Devotos y constantes con la fiesta del Cristo

Devotos y constantes con la fiesta del Cristo

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Ramón Alfredo Pernía.

Hay habitantes de La Grita que desde hace más de una, dos o tres décadas, cada mes de agosto cumplen funciones especiales que facilitan y engrandecen el desarrollo de las actividades en honor al patrono del Táchira. Son decenas, cientos, muchos anónimos. Ellos cuatro son apenas un reflejo de la entrega de un pueblo hacia su protector

“Ser el ‘varero’ es mi regalo para el pueblo”

Ramón Alfredo Pernía.

¿Quiere ser “varero”?, le preguntó un señor a Ramón Alfredo Pernía. “Sí”, contestó sin dudarlo. De aquella respuesta han pasado más de 20 años. Y desde entonces, este gritense altísimo en estatura es el encargado de portar una delgada vara blanca y negra durante la bajada de finales de julio y la procesión central del día del Santo Cristo. Antes, su padre también lo fue algún tiempo.

El casco central de La Grita suele tener muchos cables, la mayoría bajos, que atraviesan sus calles. Alguien tiene que saber levantarlos, con sumo cuidado y sentido de oportunidad, para que el camarín de madera que resguarda la imagen del Patrono del Táchira pueda avanzar varios kilómetros sin enredarse con obstáculos.

“Donde hay más trabajo es por la parte baja de la calle 2”, sabe Pernía, quien a sus 52 años en algún momento incluso ha soportado calambres en las piernas durante las procesiones. “Cuando hay mucha multitud de gente se hace algo difícil, pero igual se hace el trabajo de forma ágil”, cuenta quien, durante las procesiones, turistas de otras latitudes le han pedido hasta tomarse fotos con él.

Ágil. Así, precisamente, cree Pernía que se tiene que ser como “varero” durante las romerías del Cristo. “Algunos han querido serlo. Yo no tengo problema, les puedo entregar la vara, pero les advierto: si le pasa algo a nuestro Santo Cristo, será su responsabilidad. Entonces no me la reciben”, expresa Pernía, quien durante el resto del año es trabajador de servicios funerarios.

Como devoto que es, Pernía les encomienda su misión anual ad honórem al Santo Cristo, a la Virgen de los Ángeles (de cuyas romerías también fue “varero”), a su papá y a su mamá. “Este es mi regalo para el pueblo”, dice Pernía, a quien le gustaría seguir siendo el “varero” de las procesiones del Santo Cristo hasta que Dios disponga.

“Él siempre nos guía con los perizomas”

Heriberto Pernía.

Hace 27 años una vecina le pidió al diseñador Heriberto Pernía que le confeccionara un perizoma, o paño de pureza, para vestir la imagen del Santo Cristo. Desde entonces cuenta más o menos 80 piezas elaboradas; la mayoría, en agradecimiento por milagros. Él mismo le ha pagado promesas al Patrono haciéndole tres trajes en nombre propio.

“De alguna forma, el Santo Cristo siempre nos guía y nos pone donde está la tela más adecuada”, asegura Pernía. Le volvió a pasar con el más reciente perizoma que está terminando: a última hora cambió los flecos, pero en La Grita no encontraba el hilo para coserlos; en Cúcuta un señor le quiso donar dos tubos de hilo a la mujer del encargo. Cuando regresó al taller, notaron que los tonos de los nuevos flecos coincidían exactos con aquel regalo.

Los diseños, los ha ido perfeccionando con el tiempo: antes eran cuadrados y más cortos; después los alargó hasta los 50 centímetros y les añadió una forma ondulada. El paño lleva flecos de 9 centímetros, pero no de pedrería para conservar la talla. Las telas más usadas son rasos (seda lustrosa) y brocados (seda entretejida), algunas traídas de otros países. La confección o el bordado a mano de varios han durado hasta tres meses.

Instituciones, organismos, fundaciones, familias y particulares, son muchos los que quieren vestir mensualmente el ícono cuatricentenario de Jesucristo en el Táchira. En un libro grueso, Pernía organiza los encargos de devotos. “Si es para agosto o diciembre, la gente está anotada casi hasta el 2028. Si es para otro mes del año, hay chance por ejemplo para mayo del 2019 o para el 2020”, explica, mientras revisa las páginas.

