San Cristóbal, 13 de mayo de 2017 Fiesta de Nuestra Señora de Fatima.

Queridos hermanos sacerdotes,

Hace un tiempo dirigí una carta pública al Alcalde de San Cristóbal, preso político del “gobierno”. Ahora, después de dos reuniones de nuestro presbiterio para dialogar sobre la grave situación que vive la Nación (y en la espera del documento anunciado), quiero dirigirme a ustedes, hermanos sacerdotes de la Iglesia Tachirense.

Teniendo en consideración el abatimiento del tiempo, impuesto por el desenlace de los acontecimientos, sólo me limitaré a compartir con ustedes tres ideas específicas.

1ro. Definir qué COSA es lo que está “gobernando” nuestra Nación.
2do. Con qué tipo de PLAN deberíamos actuar los sacerdotes junto al pueblo al cual servimos;
y 3ro. Sobre la urgente necesidad -en el decir del papa Francisco- de INVOLUCRARNOS en esta lucha en la que no podemos limitarnos a ser sólo espectadores.

PRIMERO. Saber cómo proceder bien exige definir y conocer la cosa que tenemos como “gobierno”. El médico no puede tratar el cáncer como trata una verruga, ni a una verruga como trata un cáncer. Necesario conocer y desenmascarar el “gobierno” que tenemos ya que el pueblo, al verse engañado e indignado porque se han violentado sistemáticamente las legales y legítimas esperanzas de cambio, ha decidido enfrentarlo ahora desde la resistencia y la desobediencia civil no violenta avaladas por la Constitución Nacional. ¿Qué cosa, pues, tenemos como “gobierno”? Los hechos nos muestran que no tenemos una cosa sana. El hedor y la fetidez de la putrefacción del régimen tiene connotaciones galácticas. Tenemos un HIBRIDO de todo lo peor que pueda tener una sociedad. En efecto, este “gobierno” es una mezcla de una pandilla de BANDIDOS y DELINCUENTES que asaltó el poder del Estado para hacer el más grande saqueo del país, con una chusma de OPORTUNISTAS adoctrinados y embebidos del COMUNISMO más rancio, hibrido que fue atornillado en el poder como TITERES al servicio de una fuerza de OCUPACIÓN EXTRANJERA. Este hibrido de maldad es lo que “gobierna” nuestra Nación y la CAUSA de las plagas que hoy azotan nuestra Patria. Debemos tener claro que la lucha no es pueblo contra pueblo, sino pueblo contra bandidos, tiranos e invasores. Es la lucha de David contra Goliat (1Sam 17); es la lucha de un pueblo -nuestro Pueblo- con vocación de libertad contra el Leviatán (Is 27, 1; Sal 74, 14) y la Bestia (Ap 13 11-17 ). No hay término medio valido para elegir.

SEGUNDO. Actuar ante esta cosa con un plan de contingencia (PLAN B), es decir, prepararnos para atender nuevas víctimas de esta cosa que nos “gobierna”, puede ser un plan previsor…; pero si este plan de contingencia lo colocamos como PLAN A, indiscutiblemente es un triste y desolador plan porque desde ahora nos resignamos a aceptar que siga el desfile de víctimas de este Leviatán que nos oprime y nos explota. Es imperativo moral atacar la CAUSA (Plan A) para no lidiar posteriormente con sus CONSECUENCIAS (Plan B). Un Plan A mira también la liberación de los que están bajo el hechizo, -por necesidad o conveniencia-, de este “gobierno” pervertido, perverso y pervertidor que a unos cosifica y usa y a otros oprime y tiraniza. Salvo las oraciones hechas con el pueblo en favor de una pronta liberación, no veo que esté claro en nosotros un PLAN COMUN Tipo A, es decir, un plan de acompañamiento como pastores del pueblo en la lucha que el pueblo está dando por restaurar valores y principios como la libertad, la democracia y la soberanía nacional, y devolver la sana vista a los pocos que aún pueden seguir enceguecidos por la Bestia. Es necesario concretar un PLAN A que desde nuestra identidad de SACERDOTES y de PATRIOTAS asegure el triunfo de la DEMOCRACIA ante la dictadura, de la LIBERTAD ante la tiranía, de la SOBERANÍA ante la ocupación extranjera. El feliz desenlace de un PLAN A ahorraría víctimas a la Nación y ahorraría tanto a la Iglesia como a toda Venezuela un humillante plan de contingencia. Dios quiera que con lo suficientemente ya dialogado entre nosotros, pasemos a concretar un mínimo de ACCIONES PASTORALES COMUNES como presbiterio en favor de un PLAN A. Esto es urgente. Mañana puede ser tarde.

