Manuel Contreras, paciente de diálisis, contó parte de su historia. (Foto/Tulia Buriticá)
Manuel Contreras, paciente de diálisis, contó parte de su historia. (Foto/Tulia Buriticá)

Todos los días se levanta con ánimo de seguir enfrentando el mundo, aun cuanto está claro,  que poco a poco pierde de alguna manera su calidad de vida, una vez que hace 18 años, su familia y los médicos se percataron que no se le había desarrollado un riñón y el otro, el izquierdo, se infectó con una hidronefrosis (dilatación del sistema colector, debido a la dificultad para eliminar la orina)

Manuel Contreras, nació y vive en El Cobre, capital del municipio José María Vargas, que deja, por unas horas, tres veces a la semana con el propósito de cumplir su tratamiento de diálisis en la unidad ubicada cerca del parque Maltín Polar, en La Concordia.

“No es fácil sobrellevar esta enfermedad, dijo, y para enfrentarla es fundamental el apego de la familia”. En su caso particular fue muy importante el apoyo de su mamá que lo acompañaba de manera incondicional, no obstante, falleció, hecho que lo afectó mucho, pero con la fe puesta en Dios sigue adelante.

Agradeció que a pesar de tantos problemas cuenta con los medicamentos.

“Las últimas dos semanas, se presentaron algunas fallas, supuestamente no había un ácido que se le coloca a las máquinas y de tres diálisis solo hicieron dos, utilizando la opción de prestarse el insumo entre las distintas unidades, pero ya nos dijeron que en los próximos días llegaba la gandola con los fármacos y otra vez y que volveríamos a tener los tres procesos de purificación de sangre”.

Fármacos costosos

Estos son productos e insumos que envían directamente del Seguro Social en Caracas y de verdad son muy costosos, pero es obligatorio cumplir con la diálisis que en el fondo es un riñón artificial.

Normalmente, Manuel Contreras se somete a diálisis tres veces a la semana, con sesiones que duran entre tres horas y tres horas y media, casi siempre los lunes, miércoles y viernes, tratamiento que cumplen también en esta unidad, cerca de 70 pacientes.

“Las fallas que se han presentado sobre todo, es por la escasez de medicamentos para la tensión. No se consiguen. A veces hay que viajar a Colombia o adquirirlos revendidos, todo con tal de mantener bien la tensión arterial” apuntó.

No debe faltarle el carvedilol de 25 mg y guayatén  que en las últimas semanas ha estado muy escaso, ambos tiene un costo de 200 bolívares, hace dos meses le faltó el guayatén y debió mandarlo a comprar en Colombia donde se deben pagar 7 mil bolívares.

No pudo trasplantarse

Luchó, Manuel Contreras, por un trasplante renal durante diez años, pero nunca lo llamaron. No tuvo suerte. Luego murió su mamá y cayó en  depresión, entendiendo que era su mejor compañía y no volvió a insistir en la opción del injerto “y ahora los recursos no alcanzan. No es un secreto para nadie que el poder adquisitivo del venezolano está por el suelo”.

Con unos ahorros hechos cuando se podía, logró comprar un carro, con ese medio de transporte se defiende. Vende grano a los ferieros en El Cobre, recursos que sirven de sustento para su enfermedad, además de cubrir los gastos de comida y de mantenimiento del carro.

Definió a la diálisis como una manera de vivir. “Solo se necesita voluntad para no dejar el tratamiento. Yo estoy acostumbrado. A la diez de la mañana tengo que estar en la unidad, me conectan a un cuarto para la once o a las once de la mañana y termino a la dos, de ahí salgo, busco el almuerzo donde un amigo que es de Pregonero, quien tiene un restaurante. Allí  como. Luego me voy de nuevo para El Cobre”.

“El nefrólogo me revisa con frecuencia. Dice que estoy bien. La tensión está un poco elevada, pero tengo  bien la hemoglobina. Todo depende del cuidado que se tenga, en mi caso, no tomo mucho líquido, ni como  muchos embutidos, tampoco carnes rojas. Se debe comer mucha ensalada”, narra.

Una vida, dependiendo 

de una máquina

“Tengo 36 años. En diciembre cumplo 18 años de estar enfermo. No es fácil. Son muchas las historias que se conocen cuando se está en esas máquinas. Hace poco entró un señor de Rubio y apenas duró cuatro meses. Se desmoralizó al verse enfermo. Los hijos no lo acompañaban y decayó”,  exclamó.

No se rinde. Manuel Contreras, sigue batallando, por eso cuando puede moviliza pasajeros desde El Cobre, baja o lleva encomiendas, compra productos en San Cristóbal  y los vende en el pueblo,  recursos que le permiten tener una vida relativamente cómoda con su papá, una hermana que es enfermera, dos sobrinos, uno de 15 años y otro de tres. “Los he ayudado a criar como si fueran mis hijos, de esa manera vivo el día a día”, expresó.

Subrayó, que necesitan que doten a las unidades de diálisis con la ampolla que sube la hemoglobina (eritropoyetina) que debe aplicarse luego de cada sesión de diálisis , producto que era entregado por el Hospital del Seguro Social, mensualmente son 12 o 14 diálisis. Gracias a Dios han enviado complejo B12 y ácido fólico, sin embargo, el enterex renal no se consigue.