Con los colores de la fe restauraron al Santo Cristo

2416
En La Grita está a punto de terminar la recuperación más científica y documentada que se conozca de la imagen. Miguel Ángel Márquez cristalizó un proyecto de tres lustros. Con respeto, y haciendo oraciones al inicio y al final de cada jornada, limpió cada centímetro del crucificado y consolidó unas 80 grietas. Diario La Nación entró al taller para contar su trabajo
El cuarto de velas de la Basílica del Espíritu Santo es el área más cercana posible al nicho de mármol del Santo Cristo de La Grita. Retirado de la veneración pública desde el 7 de noviembre pasado, justo allí, en la intimidad de esas paredes color crema, Miguel Ángel Márquez está por finalizar una restauración integral a este ícono de la fe y monumento nacional de más de cuatro siglos.

Márquez es especialista en arte religioso y restauración de obras patrimoniales. Pero, sobre todo, es un gritense que ha convivido con la imagen del patrono y protector del Táchira durante los últimos cuatro meses de sus 39 años. “Aquí se pierde uno en el tiempo”, dice, sobre sus días de trabajo. Devoto del crucificado que tiene enfrente, valora como una experiencia religiosa especial el hecho de haberlo restaurado con sus manos. “Mi afinidad con el Santo Cristo ha crecido mucho más”, confiesa el experto, que se trazó este como el reto profesional más importante de su vida.

Antes, siempre en equipo, había intervenido las tallas del apóstol Santiago, san Lorenzo y la Virgen de la Fuencisla en Segovia, España, y acá en Caracas distintas obras de arte como el marco de ‘Odalisca con pantalón rojo’, el cuadro robado y recuperado de Henri Matisse. Ahora, por primera vez en solitario, hizo oración al inicio y al final de sus jornadas. Y el trabajo fluyó.

Márquez trabajó de forma sistemática y ordenada. (Foto/Daniel Pabón)

Toda restauración pretende devolver la originalidad de la obra, su lectura inicial. Pero las imágenes devocionales exigen algo más: respeto al sujeto histórico, pues no se puede alterar su estética, explica el también autor de la réplica del Santo Cristo que de momento preside el nicho de mármol, a una puerta de distancia de su taller. “Lo que aquí hicimos fue una intervención restaurativa que respetó la parte física más original de la imagen, pero también la parte devocional”, da cuenta el artista plástico. El trabajo se resume en las siguientes siete etapas.

Así se hizo

Un antes, durante y después de la restauración, con el detalle de la mano izquierda. (Foto/Cortesía)
1La fase inicial consistió en un diagnóstico a profundidad sobre el estado de conservación de la imagen, con la ayuda de microscopios, lupas y luces ultravioleta.


2La del Santo Cristo es una talla en cedro amargo (madera que Márquez encontró “bastante íntegra, en muy buen estado”) recubierta por sucesivas capas: la primera, de preparación, hecha con yeso; y las siguientes, de policromía, o pintura de distintos colores. En esta segunda etapa, el restaurador consolidó las capas superficiales de color que estaban afectadas.

En algunas zonas, una y otra capa (la de yeso o las de pintura) se hallaban separadas de la madera. Y en otras partes ya había grietas o cazoletas, las cuales originan que la pintura se desprenda. Lo que hizo el restaurador fue consolidar unas 80 grietas, aplicando resina acrílica.


3 La tercera fase se basó en una limpieza profunda, laboriosa y respetuosa de los cambios del tiempo, hecha con sumo cuidado para no afectar la pintura original. “Más allá de limpiar, uno como restaurador no interviene lo que se conserva original”, aclara Márquez. Fue bien lenta, la recuerda, hasta retirar la mayor suciedad posible con la asistencia de hisopos, algodones e incluso un bisturí. Antes, eso sí, hizo varias pruebas de solubilidad hasta dar con la mezcla ideal.


4 Después de limpiar, a estucar: este cuarto paso significó nivelar las zonas desprendidas con la superficie original. El estucado incluye los procesos de aplicación del estuco (masa de yeso), lijado y su protección para la posterior reintegración de color.


5 Reintegración de color. Así se llama, precisamente, la quinta fase: “El color se reintegra con unos pigmentos al barniz especiales para restauración”, instruye Márquez. Con pinceles finísimos, empleó dos técnicas de pintura: una es el tratteggio, o una sucesión de líneas verticales que se integran con el tono original. La usó, por ejemplo, en el pecho de Jesús. Otra es el puntillismo, o un conjunto de puntos muy unidos que de lejos se juntan. La empleó, especialmente, en el rostro.


6Para cerrar, necesario es proteger el trabajo hecho: en esta etapa final, el restaurador aplicó sucesivas capas de un barniz transparente basado en una resina natural.


7 En paralelo, los atributos del Santo Cristo (la cruz, la corona, las potencias y la placa) también han sido restaurados.

