Imagen referencial

“Hace cuatro días en la guardia nocturna un bebé lloraba y sangraba, sangraba mucho. No había cómo aspirarlo ni tubo traqueal, ni sonda. Tampoco teníamos adrenalina. Cuatro médicos corrimos por todo el hospital y no conseguimos ni una inyectadora para sacarle la solución y expandirlo. Lo conectamos a un respirador y solo nos quedó verlo morir. Este bebé duró 72 horas en sala de parto esperando un cupo en cuidado neonatal, un cupo que le diera esperanza y cuando logramos subirlo ya estaba descompensado. Claro que si son prematuros tienen más riesgo de morir pero este bebé pesaba 1.600 gramos y en centros privados hemos sacado adelante a bebés de un kilo”, contó esta semana un neonatólogo del Hospital Central de Maracay, que lidera las estadísticas de mortalidad infantil en el país.

El Hospital Central de Maracay registró 590 muertes de niños recién nacidos hasta noviembre de 2016 (Imagen: El Nacional)

El año pasado 11.000 niños venezolanos no alcanzaron a cumplir el año de edad, según información de la dirección de Vigilancia Epidemiológica y el equipo de vigilancia de mortalidad infantil del Ministerio para la Salud que no ha sido divulgada oficialmente. Hasta noviembre de 2016, fallecieron 590 niños recién nacidos en el Hospital Central de Maracay, adscrito a la Corporación de Salud de Aragua y dirigido por Luis López, quien recientemente —tras el movimiento de Tareck el Aissami de la gobernación a la Vicepresidencia— también asumió el cargo de viceministro de Hospitales.

Los médicos del centro asistencial saben que las condiciones mínimas de higiene no se garantizan ni tampoco el abastecimiento de insumos. En esta situación la esperanza de vida de los neonatos se acorta. El Hospital Central de Maracay tiene dos Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales. Una de ellas tuvo que ser trasladada a otro piso porque no había aire acondicionado. Los 18 cupos disponibles se redujeron a 12 por razones de espacio. La atención en la UCIN 2 tiene camas para 16 bebés pero solo se puede atender a 14, dependiendo de las tomas eléctricas disponibles para poder ventilarlos.

Son múltiples las razones por las que los bebés van muriendo, señalan médicos de la institución, que mantienen sus nombres en reserva por temor a represalias por denunciar la situación. No hay agua ni jabón en las unidades. Tampoco soluciones antibacteriales. Usan los mismos guantes para atender a varios recién nacidos cuando deberían cambiárselos para examinar a cada paciente. En la sala de parto los acuestan juntos en las servocunas, aun cuando uno tenga una infección y el otro, que reposa a su lado, solo haya nacido bajo de peso.

En la sala de parto comienzan a hacer colas desde que nacen. Un bebé al lado del otro. Esperan días hasta que consiguen cupo en cuidados neonatales. Solo hay penicilina cristalina como antibiótico para todas las infecciones y su abastecimiento es intermitente. Sí, cuentan con nuevos equipos. Hace dos meses trajeron de Argentina  seis ventiladores de alta frecuencia, dos servocunas, una incubadora giraffe de alta tecnología que  ayuda al crecimiento y desarrollo neurológico, además de 12 lámparas de fototerapia, usadas para el tratamiento convencional para la hiperbilirrubinemia neonatal, una complicación común en los recién nacidos. Pero ninguno de los aparatos ha podido usarse porque el filtro donde está el aire comprimido se dañó y al encenderlo se mojan las máquinas.

La mortalidad neonatal e infantil avanza peligrosamente. José Félix Oletta, miembro de la Red Defendamos la Epidemiología y ex ministro de Sanidad, calcula a partir de los datos del equipo de Vigilancia de Mortalidad Infantil del Ministerio de Salud que este indicador empeoró en un año: pasó de 14,8 fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos en 2015 a 19,6 en 2016, según cálculos de Oletta a partir de los datos oficiales. Esto significa un aumento de 31% en la tasa.

“Este es uno de los indicadores más sensible y que refleja desarrollo de pueblos y calidad de atención sanitaria. Si la mortalidad va subiendo estamos muy mal como país en términos de desarrollo”, señala.

Testimonios desgarradores

El martes 12 de abril de 2016 a Audys Valera se le adelantó el parto de su quinto hijo. No temió porque el varón que tuvo hace siete años nació con solo siete meses de gestación y en ese mismo hospital lo salvaron. Así que esa noche, a las 7:00 pm, su esposo la llevó con fe.

El quirófano del piso 10, que está al lado de la Sala de Cuidados Intensivos Neonatales, no funcionaba. Ella solo escuchó que no encontraban las llaves. La bajaron al piso 6 y ahí nació Arcángel a las 9:00 pm. Respiró y lloró. El llanto la hizo calmarse porque le dijeron que era síntoma de que nació sano. La enfermera lo subió al piso 10 protegido solo por sus brazos y no en una incubadora porque no había alguna disponible en ese momento. Duró 25 minutos cargado por la enfermera porque el ascensor no llegaba. A la media hora desde que la enfermera logró llevar al niño a los cuidados intensivos a Audys le informaron que su hijo no podía respirar y fue intubado en una cuna abierta, aunque requería una incubadora.

