La gris realidad del cemento

2216
No han empezado nuevas construcciones del sector privado este año, reportan en la Cámara. (Foto/Tulia Buriticá)
No han empezado nuevas construcciones del sector privado este año, reportan en la Cámara. (Foto/Tulia Buriticá)

Mafias revenden el producto con 1.000 % de sobreprecio. Las dos líneas de producción de Cementos Táchira se encuentran fuera de servicio, de acuerdo con sindicalistas. Producción depositada en silos da para despachar hasta 4.000 sacos diarios. Como la mezcla perdió calidad, constructores necesitan más de 10 % adicional para lograr la resistencia de antes.

I. Las rutas desviadas
Ir a un galpón a las afueras de San Cristóbal, o esperar en casa un misterioso camión antes de que amanezca. Pagar de contado, en una operación especulativa durante la cual pedir factura resultaría un mal chiste. En el aparentemente próspero mercado negro del cemento, cada paca les cuesta a los tachirenses, en promedio, 10 veces su precio regulado.
Los sacos marrones, que son importados, salen llenos a puerta de planta con un precio de venta al mayorista de 492 bolívares la unidad, aunque el costo actual de producción ronda los 650. Si se suma el 30 % de ganancia estipulado por ley, el comerciante debe ofrecerla al público a no más de 640 bolívares. Pero la verdad es que hay tiendas del Táchira en las que no han facturado una sola paca desde hace más de un lustro. No les enviaron más. En una de ellas, empleados cuentan que un grupo de “enchufados” llegó con la mercancía, queriendo extorsionarlos. No aceptaron.
En la práctica, mafias que nadie se atreve a identificar piden entre 6.000 y 7.000 bolívares por saco. Los tachirenses se muestran críticos a esta realidad. “Mensualmente el cemento sube 1.000 bolívares en el mercado negro. Sabiendo que lo venden al 1.000 % del costo, no hay para el pueblo, solo para las constructoras, y las cementeras del Gobierno son una mafia total”, atestiguó Miguel Cújar.
Wendy Arellano coincidió en que “el cemento solo lo manejan las mafias”. “Desde donde lo hacen se lo venden al mejor postor”, señaló. Marco Pérez fue más allá, al considerar que el producto lo controlan desde “la cúpula militar”, en un sondeo realizado por Diario La Nación en su página de Facebook.
Ante la pregunta ¿qué ha dejado de hacer o de construir por la escasez de cemento en el mercado?, Julio Guerrero desmintió que exista escasez: “Todos saben qué hacen con él”, escribió. Otro usuario también contrapuso: “¿Cuál escasez? Métanse a Facebook y WhatsApp, venden hasta a granel por gandolas y no a precio regulado”.
El pueblo padece las consecuencias. “No hemos podido hacer unos cuartos”, relató Franklin Montilva. “Llevo cuatro años tratando de levantar mi casa. Cuando aparece el cemento, vale mucho más que la última vez y nunca hay en las ferreterías, sino que solo los “bachaqueros” lo ofrecen. Encima, si uno se atreve a comprarlo, puede que se lo quite la GNB porque no tiene factura”, compartió Romnier Colmenares.
Briaxis Zambrano no ha podido terminar su casa “porque el cemento tiene un precio revendido de 7.000 bolívares la paca”. Y Narda Castillo lleva cinco años sin poder culminar el segundo piso de su vivienda.
II. Causas: Ocho años de declive

Con pego rellenan el espacio donde hasta hace cinco años ponían las pacas de cemento. (Foto/Tulia Buriticá)
Con pego rellenan el espacio donde hasta hace cinco años ponían las pacas de cemento. (Foto/Tulia Buriticá)