TERCERO. Y en favor de un apremiante PLAN A, está el imperativo de la teología pastoral de INVOLUCRARNOS (segundo paso de la metodología pastoral del papa Francisco en la Evangelii Gaudium, n. 24) sin perder de vista que somos SACERDOTES. Sí, involucrarnos para sostener y animar a un pueblo -nuestro Pueblo- que busca recuperar la libertad y la democracia, y a una nación -nuestra Nación- que busca restaurar su soberanía.

Creo que es necesario que nosotros sacerdotes hagamos presencia en los distintos lugares de lucha de nuestro pueblo y junto a nuestro pueblo, al igual que debe hacer presencia un capellán militar junto a sus soldados cuando estos se enfrentan a una fuerza extranjera. No tengamos miedo en ir y hacer una oración con el pueblo y sobre el pueblo, y no sólo orar encapillados, más aún si somos “sacerdotes diocesanos”. Nuestro pueblo no nos pide que le demos una arenga política, pero si espera y valora grandemente la presencia de sus pastores. Y quisiera darles mi testimonio, ya que en varias oportunidades -y con la anuencia de mi Obispo- me he acercado (otras veces me han invitado)…, voy, rezo, les leo un pasaje de la Sagrada Escritura (Efesios 6, 10ss es una de ellas), les doy una palabra desde la fe y les doy la bendición, como recientemente lo hice en la vigilia de los estudiantes en el atrio de la Basílica de Táriba. Son cosas que hay que hacer de bajo perfil, no por miedo, sino porque no es de nuestra competencia liderar cambios políticos, el liderazgo político es del pueblo laico, pero sí es nuestro DERECHO como ciudadanos, y más aún es nuestro DEBER como pastores ACOMPAÑAR a nuestro pueblo en su justa lucha por liberarse de este monstruo que nos tiraniza… Urge vencer radicalmente la indiferencia, recordemos que Dante Alighieri nos advierte que las pailas más calurosas del infierno están reservadas para los indiferentes. Por ejemplo, en una asamblea de vecinos, en una vigilia, en una concentración que se haga en nuestra jurisdicción eclesiástica (o en otras jurisdicciones con el debido permiso), allí deberíamos estar, como sacerdotes para orar, para orientar, para mediar, para bendecir, para IR COLOCANDO EN LOS CORAZONES DESGARRADOS LA SEMILLA DE LA RECONCILIACIÓN. El INVOLUCRARNOS en esta lucha del pueblo por su libertad, no está desligado de nuestro ministerio como pastores del pueblo de Dios.

Yo seguiré haciendo lo que pueda. No he encontrado resistencia en mi Obispo, más bien su palabra ha sido iluminadora y canalizadora de mi anhelo, y esto me ha dado gran paz; y sobre todo tendré paz en el futuro (independientemente de los resultados que vengan) sabiendo que algo anhelé, pensé, hablé e hice.

Hoy, más que en ningún otro momento de estos dieciocho años de oscurantismo socio político, mi corazón palpita de esperanza con la luz de cambio que cada día brilla con más vigor. No permitamos que esa luz se apague. Yo los invito a que NOS INVOLUCREMOS y junto a nuestro pueblo, deseoso de libertad, democracia y soberanía, soplemos con fuerza para que esa luz resplandezca y termine por disipar el oscurantismo que nos oprime y nos tiraniza.

Pbro, Edgar Gregorio Sánchez