Durante tres días el niño mejoró y comenzó a comer por sonda. El sábado otro bebé que estaba al lado de su hijo falleció y el domingo, cinco días después, Arcángel pudo usar la incubadora del que no sobrevivió. “Cuando fui a visitarlo vi que le habían puesto el gorro que el otro niño estaba usando. La incubadora se veía sucia y un pie lo tenía morado. Pasó el día durmiendo cuando él era inquieto y las enfermeras días antes me decían que me lo iban a dar para llevármelo porque ya estaba bien. Nadie me dio respuestas y en la tarde estaba más decaído. Me pidieron más exámenes porque presumían una infección y yo les pregunté si la incubadora estaba esterilizada. Me dijeron que no porque no había nada para desinfectar”, cuenta Valera.

La mujer y su esposo se fueron a su casa y a las 9:00 pm los llamaron para decirles que tenían que volver al HUC porque su hijo tuvo una recaída. Al llegar, el niño ya había fallecido. “Me preguntaron que por qué había tenido a mi hijo ahí. Que si yo no sabía que ese lugar estaba contaminado. Esa semana muchos padres pasaron a llenar un libro en el hospital denunciando las muertes de sus bebés, pero jamás hubo una explicación”, cuenta la madre.

Cinco días después de que murió Arcángel colapsó la Terapia Intensiva y ameritó que hasta dos recién nacidos fueran intubados en la misma cuna. En el HUC la terapia intensiva tiene cupo para 8 bebés, pero hacinados atienden hasta a 14.

La muerte de Arcángel se pudo evitar. Un mes antes de que naciera el niño, la Dirección del HUC –que la presidía la actual ministra de salud, Antonieta Caporale– tenía en sus manos un informe que alertaba que los equipos y materiales que se utilizan no se estaban esterilizando, porque escaseaba el material de limpieza para el lavado de las incubadoras y que se necesitaba un estetoscopio por paciente para evitar la transmisión de infecciones porque en ese momento con uno atendían a todos.

Arcángel fue uno de los 51 niños que murieron en el HUC hasta abril de 2016 de los 1.534 nacimientos reportados hasta ese momento en el centro asistencial. En los primeros cuatro meses del año, el Universitario ya había superado la mortalidad total de 2015, cuando 47 niños con menos de 28 días de nacidos murieron en los 12 meses.

En el resto de 2016 siguió el luto. Se sumaron por lo menos otros 88 niños a la lista de decesos.

Entre ellos está la hija de Luis Rivero. Ahsley nació el 8 de junio a las 33 semanas de gestación. Desde el vientre se sabía que tenía gastrosquisis, un tipo de defecto en la pared abdominal que hace que los intestinos y otros órganos se desarrollan fuera del abdomen. “La operaron cuando nació y salió bien. En el cuidado neonatal empezaron los problemas. El área estaba infectada, bañaban a los bebés en un lavamanos. No tenían aire acondicionado ni tampoco el alimento. Los padres de otros seis bebés con los que compartía habitación tuvimos que hacer una vaca para comprar lípidos en la Policlínica Metropolitana y eso nos costaba 15.000 bolívares en ese momento. Ese mes gastamos 60.000 bolívares porque no había nada y nuestro sueldo era de 15.000 bolívares”, cuenta su padre.

El acta de defunción de Ahsley indica que murió de “shock séptico”, que ocurre cuando hay una infección en todo el cuerpo producida por hongos y bacterias, que acarrea que la presión sanguínea baje más de lo usual.

Bajos de peso

En Caracas, en la Maternidad Concepción Palacios, fallecieron 254 niños de los 8.459 que nacieron en 2016. Este centro de salud  –a donde van a parir mujeres de Caracas, Vargas y Miranda–  se ubica en el número 16 de la lista de hospitales con más muertes infantiles y supera ampliamente la tasa nacional con 30 fallecidos por cada 1.000 nacimientos. El número es alto si se toma en cuenta que a partir de mayo de 2016 la sala de parto estuvo clausurada por una remodelación.

De los 8.459 niños que nacieron en 2016 en la Maternidad, 1.448 (17,12%) pesaban menos de 2.500 gramos. Pero en 2009 nacieron 980 bebés con menos de 2.500 gramos de peso, lo que representa 13% de los 7.099 nacimientos de ese año.

Oletta explica que de una muestra de 5.467 bebés que fallecieron en 2016 en todo el país más de la mitad estaban bajos de peso: 939 pesaron menos de un kilo (17,2%), 936 estaban entre 1.000 y 1.499 gramos (17,1%), otros 1.299 pesaban entre 1.500 y 2.499 gramos (22,5%) y 2.363 bebés nacieron con más de 2.500 gramos de peso (43,2%).