Cuando se ancla un precio en una economía inflacionaria, llega un momento en que no cubre ni los costos de producción. Si esto ocurre se abren dos escenarios que describió Gerardo Gamboa, presidente de la Cámara de la Construcción del Táchira: desinversión para el mantenimiento de los equipos e incumplimiento con los proveedores. “Esas dos cosas llevan rato sucediendo aquí”.
La historia del cemento en Venezuela se partió en un antes y un después el 18 de junio de 2008. Ese día el Gobierno del presidente Hugo Chávez declaró de utilidad pública la hasta entonces privada industria cementera nacional. Las compañías con sede en Táchira y en Ocumare, estado Miranda, empezaron a formar parte de la Fábrica Nacional de Cementos, una estatal que en su web se define como empresa socialista.
La FNC es una entre las cinco industrias del Gobierno que, en el ámbito nacional, controlan la producción. Este quinteto maneja en su conjunto 10 plantas fabricantes, en igual número de estados. Todas agrupadas bajo el manto de la Corporación Socialista del Cemento, una dependencia del Ministerio de Industrias.
Para nacionalizar el cemento, hace ocho años, el Gobierno argumentó que la demanda no estaba siendo atendida y que se habían generado sobreprecios para obtener de manera expedita el producto, recordó Gamboa. Pero la ola de estatizaciones dejó una rendija: la planta Catatumbo, en Zulia. “Paradójicamente es la única que, con la misma capacidad, mantiene y hasta ha incrementado su producción”, acotó.
De las 10 nacionales, la del Táchira es la que muestra la capacidad de producción instalada comparativamente más baja del país: 220.000 toneladas, según datos de la Corporación. A más de seis décadas de fundada no llega al 8 % de su capacidad instalada, refirió Gamboa.
La memoria y cuenta 2015 del Ministerio de Industria arroja un dato inédito al respecto: “La planta de Cementos Táchira tuvo baja disponibilidad de piedra caliza debido a las recurrentes fallas de los camiones roqueros y maquinaria pesada de la cantera Montefresco, así como paradas de horno motivadas al bajo inventario de caliza en planta, lo cual generó una pérdida de producción de 114.000 toneladas de clínker, equivalente a 127.000 toneladas de cemento dejadas de producir”.
El clínker es el producto principal para la fabricación; es el resultado de la cocción de la harina cruda, o la mezcla finamente molida de calizas de alta pureza y arcillas.
III. Consecuencias, planta adentro

El desempleo es una consecuencia silenciosa de los problemas del cemento. (Foto/Carlos Eduardo Ramírez)
El desempleo es una consecuencia silenciosa de los problemas del cemento. (Foto/Carlos Eduardo Ramírez)

Las dos líneas de producción de Cementos Táchira, que poseen una capacidad instalada de 580 toneladas/día de clínker, para una producción de 21.430 sacos de cemento, se encuentran fuera de servicio a la fecha.
Lo confirmó Gonzalo Prato, presidente del Sindicato Único de Trabajadores del Cemento, Similares Conexos e Inherentes del Táchira (Sutcemseta), organización adscrita a la Central Bolivariana Socialista del estado.
Argumentó cuatro razones: 1. La falta de mantenimiento preventivo de las distintas áreas de producción. 2. La cantera que suministra materia prima tiene más de 60 % de equipos fuera de servicio, lo que hace imposible cumplir con el stock necesario para cubrir la capacidad instalada. 3. La falta de continuidad administrativa, seguimiento a los directivos de planta y ministerios que la han administrado. 4. El estudio de un precio justo del producto (el costo para la Misión Vivienda se encuentra en 50 % menos del valor de planta).
En 2015 la producción cayó a un 42 % de la capacidad proyectada; esto es, habían trazado una meta de 180.000 toneladas de cemento y solo alcanzaron 75.000 toneladas, precisan en Sutcemseta. Para los cuatro primeros meses de este año han producido 11.500 toneladas de cemento.
A la fecha, con ambas líneas de producción fuera de servicio, apenas están moliendo producción depositada en silos, refirieron en el sindicato. “Solo se está despachando material producido hace un mes, es decir, entre 3.000 y 4.000 sacos diarios”, indicó Prato.
Consultado sobre las denuncias de reventa en el mercado negro, el vocero sindical respondió que, como junta directiva, han solicitado mayor control a los organismos competentes encargados. “Desconocemos el destino del producto. Gerencia de planta desconoce la comercialización y distribución del producto, ya que es manejada desde la oficina principal en Caracas. El destino final no es precisamente el pueblo que lo requiere”.
Desde el sindicato exhortan a los organismos del Estado a estar ojo avizor sobre a dónde llega el producto. “Especialmente 60 % de nuestra producción se dirige a la Misión Vivienda. No dudamos de su importancia, pero se presta para el mal uso del producto, dañando la gestión de nuestro presidente Nicolás Maduro”.
Diario La Nación intentó entrevistar a representantes de la gerencia de la planta, pero se indicó que los altos funcionarios no tienen autorización para declarar a la prensa. Entre tanto, los trabajadores han elaborado informes técnicos, bajo la supervisión de ingenieros de planta, que solicitan sean analizados por la Corporación. Llaman al ministro Juan Arias a que se aboque a resolver esta situación, que catalogan de difícil.

