Es casi imposible llegar al quirófano con todos los insumos y medicamentos

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Los familiares de los operados no esperan; corren por medicamentos. (Foto/Jhovan Valdivia)
Los familiares de los operados no esperan; corren por medicamentos. (Foto/Jhovan Valdivia)

Una mujer a punto de cesárea, una anciana enferma de la vesícula, una adolescente intervenida por amigdalitis, un bebé que depende de una válvula y un joven con fractura de hueso. Distintas edades, diferentes padecimientos y una misma crisis: no consiguen fármacos para ser operados o para mejorarse después.

 

Ana Vega, antes del parto:  “No sé a dónde más recurrir”.
Ana Vega, antes del parto:
“No sé a dónde más recurrir”.

La hinchazón en los pies delata los recorridos de Ana Vega. Está a menos de 24 horas de dar a luz pero, en vez de preparar la canastilla, invierte todas sus fuerzas en encontrar las cinco ampollas que le recetaron para prevenir hemorragias en la cesárea que le practicarán en una clínica de San Cristóbal. En esto se le han ido los tres últimos días.

Conseguir todas las medicinas y los insumos es tarea casi imposible para muchos tachirenses que por estos días necesitan someterse a intervenciones quirúrgicas, de cualquier tipo. La escasez y el desabastecimiento castigan por igual a recién nacidos, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos, para quienes llegar con las manos vacías al quirófano no puede ser una opción.

Vega, que tendrá un varoncito, se ha movilizado por las farmacias en carro, en transporte público, en mototaxi y a pie. “Ya no sé a dónde más recurrir, no las consigo ni de marca, ni genéricas, ni parecidas”, relata, impaciente. Tampoco en su cuenta de Facebook le han dado razón a su servicio público, uno más entre la montaña de solicitudes que a diario atiborran las redes sociales y mensajerías de teléfonos.

La familia está desplegada, estratégicamente, como cuando una comisión de inteligencia quiere esclarecer un crimen. Mientras Vega, comerciante de productos genéricos en San Josecito, carga con el récipe original, su esposo y su hija mayor enseñan fotocopias a los farmacéuticos. Se distribuyeron la ciudad, pero está resultando igual de infructuoso. “En todos lados lo mismo: está escaso, está escaso”, repite la mujer, que el pasado miércoles paseaba con su barriga y que ahora ya debe estar disfrutando de su bebé.

Una carrera de tiempo

También Alix Vega y Génesis Neira, suegra y nuera, parecen competir en una carrera contrarreloj: necesitan completar, en menos de 24 horas, una lista de necesidades quirúrgicas, escrita a mano en un papel, para que la madre de Vega pueda ingresar a pabellón.

Alix Vega y Génesis Neira: “Esto es trágico”. (Foto/Jhovan Valdivia)
Alix Vega y Génesis Neira: “Esto es trágico”. (Foto/Jhovan Valdivia)

Entre los requerimientos se cuentan una decena de tapabocas y de cubrebotas, dos batas de cirujano y una más de paciente, varios insumos, por lo menos cinco medicinas y solución al 0,9 %. Todo para una cirugía de vesícula. El tiempo corre y las habitantes de Táriba aún no encuentran nada.

“Es trágico, porque con todo esto uno ya tiene que pensar es en no enfermarse”, opina Neira, mientras relee el papel. A la abuela enferma, la señora y la joven ahora las une algo más que los lazos familiares: en las farmacias no han vuelto a conseguir sus tratamientos permanentes: antihipertensivos la primera, gastrointestinal la segunda, y anticonceptivos la tercera.

En una de las farmacias más grandes de San Cristóbal coinciden con Marcos Pernía, natural de Pregonero. A su hija adolescente, recién operada de amigdalitis en el Hospital Central, le prescribieron cuatro medicinas, de las cuales en ese establecimiento apenas consigue una. “Por lo menos”, se alegra, como si le hubiese tocado la lotería. Los antibióticos posoperatorios, indispensables para prevenir infecciones, se cuentan entre los más escasos.

