El Universal | Escasez de harina compromete hostias para Semana Santa

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La escasez no solo golpea los hogares venezolanos, también alcanza los templos católicos, en cuyos altares se comparten las hostias con la misma estrechez que las familias más pobres se reparten los alimentos en medio de la crisis.

La producción del principal signo cristiano, que para los creyentes encarna el mismo cuerpo de Cristo, está en riesgo. En el país recrudece la escasez de harina de trigo para su elaboración, una coyuntura que suscita mortificación entre los practicantes más asiduos y deja sus secuelas en las celebraciones litúrgicas.

La situación obliga a los sacerdotes a tomar restricciones de cara a la Semana Santa, época en la que la comunidad conmemora la pasión, muerte y resurrección del Mesías. La preocupación se escurre desde el taller de las Siervas de Jesús, en la parroquia Altagracia, una de las principales congregaciones abocadas a la producción de obleas, que son consagradas para la comunión.

La religiosa Concepción Gómez, superiora de la comunidad, advierte que es la primera vez en 40 años que padecen una crisis como esa, desde que atienden el carisma del pan. “Si no hay harina, no hay hostias y sin hostias no hay eucaristía”, asiente. El desabastecimiento no solo arropa a ese taller situado en el centro de la ciudad, además envuelve a otros cuatro centros de producción en las ciudades de San Cristóbal, Los Teques, Margarita y en el Colegio Belén, en Caracas, desde donde las Siervas de Jesús distribuyen a decenas de parroquias del país.

Solo la casa de Altagracia, en Libertador, produce hasta 80 mil hostias por día, una cifra que flaquea por la crisis que hace dos semanas los obligó a detener la producción por tres días. La situación también afecta a las Adoratrices, Agustinas, Siervas del Santísimo y a las Hermanas Catequistas de Lourdes, quienes también se dedican a la producción.

Solo en Caracas existen 119 parroquias y 14 vicarías que demandan el pan para las misas. En la ciudad las Siervas de Jesús son responsables de abastecer a la Catedral, los templos de San Francisco, Santa Capilla, Candelaria y Corazón de Jesús, por mencionar algunos.

La hermana Carmen Suárez, encargada del taller, asegura que en la Semana Mayor la demanda se triplica, lo que ha obligado a restringir la distribución para garantizar insumos a todas las iglesias. Sostienen que, de empeorar el panorama, no descartan enviar los recortes de las obleas para destinarlos a la comunión. Por ahora son repartidos entre familias  pobres que llaman a la puerta para pedirles comida. En el taller la jornada no para, el entusiasmo domina el día, pero saben que tienen en contra la escasez. “Si nos falta el alimento espiritual, nos falla la fuerza espiritual que es la que más necesitamos”, dice Suárez.

En el mercado negro un saco de harina se cotiza entre 80 y 120 mil bolívares, lo que pone a las religiosas en una carrera a contrarreloj para asegurarse la materia prima. En la Basílica de Santa Teresa los  sacerdotes recomiendan a la feligresía no comulgar con la mano, pues las hostias son más delgadas y se desintegran con facilidad. En algunas parroquias los presbíteros han tenido que partirlas en cuatro para rendirlas.

Movidos por la urgencia, los feligreses han iniciado en las redes sociales una campaña denominada “Dona Harina por amor a Dios”, con la que pretenden recaudar materia prima para que las Siervas de Jesús puedan asegurar el pan en la mesa de Dios.