Daniel Pabón

 

Los factores que perjudican

Con el cemento “hay un mercado especulativo que parte, incluso, de las mismas plantas, donde algunos empresarios privados pagan comisiones para que les otorguen algunos despachos”. Esto es parte de lo que determinó la comisión legislativa que el año pasado elaboró un informe sobre la situación del producto. “Son individualidades; no es una política del Gobierno cobrar un sobreprecio”, aclaró el diputado Manuel Peñaloza, presidente de la comisión de Desarrollo Económico del Consejo Legislativo.
Peñaloza enumeró varios factores que, consideró, se conjugan en el caso de Cementos Táchira. Lo primero es que la producción es cíclica (alcanza topes y descensos) y que la mayoría de lo producido (casi 80 %, calculó) es asignado a Misión Vivienda, cuyas obras abarcan también al sector privado; el resto de la asignación (entre 15 y 20 %) va a Caimta y a obras de las alcaldías y la gobernación.
Agregó las dificultades para la obtención de la materia prima requerida (como la piedra caliza, explotada en Ayacucho; o el yeso, transportado desde Queniquea). Remató con que la planta no es autosostenible, porque hasta para comprar tornillos hay que informar a Caracas.
En el informe recomendaron que la planta tiene que ser traspasada a la Gobernación o convertirse en empresa mixta con participación de alcaldías y los gobiernos regional y nacional. El legislador opinó que la producción debe repartirse entre un porcentaje menor que el de ahora para la Misión Vivienda, otro para obras públicas y una asignación a empresas comunales y de materiales de construcción, “para que el cemento se vea en la calle”.
Lamentó que las cargas sean extorsionadas en puestos de control, aun viniendo el producto de manera legal. “Es el daño mayor que se está causando al suministro y abastecimiento”.

Sin iniciar nuevas construcciones

Las pocas obras privadas operativas en la entidad son las que vienen ejecutándose del año pasado e incluso antepasado. Este 2016 no se han iniciado grandes construcciones nuevas, aseguró Gerardo Gamboa, presidente de la Cámara de la Construcción en el Táchira.
El vocero recordó otro agravante de esta crisis: una parte importante del cemento se sigue fugando a través de la frontera con Colombia. Las incautaciones que reportan las autoridades así lo demuestran. “Eso ha generado una necesidad mayor del producto en el estado”.
A esto se agrega que, históricamente, Cementos Táchira nunca ha cubierto la demanda de la entidad. Los constructores de la región también traen sacos de Zulia, Trujillo, Falcón y hasta de Anzoátegui. “El mercado negro del cemento lo han generado las mismas personas que están dentro de las organizaciones que lo producen”, observó Gamboa.
Otra consecuencia poco vista es que algunos constructores incurren en riesgos por la falta de obtención de los materiales. “Acá se están haciendo sustituciones de elementos de acero por otros materiales alternativos que se creen iguales, pero muchas veces no se les da el uso adecuado”.
Como la calidad del cemento ha bajado, ahora los constructores necesitan más de 10 % adicional en la cantidad que tradicionalmente aplicaban, esto para lograr los mismos niveles de resistencia de antes.
Otro drama silencioso del sector construcción es que reportan 90 % de desempleo en la entidad.

Despachos inexistentes o irregulares

Cinco años sin vender cemento llevan en el comercio de materiales de la construcción que administra Nereo Ramírez. Mantenían cupo únicamente con Cementos Táchira y, a veces, recuerda cómo tenía que llamar por teléfono para que no le despacharan más en una semana.
El panorama cambió radicalmente. Ahora la tienda se ve sola y, donde antes ponían las pacas marrones, suelen tapar con unas bolsas de pego. “El problema radica en quienes dirigen la planta, está escaseando por la ‘rosca’ que hay”, observó.
Aunque el padre de Isaura Guerra es uno de los fundadores de Cementos Táchira, en su establecimiento no ven una paca con esa factura desde hace ocho años. Tan lejos y tan cerca les queda la planta. Como ella, varios subsisten en la comercialización del rubro porque mantienen cupo con proveedores de otras regiones.
Guerra, que es vocera del gremio que agrupa a unos 35 distribuidores de cemento en la entidad, ratificó que los despachos son muy irregulares: durante dos meses de este año (marzo y abril) no hubo. “Ahorita está llegando un viaje cada 15 días, o puede ser que no llegue”.
En otro comercio del ramo en San Cristóbal, cuando esporádicamente llega una gandola con 720 pacas de cemento, pasa lo que en cualquier supermercado con los alimentos regulados: larguísimas colas y, al cabo de unas horas, desaparece.