A 98 años de la muerte de José Gregorio Hernández, su devoción a él sigue intacta

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Servicio, generosidad, rectitud y fervor católico son algunos de los adjetivos que describen a quien es venerado en Venezuela como “el médico de los pobres”, el doctor José Gregorio Hernández, quien este 29 de junio cumple 98 años de fallecido.

Nacido el 26 de octubre de 1864 el seno de una familia humilde de Isnotú, estado Trujillo, José Gregorio Hernández es el mayor de seis hijos del matrimonio entre Benigno María Hernández Manzaneda y Josefa Antonia Cisneros Mansilla, de origen colombiano y canaria respectivamente, reseñó Globovisión.

Su infancia estuvo marcada por el fallecimiento de su madre con apenas ocho años de edad, así como por el deseo de su padre para que estudiara medicina en Caracas, a pesar de que Hernández deseaba ingresar a la Escuela de Derecho.

Por este motivo, a los trece años fue enviado a Caracas para que estudiara en el prestigioso Colegio Villegas, del que su director Guillermo Tell Villegas manifestó que Hernández “era poco dado a jugar con sus compañeros y prefería pasar el tiempo libre en compañía de libros”.

Al ingresar a la Universidad Central de Venezuela, para estudiar Medicina, tuvo que hacer frente a la situación económica familiar, por lo que dio clases y hasta aprendió a coser sus propios trajes.

En 1988 se graduó como doctor en Medicina, pero también llegó a dominar el inglés, francés, portugués, alemán e italiano y latín, teniendo además conocimientos en hebreo; era filósofo, músico y teólogo.

Logros del médico de los pobres

José Gregorio Hernández no solo obtuvo méritos académicos, sino también científicos y sociales, llegando a ser uno de los personajes más conocido y respetado por los venezolanos.

Luego de graduarse regresó a Isnotú para “estar con los suyos”. En una carta al para entonces rector de la UCV, Santos Dominici, le informa sobre el progreso de sus tratamientos:

  • “Mis enfermos todos se me han puestos buenos, aunque es tan difícil curar a la gente de aquí, porque hay que luchar con las preocupaciones, que tienen arraigadas: creen en los remedios que se hacen diciendo palabras misteriosas: en suma; La clínica es muy pobre: todo el mundo padece de disentería y de asma, quedando uno que otro enfermo con tuberculosis o reumatismo. La botica es pésima”.
  • El doctor Hernández fue recomendado por el presidente Juan Pablo Rojas Paúl para profundizar sus conocimientos médicos en París, Francia, con el fin de regresar y modernizar la medicina en Venezuela. Luego, se muda a Berlín (Alemania) para estudiar bacteriología, histología y anatomía patológica.
  • Al culminar sus estudios, regresa al país cargado de conocimientos y equipos de última generación para la época. De hecho, es reconocido como la persona que trajo por primera vez un microscopio a Venezuela.
  • Fue profesor fundador de las cátedras de Histología Normal y Patológica, Fisiología Experimental y Bacteriología, de Fisiología Experimental, así como de Bacteriología de la Universidad Central de Venezuela (la primera en toda latinoamérica).
  • Instaló el primer laboratorio de Fisiología Experimental de Caracas y fundó la Escuela de Medicina Oficial. Además, fue miembro creador de la Academia Nacional de la Medicina y escritor de 13 ensayos científicos.
  • Es considerado el fundador de la Bacteriología en Venezuela, fundando las primeras cátedras docentes científicas y presentando su tesis “La doctrina de Laennec y La Fiebre Tifoidea en Caracas”.

Al servicio del Señor

El doctor José Gregorio Hernández no solo era un destacado médico, sino un fervoroso cristiano católico que interrumpió en dos ocasiones su carrera para intentar tomar los votos monacales.

En 1909 ingresó al Monasterio de Cartuja (Italia), en donde tomó el nombre de Fray Marcelo. Sin embargo, nueve meses después, una enfermedad lo obligó a regresar a Venezuela para su recuperación.

Tras pasar apenas un mes de su llegada al país, Hernández recibió un permiso para ingresar al Seminario Santa Rosa de Lima (actual Universidad Católica Santa Rosa), pero lo abandonó para viajar a Roma y estudiar en el Pontificio Colegio Pio Latino Americano con el fin de ingresar a un monasterio.

Nuevamente, una enfermedad pulmonar lo obliga a regresar a Venezuela, pero no se da por vencido y decide formar parte de la Orden Franciscana Seglar de Venezuela, en donde es recibido.

Camino a los altares

Luego de cumplir su sueño de ser médico y religioso al servicio de los más necesitados, el doctor José Gregorio Hernández sufrió un accidente de tránsito en la parroquia La Pastora de Caracas.

En la esquina de Amadores apareció uno de los poquísimos vehículos que existían en el país, arrollando al Doctor y provocándole un fuerte golpe contra el borde de la acera.

El parte ofrecido en el Hospital Vargas determinó que un “traumatismo de cráneo en región parietal izquierda con fatal irradiación hacia la base” acabó con la vida del médico más respetado del país.

Los oficios religiosos fueron encabezados por el arzobispo de Caracas, para luego ser llevado en hombros por los habitantes de la capital hacia el Cementerio General del Sur.

“No fue el duelo vulgar por la pérdida del ciudadano útil y eminente, sino un sentimiento más hondo, más noble, algo que brotaba en generosos raudales de lo más puro de la sustancia humana; un sentimiento que enfervorizaba y levantaba las almas”, escribió Rómulo Gallegos con motivo del trágico incidente.

Luego de décadas de admiración, la Iglesia Católica abrió en 1949 el proceso de beatificación y canonización del Doctor, siendo declarado como Venerable en 1986 por el papa Juan Pablo II.

Aunque el proceso ha permanecido detenido, o en muy lento avance, el papa Francisco manifestó su interés por hacer que la causa del ‘médico de los pobres’ avance y pueda ser canonizado.

Para este fin, la Arquidiócesis de Caracas pide que los fieles recen por José Gregorio Hernández, apoyar a la oficina de la causa y las diligencias de los favores atribuidos a su intensión, así como a informar sobre los favores recibidos por su intercesión de forma escrita.