La cruz de madera recibió una estabilización de soporte. Originalmente era negra, descubrió Márquez durante el proceso. En una fecha no precisada la pintaron en marrón y, presume el investigador, lo pudieron hacer con algún tipo de pigmento en polvo muy natural, como el onoto.

La corona de espinas -un tejido con trenzas de fibra natural (posiblemente fique)- igualmente fue mejorada. Algunas espinas que se habían caído con el tiempo fueron repuestas con bambú.

Como nuevos se ven la antiquísima placa con la inscripción INRI, los dos extremos plateados de la cruz y las potencias, o cada uno de los tres grupos de rayos de luz que se suelen poner en la cabeza de las representaciones de Jesucristo. La restauración de estos elementos metálicos corrió por cuenta del orfebre sacro Samuel Carrillo, el hijo de Palmira que antes se destacó embelleciendo el relicario de la Virgen de Consolación.

La primera documentada

Ni en los libros de gobierno de la basílica ni en la bibliografía hasta ahora revisada figuran datos de restauraciones antiguas. Márquez, sin embargo, presume que pudo existir una importante a finales del siglo XIX, cuando monseñor Jáuregui era párroco-rector.

En 1892, de hecho, tomaron las primeras fotos al Santo Cristo; una serie de 500 estampas que costaron 800 bolívares a la Iglesia. En esa gráfica, de hace 125 años, el recién erigido patrono de La Grita se ve íntegro, con la pintura muy estable y sin grandes alteraciones de color.

Un laboratorio de Madrid, España, especializado en estudios químicos de obras de arte, analizó tres pequeñísimas micromuestras del Santo Cristo. Los resultados corroboran que en el pasado había tenido intervenciones integrales de color. Los estudios detectaron hasta nueve capas de diversos materiales, donde se observaron varias intervenciones entre repolicromías y retoques puntuales.

El antes, durante y después de la restauración está siendo documentado para un informe final. Contendrá más que un diario de los cuatro meses que el Santo Cristo lleva en el taller; se trata de una línea de investigación que Márquez empezó hace 15 años, cuando propuso una restauración al patrono en su tesis de licenciatura, y que ahora pudo cristalizar. El restaurador incluirá también un plan de conservación preventiva que explica cómo tratar la imagen.

Al final de la obra, en Miguel Ángel Márquez conviven las reflexiones de un feligrés y de un científico: “Esta experiencia ha sido muy emotiva y religiosa. He pedido al Santo Cristo que La Grita y el Táchira adquieran más valor por la conservación de las obras. Él es nuestro patrimonio y nuestra memoria. Ha presenciado casi toda la historia de estas tierras, hay mucha historia que ha pasado por él. Por eso tenemos la obligación de seguir haciendo para que él siga teniendo esta relación con nuestras vidas”. Su trabajo es garantía de futuro.

Restaurar no es volver a pintar

Muchos creen que “restaurar” y “volver a pintar” es lo mismo. En la técnica y en la práctica son diferentes, advierte Samir Sánchez, profesor de Historia del Arte en la UCAT e investigador de la talla del Santo Cristo. Toda restauración busca detener el deterioro de objetos de valor histórico o artístico, así como su preservación, cuidado y permanencia de sus características y valores originales. Se evita afectar o intervenir en la originalidad, armonía, belleza y valor artístico de las partes de la obra que no ameritan o no son objeto de la restauración, por no presentar daños. “Solo se interviene a través de reintegraciones cromáticas de las áreas afectadas en zonas de fracturas, pérdida y abrasión de las tallas, o solo limpiar, fijar y proteger las áreas no afectadas, permitiendo así mantener, conservar y recobrar o aproximar el aspecto óptico original que quiso transmitir el autor de la obra”, ilustra.

Esperarán que terminen obras

El obispo de la Diócesis de San Cristóbal, Mario Moronta, ha visto en varias oportunidades la talla en restauración del Santo Cristo. La califica de preciosa. “El trabajo me ha parecido muy serio y con mucha delicadeza”, valora monseñor. En paralelo, la Gobernación empezó obras de restauración y mejoras a la Basílica del Espíritu Santo, que incluyen la colocación de andamios y la remoción de materiales. El Santo Cristo seguirá bien resguardado. De común acuerdo con el restaurador y el párroco, la Iglesia prevé devolver a su nicho la imagen restaurada del patrono una vez hayan terminado estos trabajos de infraestructura. Median razones de seguridad: ahora mismo, las reparaciones están implicando el levantamiento de polvo, suciedad y otras sustancias. “Exponerlo así, a lo mejor no va a poner en peligro la restauración, pero tampoco lo va a favorecer”, razona Moronta. Aunque no existe una fecha exacta, trascendió que las obras se podrían extender hasta julio.

Daniel Pabón