Timothy Piazza con sus padres en 2014. (Fotografía de Patrick Carns, via Associated Press)

La historia podría parecer el guión de una serie para la televisión, pero es real. Tan real como los cargos que el fiscal imputa a los 18 estudiantes detenidos por la muerte de un compañero de fraternidad en una noche de fiesta; reseña Playground.

Según el medio, el suceso ocurrió el pasado 2 de febrero. Aquella tarde, la fraternidad Beta Theta Pi en la Universidad Estatal de Pensilvania se preparaba para una de sus acostumbradas fiestas de iniciación, donde los estudiantes de primer año son sometidos a pruebas —y, a menudo, humillaciones— para demostrar que merecen ser parte de la hermandad.

Las crónicas de la noche hablan de ritos de paso consistentes fundamentalmente en castigarse el hígado bebiendo en diferentes “estaciones”. Primero, los novatos debían beber generosamente de una botella de vodka. En la siguiente estación debían hacer “shotgun” —hacer un agujero en el fondo de la lata de cerveza, abrir ligeramente la pestaña y te tragar el líquido de un trago, tan rápido como se pueda—. Luego tocaba beber vino de una especie de bota.

Tras varias estaciones, los estragos empezaban a ser visibles. A eso de las 10:40 de la noche, varios testigos recuerdan haber visto a uno de los no iniciados, Timothy Piazza, de 19 años, en un obvio estado de ebriedad, “tambaleándose por la casa, con la mirada perdida en el suelo”.

Uno de los miembros de la fraternidad le llevó hasta un sofá. Otros llegaron a levantarle. Luego fue visto dirigiéndose hacia las escaleras del sótano.

Parece que ahí sucedió el accidente. Porque sí, la muerte de Piazza fue accidental. El problema está en lo que pasó después de esa primera caída. O mejor dicho, en lo que no pasó después.

Lo que comenzó como una fiesta, acabó convertido en una cadena de negligencias, dejación y ocultación de pruebas. La fiscalía ha reconstruido lo sucedido gracias a grabaciones de cámaras de seguridad, a testimonios y a mensajes de texto intercambiados por algunos de los ahora imputados.

En uno de esos mensajes de grupo, enviado alrededor de la medianoche, uno de los miembros de la fraternidad escribe: “Añado que Tim Piazza podría ser un problema. Se ha caído desde cinco metros de altura cuando intentaba bajar las escaleras, de cabeza, va a necesitar ayuda”, sin embargo, la ayuda no llegó.

Según el pliego de cargos, tras el accidente, cuatro “hermanos” subieron a un Piazza semiinconsciente a la planta de arriba y le tumbaron en un sofá. Más tarde, algunos compañeros trataron de reanimarle echándole agua en la cara, sin éxito.

Piazza estaba inconsciente, no respondía. Su pecho estaba amoratado —suponemos que en algún momento había perdido la camiseta— y sus ojos cerrados, según los documentos de la investigación.

Los “hermanos” le dejaron allí, en aquel sofá, hasta que despertó… para volver a quedar inconsciente a los pocos minutos. Así varias veces.

En ese intervalo de tiempo, los vídeos muestran a Piazza tambaleándose por la casa, vomitando y cayéndose varias veces; en varias de esas caídas, se golpea la cabeza. También a miembros de la fraternidad tratando de ponerle en pie mientras sus extremidades colgaban flácidas, o intentando reanimarle a base de bofetadas e incluso de golpes en el abdomen.

En un momento dado, Piazza despierta y vomita. La respuesta de sus compañeros fue tumbarlo boca abajo y ponerle una mochila llena de libros a la espalda para evitar que pudiera girarse. Con esa medida trataban de evitar que Tim pudiera ahogarse en su propio vómito.

Al parecer, uno de los miembros recién iniciados reiteró que había que buscar ayuda médica para Piazza. Algunos de los veteranos se negaron asegurando que “todo está bajo control”.

Los miembros de la fraternidad no llamaron al servicio de emergencia hasta las 10:48 de la mañana siguiente. Más de doce horas después de su primer accidente. Habían encontrado a Piazza tirado semiinconsciente en el suelo del sótano, de espaldas, con la cara ensangrentada, y respirando con dificultad.

Al llegar al hospital, los médicos encontraron cuatro litros de “sangre oscura y vieja” acumulada en la cavidad abdominal de Piazza. Eso supone el 80% de la sangre que carga un cuerpo humano. El joven había sufrido un derrame interno a consecuencia de su caída. También tenía el bazo destrozado y mostraba síntomas neurológicos. Piazza murió dos días después.

El informe forense estableció que, además del derrame, había sufrido fractura en la base del cráneo y múltiples traumatismos cerebrales. A consecuencia de esos traumatismos, sus funciones cerebrales se habían visto comprometidas y había sufrido deficiencia respiratoria. Su muerte se podría haber evitado si hubiera sido atendido a tiempo.

Resultado: 18 miembros de Beta Theta Pi imputados por la muerte de Piazza, de 19 años.

Ocho de los estudiantes se enfrentan a cargos de asalto agravado, homicidio involuntario y ocultación de pruebas, lo que podría resultar en penas de cárcel. Los otros 10 tendrán que responder por cargos menores, entre ellos la comisión de novatadas —prohibidas por la Universidad— o el facilitar alcohol a menores. En total, la fraternidad y los estudiantes involucrados se enfrentan a más de 850 cargos.

“Los detalles de la investigación son desgarradores e incomprensibles”, el presidente de la Peen State, Eric Barron, en un comunicado difundido la semana pasada. “La pena que sentimos no puede compararse con el dolor devastador que la familia y los amigos de Timothy están experimentando”.