Imagen referencial.

“Hace dieciocho años, fui violada y agredida físicamente por una desconocida, en un lugar público. Cuando logré escapar, corrí directamente a casa y tome una duché. Estaba completamente entumecida. Me preocupada que la gente me viera, pues mi cara estaba llena de morados por la agresión. Al día siguiente, le conté a mi compañera íntima en ese momento lo que me había pasado. Me dijo que no entendía cómo una mujer podría violar a otra mujer. Eso me destruyó, su reacción me llevó a pensar que no valía la pena reportar el ataque a la policía, pues si ella no entendía, ¿cómo podrían entenderlo ellos?”, relata una víctima de violación, a quien llamaremos Claudia, pues decidió permanecer anónima.

Las personas tienden a concebir a las mujeres como afectivas y solidarias. A muchos les cuesta aceptar que son capaces de ser tan crueles como los hombres. Cuando se trata de mujeres violando a mujeres, es un acto de violencia y control, no de sexo.

Además, la falta de comprensión sobre lo que constituyen las relaciones sexuales consentidas entre mujeres contribuye a la dificultad para entender la violación de mujer a mujer.

PREGUNTÁNDOLE AL MUNDO

Claudia relata que luego del atraque trató de encontrar información o un servicio de apoyo que me ayudara a sobrellevar lo que le había sucedido, pero no había nada. Entonces en 2010, empezó a trabajar en la Universidad de Plymouth, Reino Unido, como profesora en el programa de terapia ocupacional y aprovechó la oportunidad para investigar sobre la violación de mujer a mujer y asalto sexual durante su doctorado.
“Yo sabía que era un problema real, conocía personalmente a otras mujeres que la habían experimentado, pero no había investigación confiable. Para recopilar datos, empecé con una encuesta en la web abierta al público en general. Pedí que marcaran cierto o falso a varias preguntas y los resultados me sorprendieron”, narra.

En el estudio 159 respuestas estuvieron de acuerdo con la declaración: No creo que el asalto sexual de mujer a mujer sea posible, mientras que 59 encuestados habían experimentado la agresión sexual infringida por otra mujer. De estos, 38 también sabían de otras mujeres que habían sido agredidas sexualmente por otra mujer y la mayoría de los encuestados (42,4%) habían oído de casos en los que una mujer había agredido sexualmente a otra.

PROBLEMAS LEGALES

Según Claudia, es difícil encontrar datos estadísticos sobre este tipo de violación, sin embargo, en una entrevista que hizo para un programa de radio de la BBC con Yvonne Traynor, la directora de Rape Crisis en Inglaterra, una organización comunitaria que ofrece ayuda en caso de violación, abuso e incesto descubrió que: “Alrededor del 10% de los autores (de las violaciones que les reportan) son mujeres”.

“Las personas con las que hablé para mi investigación me dijeron que uno de los principales impedimentos al momento de llevar sus casos a los tribunales era la definición legal de violación”, indicó.

Hasta 1994, la ley del Reino Unido afirmaba que la violación sólo podía ser cometida por un hombre contra una mujer. Ese año, Stonewall (la ONG de Homosexuales, Bisexuales y Trans) logró que reconocieran que los hombres también pueden violar hombres, pero hasta el momento no ha reconocido que mujeres pueden violar mujeres y hombres.

Claudia asegura que han habido casos en donde se ha condenado a mujeres por ayudar a un hombre, u hombres, a violar a otra persona, pero cuando las mujeres violan, el delito es invisible y las víctimas son, efectivamente, silenciadas.

En 2016, una petición para que la definición legal de violación incluyera la violación de una mujer a un hombre recibió la siguiente respuesta del gobierno británico:

“Hubo acuerdo considerable en que la violación debe seguir siendo un delito de penetración de pene. Por lo tanto, no tenemos planes para modificar la definición legal de violación”.

UNA VÍCTIMA MÁS

Una de las mujeres con las que Claudia pudo entrevistarse para su estudio llamada Cailey, le reveló que fue violada repetidamente por una mujer mayor durante años, desde antes de que cumpliera 16 años. Habló con una amiga cercana que trabajaba en la policía, quien le aconsejó que no reportara el delito.

“Es un campo minado. Si se tratara de un hombre quizás podríamos llegar a algún lado, pero tratándose de una mujer, es poco probable que la procesen”, le dijo la funcionaria policial a Cailey.

Otra de las encuestadas, Lauryn, fue violada por una mujer y mientras el novio la agredía. Lauryn fue a la policía, pero más tarde decidió no presentar cargos pues los autores del delito la estaban amenazando.

“Cuando le dije a la agente de policía: no puedo hacerlo, ella respondió: probablemente es una buena decisión, te servirá como experiencia”, narró.

EL SILENCIO

Muchas de las entrevistadas dicen que no fueron escuchadas o que se chocaron con la actitud que de los delitos sexuales de mujer a mujer no eran graves.

“Traté de hablar sobre el tema, pero nadie quiere escuchar”, le dijo una de ellas a Claudia durante la investigación, quien había compartido su experiencia con una amiga y una terapeuta. “Se quedan en silencio, y me empiezo a sentir como un monstruo”.

Claudia aseguró que cuando le preguntó a una de ellas por qué quería estar involucrada en la investigación, respondió:“Para promover la concientización. La sociedad, y la ley, tienen que ponerse al día con la realidad”.

(Martín Fernández/Redacción web)