En la entrada de San Félix se funden autopista con carretera panamericana.

Cuarenta y dos años después de la primera piedra, al Estado venezolano le falta poner en servicio 22,5 kilómetros o el 35 % de la longitud total de la carretera expresa que todavía no conecta totalmente a San Cristóbal con La Fría. Se venció el plazo de 38 meses que había previsto en 2013 el gobernador Vielma Mora para el finiquito de las obras

 

Daniel Pabón

Fotos/Carlos Eduardo Ramírez

 

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Vista de La Fría a San Cristóbal, cuando la autopista agota sus primeros 19 kilómetros y medio, la curva a la izquierda empuja a los conductores a la carretera panamericana. Justo donde la obra vial más demorada de la historia contemporánea del Táchira se empieza a interrumpir, queda el taller mecánico de Manuel González.

Podrá parecer repetitivo que él y otros moradores de la zona exijan a los gobiernos regional y nacional la culminación de un proyecto que ya es cuarentón. Igual lo siguen pidiendo. “Esto hace mucha falta”, opina el trabajador.

Sin embargo, del taller hacia adentro hay trabajo para unas 350 personas (empleos directos) repartidas en turnos diurno y nocturno, como ha observado González. Los obreros de la noche, esos que ve llegar entre 5 y 6 de la tarde, caben en un autobús que los traslada. “Hay días que trabajan y otros días que no se ven”.

Ahí, junto a la entrada principal de San Félix, en el sector La Virgen, una valla horizontal anuncia: “Solo en revolución avanzamos en la Autopista San Cristóbal – La Fría”. Se trata -como sitúa el aviso- de la construcción del tramo IV-B, el que debe abreviar la ruta de San Félix a Colón y viceversa y el que, aunque no lo diga otro cartel visible en ese punto, ejecuta la contratista del gobierno Fundación Propatria con financiamiento del Fonden.

Cuarenta y dos años después, se sigue escribiendo de la obra. “El gobierno nacional tiene la intención de ejecutar la autopista San Cristóbal – La Fría de manera que esté concluida antes de 1978 y, según las estimaciones todavía preliminares que se tienen, esta obra supera los 400 millones de bolívares”, dijo Arnoldo Gabaldón, entonces ministro de Obras Públicas, para la edición impresa de Diario La Nación del 6 de noviembre de 1974.

Se habló entonces de instalar una oficina en San Cristóbal para la obra y de empezar con cinco frentes de trabajo en simultáneo. Culminarla ha sido promesa de presidentes y gobernadores adecos, copeyanos, convergencistas y revolucionarios bolivarianos.

El 27 de abril de 2013 el gobernador José Vielma Mora proyectó que entre dos y tres años, o 38 meses, finalizarían los trabajos de construcción y rehabilitación de la autopista. Este mes de julio de 2016 se cumple ese lapso estimado.

La realidad es que la autopista San Cristóbal – La Fría sigue siendo un rompecabezas vial incompleto. Su extensión total es de 64,5 kilómetros, históricamente distribuidos en cinco tramos. A la fecha están operativos tres y medio y faltan por poner en servicio al público uno y medio.

Si se suma la longitud de los tramos en servicio (I: San Cristóbal – Copa de Oro; III: distribuidor Lobatera – cajón San Pedro del Río; IV-A: cajón San Pedro del Río – distribuidor Colón; y V: San Félix – Distribuidor La Fría), se puede concluir que están en uso 42 kilómetros de autopista, esto es, 65 % de su total en longitud.

El 35 % restante de autopista que el Estado venezolano adeuda a los tachirenses se divide en dos tramos: el II (Copa de Oro – Lobatera) que aún no ha sido intervenido y el IV-B (desde el distribuidor Colón hasta San Félix) donde ahora se concentra parte importante de los trabajos en ejecución sobre la vía. Sumando la longitud de uno y otro tramo, son unos 22 kilómetros y medio los que le faltan a la autopista para, cual rompecabezas, engranar totalmente sus piezas.

Detrás del monte hay trabajo

En el corazón del tramo Colón – San Félix (el IV-B) son dos los frentes de trabajo operativos: uno en las pilas del viaducto La Colorada y otro propiamente en la vía, que será de 7,78 kilómetros. Lo confirma Yovany Zambrano, presidente del Instituto de Vialidad del Táchira, al aclarar que en esta obra el IVT solo cumple funciones de inspección sobre el ente ejecutor.

Con longitud de 360 metros, el viaducto será incluso más largo que el casi listo puente internacional Tienditas. Estará compuesto por dos bases que sostendrán una estructura de hierro hecha en el Táchira y en un 90 % ya dispuesta en la zona. Sobre una quebrada que se hace potente cuando llueve, ahora los obreros construyen una segunda pila, de 56 metros (quedan 10 metros por terminar), con un sistema similar al del nuevo viaducto Caracas – La Guaira. Luego vendrá la fase de armado del puente.

Los recursos salen del plan de inversión 2013 – 2015 aprobado por la Presidencia de la República por el orden de 1.833 millones de bolívares. Si se desmenuza esta cifra de acuerdo con lo que ha sido invertido, se observará que la mayor parte del dinero está dirigido a los trabajos del viaducto (784,2 millones) y de su vialidad circundante (720 millones para el tramo, que comprende los kilómetros 38 al 45 de la autopista).

Fracciones comparativamente menores, dentro de ese total, están siendo o fueron invertidos en el asfaltado de los tramos San Félix – La Fría y Lobatera – Colón, en la falla de San Pedro del Río y en la protección de taludes en La Jabonosa, repasa Zambrano. Porque es que el trabajo de las autoridades se debe compartir, al mismo tiempo, entre mantener lo que está hecho de autopista y avanzar en lo que queda por hacer.

La pregunta de cuatro décadas, no obstante, sigue vigente: ¿Por qué no está terminada la autopista? Aunque llegó hace poco al cargo, el titular del IVT responde: “Influyen factores importantes como la guerra económica, la baja de los precios del petróleo, además de que Venezuela ha sido afectada por unas condiciones climáticas que nunca tuvimos. Hemos pasado por muchas situaciones complicadas y eso ha afectado el rendimiento de la terminación de la obra”. El vocero añade el agravante de las dificultades topográficas y hasta inhóspitas del tramo y medio que aún no están en servicio.

Desde el punto de vista social, la autopista San Cristóbal – La Fría implica mayor calidad de vida para los tachirenses, más seguridad vial, ahorro en tiempos de recorrido y generación de empleos, se apunta en documentos del IVT. En lo económico, la vía favorece las relaciones de intercambio comercial ya que, por su ubicación geoestratégica, permite rápida interconexión con la frontera con Colombia y con los puertos de Maracaibo y La Ceiba.

Zambrano redondea así las ideas: “Sí, ha sido lento, pero de todas maneras ha sido constante el trabajo”. Los que habitan el contorno de la autopista saben que hay labores, pero se devuelven con insistencia al pasado: “Todos la han prometido y ni los unos ni los otros la han terminado. Antes el petróleo llegó a más de 100 (dólares por barril), había cemento, había asfalto, había cabilla y nadie la terminó. Ahora, quién sabe”, establece Maruja García, vendedora ambulante de una vía que dos generaciones recorren, aún incompleta.