Pernía también viste la réplica del Santo Cristo de Punta Cumarebo, una réplica de La Fría, las dos nuevas réplicas del Cristo de La Grita y al Cristo de Buga, en Colombia.

“El pueblo lo lleva, nosotros ayudamos”

Jorge Urrea.

Casi 35 años, cuenta Jorge Urrea, ayudando a cargar al Santo Cristo en sus procesiones anuales. Su trabajo es clave: cuida la imagen, indica cuándo y hacia dónde debe avanzar el camarín de madera, equilibra el peso, ayuda a rotar a los cargadores para que devotos del llano, del oriente, del centro, de occidente, de Colombia y de islas del Caribe que se le acercan puedan cumplir la promesa de sostener en sus hombros al patrono milagroso.

“La del Santo Cristo es una procesión del pueblo, el pueblo es quien lo lleva. Si nos llega alguien de Portuguesa o de Barinas y pide cargarlo, deben cargarlo”, está claro Urrea, quien fue uno de los fundadores de la Cofradía del Santo Cristo, en junio de 1995, junto al presbítero Renato Cortés y al monseñor Luis Abad Buitrago.

Urrea conoció las procesiones de antaño, cuando el recorrido arrancaba el día 6 y terminaba el 7 de agosto luego de que la imagen pernoctara en la capilla del Llano. Aquella era una romería casa por casa, con salves cantadas y rezadas, evoca. Las de ahora son procesiones con ermitas que organiza el pueblo, homenajes que han extendido el trayecto hasta por siete horas.

El mismo Urrea hizo la carpintería y un colombiano le colaboró con la talla del actual camarín de cedro que protege la imagen, una estructura de 3,30 metros de alto y unos 250 kilos de peso. Avanza con unos tubos, que pesan 112 kilos, a los cuales se aferran los hombros de unas 56 personas en simultáneo.

“Mi trabajo es cuidar la imagen, estar pendiente de los cargadores, de las paradas, buscar que el recorrido no se haga demasiado largo, reubicar a las personas que lo cargan de acuerdo a sus tamaños para que el camarín se mantenga derecho y así ir llevando con equilibrio cada procesión”, describe Urrea. Cada 6 de agosto, este gritense orienta y marca una ruta de fe.

“Somos los anfitriones de tantos caminantes”

Edgar Pineda.

Edgar Pineda siempre ha dicho que La Grita, durante los primeros días de agosto, es invadida por la fe. En 2004, con un grupo de colaboradores, organizaron la Fundación Posaderos del Peregrino, para atenderlos, para ser “los anfitriones de los caminantes del Santo Cristo”. 13 años después, la sopa gratuita que reciben miles es prácticamente una tradición instituida. “Mientras la mayoría de gritenses duermen y descansan, nosotros pasamos la noche cocinando, atendiendo y dándonos cuenta de esa invasión de fe que llega a La Grita”, cuenta el coordinador general.

Los integrantes de la fundación, unos 40, se reúnen continuamente durante el año y cumplen distintas actividades asignadas por las parroquias. A partir de la Semana Santa, comienzan a organizar el operativo anual rumbo a los primeros días de agosto, como hacer los contactos con los productores agrícolas y pecuarios para poder adquirir los ingredientes del consomé.

Con la campaña “Una taza para un peregrino” desplegada en 2016 la fundación se hizo con unas 800 unidades, disponibles para este año. El récord de atención, recuerda Pineda, fue durante el cuatricentenario del patrono: entonces atendieron a más o menos 6.000 peregrinos.

Además de la alimentación, el equipo siempre busca disponer un espacio común adecuado para la pernocta de los devotos, con personal de salud que pueda brindarles primeros auxilios. Antes, muchos llegaban a buscar un lugar dónde dormir, como vehículos, parques, porches y plazas.

“Hemos logrado concientizar a la gente de que los peregrinos son tan importantes como la misma festividad del Santo Cristo. La fiesta del Cristo, sin peregrinos, estaría incompleta”, considera Pineda. Y las comunidades así lo han entendido: cada año salen más a la vera del camino a colaborar con hidratación de forma voluntaria.