Títulos de escritores regionales también están en las estanterías. (Foto/Gustavo Delgado)
Títulos de escritores regionales también están en las estanterías. (Foto/Gustavo Delgado)

Los libros que más piden ahora son los que hablan de política, incluidas todas sus tendencias, de economía y de superación personal.

Que “vivir es una enfermedad que no tiene cura”, es una idea que encierra “Los incurables” (Alfa, 2012), del venezolano Federico Vegas. Este es el más reciente en la lista de los más o menos 30 libros al año que devora Julieta Cantos. Su obra propia, la librería Sin Límite, acaba de llegar a esa misma cifra redonda: 30 años de vida. 30 años dándole al Táchira puros libros; esa que, en opinión de muchos, resulta la mejor medicina para sobrellevar esa “enfermedad incurable” que es la vida misma. Cada palabra impresa, una cápsula.

Sin Límite cumplió los 30, para ser exactos, el pasado 18 de abril, que fue el Mes del Libro, del Idioma y de la Palabra. Arquitecta y librera, Cantos entiende así la aventura de leer: “Cuando tú abres un libro, te puedes conectar con el mundo entero, puedes viajar a través de la palabra, sin moverte”.

Siempre se lo han preguntado: ¿Y los tachirenses, leen? Alguno, que presuponía que no, le daba tres meses de vida a este emprendimiento, genuinamente tachirense, y ahora flamante treintañero. “¿Por qué se apuesta a que el tachirense no es culto, ni es lector, ni es una persona con formación?”, cuestiona. “Los tachirenses sí leen, porque les gusta formarse”, sentencia, sin dudarlo, la también hija de librero.

Ese tachirense lector, por estos tiempos, está consumiendo sobre todo las páginas que le hablan de política, incluidas todas sus tendencias, de economía y de superación personal porque, como explica Cantos, cuando la gente se siente sin piso o desconcertada, trata de buscar externamente cómo resolver sus problemas. Y qué mejor que una lectura.

Sobre las editoriales que están contando el presente venezolano, la propietaria destaca algunos buenos casos: “Cada una, desde su posición, trata de llevar un análisis de lo que ve, como la situación política, económica y social, en este momento de Venezuela”. Y, advierte: “Yo en esto soy muy cautelosa. Quiero creer que soy una librepensadora y, como tal, trato de que confluyan todas las corrientes del pensamiento en la librería. Lo que sí trato es que los temas que se tocan sean serios, que quienes analicen lo hagan con argumentación”.

Porque eso sí que tiene Cantos: le gusta el pensamiento argumentado. Por eso, cuando se le pregunta sobre la situación de las librerías en el contexto actual, expone con visión amplia:

Julieta Cantos es el motor de la institución. (Foto/Gustavo Delgado)

A la industria editorial la ha influenciado el hecho de tener problemas con las divisas, en el sentido de que, en Venezuela, aproximadamente 80 % del material es importado. “Hay una contracción importante, porque no hay dólares para importar”, plantea. Sin embargo, también observa que antes ese porcentaje era mayor, de cerca del 90 %. “Entonces, esto quiere decir que también hay un esfuerzo importante que están haciendo diferentes editoriales por editar en el país”, agrega. Frente a dos de esas más grandes fábricas están, por ejemplo, mujeres jóvenes que supieron darle un vuelco a la coyuntura.

Y precisamente, gracias a esos esfuerzos, es que a esa casa marrón, enclavada en el corazón de Barrio Obrero, sigue acudiendo gente tan variada, como son los tachirenses mismos: niños, madres, profesionales, trabajadores, docentes y estudiantes, enumera Cantos. “Y todos somos constructores”, le gusta saber.

Sin Límite mantiene programas permanentes, como los cuentacuentos de los sábados por las mañanas (los niños van con un adulto, para que les acompañe en el proceso de descubrir el placer de la lectura), y los talleres de libreros (únicos en su estilo). Esto se complementa con las actividades especiales, como las presentaciones musicales, los debates sobre los más diversos temas y los bautizos de nuevos libros (cuatro, en los últimos meses) firmados por escritores tachirenses.
Parafraseando a Vegas, como leer parece ser otra “enfermedad que no tiene cura”, a casas de los libros, como Sin Límite, bien le esperan otros 30 años de vivir.
(Daniel Pabón)