Una vida por delante

Johvan Rico:  “No tengo cómo comprar la válvula”. (Foto/Jhovan Valdivia)
Johvan Rico:
“No tengo cómo comprar la válvula”. (Foto/Jhovan Valdivia)

A la bebé de Johvan Rico la tienen que intervenir quirúrgicamente, pero la recién nacida no podrá conocer pabellón hasta tanto el padre no consiga una válvula de presión media neonatal. La vida del joven de 28 años se ha concentrado en hurgar, preguntar y contrastar precios.

El drama de la crisis sanitaria no solo se cuenta desde la escasez, sino desde los volátiles precios de una economía inflacionaria. Si bien en San Cristóbal, el miércoles, no había existencia del aparato, en otras regiones del país sí. Pero su costo oscila entre 300 mil y 500 mil bolívares.

“No tengo cómo comprarla”, confiesa el obrero de la construcción. Mientras obtiene una ayuda gubernamental, Rico también ha debido peregrinar por farmacias hasta dar con la vancomicina, los yelcos y la solución fisiológica que le han ordenado los pediatras. Sin embargo, los recorridos más duros han sido por leche materna, el primer alimento de la bebé.

En el mercado negro especulativo un pote pequeño de leche para neonatos cuesta 4 mil bolívares. Y si el padre, desesperado, tiene bolsillo para una lata grande, la tarifa puede llegar a 8 mil bolívares. Los bachaqueros se nutren del hambre ajena.

Con el yeso a cuestas

Desde el viernes 15, cuando el hermano de Astrid sufrió un accidente, la vida de los Flores gira en torno a farmacias, laboratorios y hospitales. Con el brazo derecho enyesado, el joven sale de la hospitalización a practicarse exámenes preoperatorios que el sistema público no está en capacidad de brindarle.

Los materiales quirúrgicos de traumatología también son un acertijo. Si lo sabrá Astrid, que lleva una semana tras la pista de un clavo, un perforador y una platina. Entre tanto, y como los bachaqueros de las soluciones fisiológicas notaron que el joven las requiere cada seis horas, le bajaron el precio de 3.500 a 1.000 bolívares por unidad.

“Es dificilísimo, nos ha tocado dar muchas vueltas por el ketoprofeno, la penicilina y el kit operatorio”, describe la hermana del paciente, que reside en la vía a Rubio. También ella ha desahogado sus necesidades por cadenas de WhatsApp.

Sin conocerse entre ellos, la abuela, la embarazada, la adolescente, la familia de la bebé y el joven comparten el mismo drama: pasar por el quirófano en un país donde ocho de cada diez medicinas escasean. Los cinco le ponen rostro a una crisis que se refleja en muchas caras.

Para aliviar la crisis

El proyecto de ley especial para atender la crisis humanitaria en salud contempla la posibilidad de decretar una crisis humanitaria en salud en casos de “desabastecimiento prolongado de medicamentos”. También permite que, de manera temporal, la importación de fármacos quede exenta de los requisitos de registro sanitario nacional. La Asamblea Nacional la aprobó en primera discusión, el 5 de abril, y espera por sanción definitiva.

El estatal Servicio de Elaboraciones Farmacéuticas, Sefar, dependiente del Ministerio de Salud, reconoce en su memoria y cuenta 2015 que presentó obstáculos para elaborar medicamentos por “protocolos por parte de entes externos para la aprobación de medicamentos que se encuentran en estado de cuarentena, en las aduanas y en los peajes”. La ley, entonces, ayudaría a destrabar la burocracia.

El 65 % de las medicinas incluidas en la llamada Lista de Medicamentos Esenciales, elaborada por la Organización Mundial de la Salud, no pueden ser adquiridas en el país debido a su inexistencia en las farmacias, de acuerdo con el Parlamento. La OMS ha mostrado su intención de colaborar con la crisis, pero el único que puede hacer la solicitud de ayuda internacional humanitaria es el presidente de la República, Nicolás Maduro.

 

Daniel Pabón