La ranita a punto de saltar

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Marco Tulio Arellano

 

“Con la fuerza de la verdad, que es la fuerza más grande, junto al amor, la dignidad y la moral, venceremos los atropellos imperiales”. Hugo Rafael Chávez Frías (Palacio de Miraflores, 7 de marzo 2006)

Una de las personalidades más importantes de la política venezolana, quien vino a cumplir una tarea significativa en la recién constituida Asamblea Nacional Constituyente, como vicepresidente, el doctor Isaías Rodríguez; jurista y constitucionalista, regresó de nuevo a sus funciones como embajador de Venezuela en Italia.

A pesar de su fugaz estadía, su presencia fue significativa y de gran aporte para los primeros pasos de la ANC; no sin antes recordar a los asambleístas y al Gobierno del presidente Maduro que si bien era importante la actividad política, para el embajador Rodríguez la economía debería ocupar el primer lugar entre las acciones a ser emprendidas y a concretarse por la Asamblea Nacional Constituyente.

Sin lugar a dudas la observación del importante político y diplomático venezolano viene como anillo al dedo, porque sin lugar a equivocarnos el trago amargo que está pasando la sociedad venezolana se expresa en los estragos que está causando en toda la población la guerra económica.

Los ataques contra la Revolución Bolivariana desde la llegada al poder del comandante Hugo Rafael Chávez Frías en 1998, no han cesado. Las más feroces y disímiles estrategias de guerra aplicadas por el Imperialismo norteamericano, en sintonía con sus lacayos de la oposición venezolana, no han parado en ningún momento.

La arremetida promocionada por los actores políticos internacionales desde los más altos centros de poder como el Pentágono y el Departamento de Estado, así como actores económicos de la talla del Banco Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional (FMI), no han cesado en atizar a toda la banca internacional, mercado bursátil y acreedores y tenedores de bonos, para que bloqueen a Venezuela.

Desde adentro hacia afuera se han combinado todos los mecanismos y métodos utilizados por el imperialismo para tumbar gobiernos en el mundo; pero no han prosperado o al menos no han logrado su objetivo en el país, como ocurrió con el fracasado golpe de “Pedro El Breve“ ejecutado contra el comandante Hugo Chávez en abril del 2002.

Transcurrido el tiempo hemos tenido el accionar de guarimbas, bachaqueros y especuladores contra el pueblo venezolano. La inflación inducida ha traspasado las barreras de los indicadores macroeconómicos más voraces que haya experimentado economía alguna en América Latina y en el mundo.

Políticos anti patrias y cipayos del Imperio se han prestado a las maniobras más descaradas contra Venezuela, desfilando por el mundo por los centros de poder políticos y financieros, pidiendo embargo y cero financiamiento al Estado venezolano, sin importarles las consecuencias y los estragos en el pueblo venezolano.

Hoy acorralados por sus propios errores de inspiración fascista y de traición, se esconden en las embajadas de países lacayos del Imperio, para huir de la justicia venezolana a la que deben dar la cara por sus fechorías y violación a los derechos humanos, muertes y quemar vivos inocentes impulsados por su odio y felonía política.

El peor crimen que han podido cometer estos mercenarios que han trasgredido las leyes y avivado la guerra económica, ha sido afectar la moral y la identidad del pueblo venezolano, apegado a sus valores y su sentimiento patrio; valores que hoy tratan de destruir, sobre todo en las nuevas generaciones a las cuales confunden.

Es una guerra psicológica y de todas las generaciones juntas (III, IV, V generación) que han dejado los laboratorios, para saltar al escenario del pueblo venezolano con sus nefastas consecuencias. Han creado un ambiente de confusión tal, que ya se refleja en una emigración masiva y desbocada que debe frenar el Estado venezolano.

Las leyes del más mínimo respeto al derecho humano y al valor real de las cosas se han perdido. Se juega con el hambre del pueblo, a pesar de los gigantescos esfuerzos que hace el Estado venezolano por garantizar los alimentos, la salud y la educación del pueblo.

Los venezolanos hemos resistido con valor ante la arremetida del imperialismo y sus lacayos, en su afán de apoderarse de las riquezas y de las maravillas naturales de la tierra de gracia de la Patria de Bolívar.

El sueño de conquistar la libertad y buscar un sitial de autonomía en el concierto de las naciones del mundo, enarbolado por el socialismo del Comandante Hugo Chávez, hoy sigue amenazado de una manera inmisericorde y despiadada. Venezuela resiste con valor y debe radicalizar de una vez y para siempre su Revolución Bolivariana.

Los venezolanos no debemos esperar como el cuento de la ranita, que se apoltrona en el agua tibia de la olla, mientras lentamente se cocina a fuego lento para luego saltar o morir sancochada.

No debemos esperar más, porque la paciencia se agota. Si bien el despertar del pueblo en el escenario político ha sido el de resistir con valor y defender sus instituciones, Asamblea Constituyente, gobernaciones y ahora las Alcaldías; sólo nos resta frenar la guerra económica y meter preso a quien haya que meter.

Ya basta de acciones epilépticas, de encubrir falsos revolucionarios vestidos de rojo, quienes también roban al pueblo y chantajean con su comida y productos de primera necesidad. La Unión cívico militar debe cumplir el mandato de salvar la Patria: “Entre vencer o morir, necesario es vencer”.

“Una de las grandes batallas de la Revolución es la revolución moral, para reinstalar los valores y la dignidad del ser humano”. Hugo Rafael Chávez Frías”… ¡Amanecerá y veremos! (Marco Tulio Arellano)