González Escorihuela citó que Ramón J. trabajó hasta en redacción de vallas publicitarias. (Foto/Carlos Eduardo Ramírez)
González Escorihuela citó que Ramón J. trabajó hasta en redacción de vallas publicitarias. (Foto/Carlos Eduardo Ramírez)
González Escorihuela citó que Ramón J. trabajó hasta en redacción de vallas publicitarias. (Foto/Carlos Eduardo Ramírez)

Ramón J. Velásquez fue un periodista integral que recorrió todos los pasos de la profesión, desde colaborador y reportero hasta editor y director. En sus trabajos demostró un apego indeclinable hacia la democracia. Amplio y tolerante, incorporó disímiles corrientes del pensamiento. Fue sobre todo ético, con propósito formativo y educativo.

En una tertulia amena, de un Ramón a otro Ramón, el catedrático Ramón González Escorihuela presentó así al Ramón J. Velásquez, periodista, en un foro celebrado este jueves, a propósito de los 50 años de la Universidad de Los Andes en el Táchira, y de los 100 del natalicio del expresidente. Quien durante más de una hora desgranó de memoria detalles fascinantes del personaje, fue su biógrafo en la obra “Ramón J. Velásquez, un país, una vida” (Fondo Editorial Simón Rodríguez y Los Libros de El Nacional) que en 2012 publicó a cuatro manos con Catalina Banko.

González Escorihuela empezó repasando los problemas de censura que el joven Ramón J. enfrentó durante el régimen de Gómez, hasta que su muerte en 1935 significó, en palabras del mismo Velásquez, “como si se hubiese caído un muro”.

En San Cristóbal, el intelectual, nativo de Colón, se convirtió en asiduo colaborador, inicialmente de El Centinela y Diario Católico y, tiempo después, de Diario La Nación. Vinculado al epicentro cultural que era el Salón de Lectura, alcanzó su presidencia en 1941; un cargo que dos décadas atrás ya había ocupado su padre. “Hizo esfuerzos por modernizarlo, pero esto le produjo una serie de choques con los sectores más conservadores”, explicó el también fundador de la Escuela de Comunicación Social en la cumpleañera ULA-Táchira.

Antes de mudarse de forma definitiva a Caracas, el Velásquez periodista también mantuvo el programa “La hora de la cultura”, en Radio Táchira, junto a Luis Felipe Ramón y Rivera.

En Caracas, para grandes cosas

Empezaron los años 40. Ejercer en los recién constituidos diarios Últimas Noticias y El Nacional, como reportero de política en el primero y bajo la orientación de Miguel Otero Silva en el segundo, fogueó en el periodismo al joven abogado titulado. De hecho, su afán investigativo, luego de entrevistar al entonces candidato Diógenes Escalante, lo llevó a ser su asistente. Bajo esa relación sucedió el histórico episodio de las “camisas robadas”, pista de que Escalante había perdido la razón.

Como director de la oficina de prensa de la Corporación Venezolana de Fomento, probó el periodismo institucional. Como redactor de vallas para Vepaco, hasta saboreó las andanzas de la publicidad comercial. Pero, por otro lado, como firma de la revista Signo (1951) y de director incógnito en la revista Élite (1955), Velásquez desarrolló un periodismo muy inteligente de oposición, donde trataba de decir al pueblo que había otras posibilidades más allá del régimen de Pérez Jiménez, narró el conferencista magistral.

Luego de dirigir el vespertino El Mundo, en los años 60, el intelectual llegó a levantar un boicoteado El Nacional. Y lo logró en cuatro años. Después regresaría al despacho mayor del principal diario del país, en el bienio 79-81, a enfrentar la renovación tecnológica que imponían los tiempos. En una y otra ocasión, enfatizó González Escorihuela, Ramón J. renunció a la dirección del periódico, en rechazo a la imposición de líneas partidistas.

El auditorio lo siguió atentísimo hasta que, al poner punto final a su disertación, el periodista, doctor en Historia y profesor titular de la ULA, encerró en esta idea de Manuel Caballero la trascendencia del hombre al que, por estos días, el país volteó a recordar: “Cualquier historiador venezolano, métase por donde se meta, en algún momento se va a encontrar con Ramón J. Velásquez”.

Daniel Pabón