechos humanos como es el cubano. (Isaac Villamizar) /

*Profesor de Postgrado de Derecho Constitucional