Una década sin Pavarotti | Su legado continúa

198
Pavarotti

Si algo es difícil en el mundo del arte es alcanzar la inmortalidad.

En el mundo de la Ópera es muchísimo decir que algún cantante haya de ser inmortal, que llegue a ser inolvidable. Sin embargo, pocos de ellos así lo son.

Hoy, hace 10 años, muere uno de los más grandes cantantes líricos de la segunda mitad del siglo XX y no queda duda de que a pesar de su retiro existencial, él se encuentra todavía entre nosotros. Así es, Luciano Pavarotti, quien falleció el 6 de septiembre de 2007, dejó su huella imborrable para los amantes del canto lírico y, para los no tan amantes también, algo inusual. He allí su importancia, su trascendencia.

Mucho podría hablarse en relación con los aspectos musicales y técnicos de su voz, incluyendo sus desaciertos tanto en los escenarios como en el manejo de su imagen artística, pero resalta el hecho de que su figura logró acercar y conectar a verdaderas multitudes al mundo de la Ópera.

Su descomunal humanidad, su hermoso timbre de voz y su risa que emocionadamente mostraba cada vez que finalizaba cada aria que cantaba brillantemente, lo convirtieron en un artista conmovedor. Ya la ópera es de por sí el género musical que mayor poder de penetración tiene, porque es canto, teatro y música a la vez, y Pavarotti explotó al máximo ese poder. Supo proyectarse como el icono del mundo lírico moderno. Así quedó demostrado en los records de audiencia y ventas que tuvieron los conciertos denominados “Los tres tenores”, que protagonizó junto con sus colegas Plácido Domingo y José Carreras, los cuales quedaron registrados como los más exitosos eventos operísticos jamás producidos.

Dicho lo anterior, cabe resaltar que su maravillosa carrera artística está llena de registros operísticos realmente extraordinarios. Destacan sus grabaciones interpretando los roles de Rodolfo en La Boheme de Giacomo Puccini, probablemente el mejor Rodolfo de quien se tenga noticias desde 1970 hasta nuestros días, su Nemorino en la ópera L’Elixir D’Amor de Gaetano Donizetti, los roles de Ricardo, Ernani y Manrico en las óperas Baile de Máscaras, Ernani y El Trovador, respectivamente, de Giuseppe Verdi, Enzo en La Gioconda de Amilcare Ponchielli, por solo citar algunos.

Fue estrella principa en los grandes coliseos del mundo, tales como el Teatro Alla Scala en Milán, el Royal Opera House en Londres, el Metropolitan Opera House en New York, en la famosa Arena de Verona, donde compartió roles con grandes cantantes del firmamento operístico.