Hablar con las manos: la igualdad de los sordos

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Liliana, Killam y Franklin cuentan sus anécdotas mientras Julio Amado y Mariana Mora hacen de intérpretes.

Si la sociedad entera conociera la lengua de señas, todos podrían comunicarse mejor con ellos. En el Táchira, más de 700 se han agrupado en una fundación que preside Franklin Vivas: “No tenemos que segregarnos ni sordos ni oyentes, tenemos que ayudarnos”, invita. Desde hace casi medio siglo tienen su escuela en San Cristóbal. Y desde hace casi dos años, a sus intérpretes organizados.

“¿Dónde está?”, le pregunta su madre a Liliana Pabón en un mensaje de Whatsapp. Entonces ella toma y envía una foto del lugar en que se encuentre. Otras veces la respuesta viaja por la videollamada del celular: la joven le enfoca una imagen conocida, o se muestra ella y le habla con sus manos. Porque en esas manos morenas caben cómodamente todas las palabras del diccionario.

“Soy feliz así, me identifico siendo una persona sorda y me gusta serlo”, comenta, orgullosa, Liliana. Antes, cuando su comunidad no se había apoderado de la telefonía inteligente, era más difícil su comunicación. “Muchas veces teníamos que escribir palabra por palabra”, recuerda, con esa sonrisa contagiosa que la caracteriza. “Ahora, a nosotros nos han servido muchísimo los avances tecnológicos en este sentido”, expresa ella con sus manos mientras la intérprete Mariana Mora verbaliza sus ideas para esta entrevista.

A Liliana, de 41 años, la aquejó una lechina cuando era una bebé de nueve meses y las fiebres fueron tan altas que perdió la audición. Cuando era una niña desconocía la lengua de señas. “Yo, por ejemplo, decía mamá, era tocando el área de los senos o la identificaba con una seña propia pero no con las señas establecidas en la lengua. O también iba a la bodega y nadie me entendía”, cuenta, como anécdota.

Eran tiempos difíciles para ellos, con técnicas escolares de enseñanza muy distintas a las actuales. “Anteriormente (en la escuela) nos querían obligar a tratar de hablar, a pronunciar palabras, y nosotros no podíamos. Nos gustaba utilizar las manos pero muchas veces no nos dejaban. No terminaban de entender que nosotros éramos y somos sordos”.

Se empezó a comunicar mejor solo desde que, más o menos a sus 19 años, Jorge Luis Medina, considerado el padre de la lengua de señas en el Táchira, la trajo de Caracas en la década de los 90. Ella, entonces, se llenó de paciencia y puso todo su empeño en aprenderla bien. “Jorge es el padre de todos”, le reconoce ahora, agradecida.

Madre de dos hijos varones y oyentes, Liliana explica que el mayor aprendió la lengua de señas venezolanas en el liceo y se ha convertido en su gran apoyo, en su principal intérprete, mientras que el menor, que está pequeñito y “es muy tremendo” -acota, risueña-, aprende.

Organizados y plenos

Con el lema “Inclusión plena con lengua de señas”, mañana empieza la Semana Internacional de las Personas Sordas 2017. En el Táchira la efeméride coincide con todo el proceso de consolidación que viene adelantando la Fundación Tachirense de Sordos, Funtasord-LSV (siglas de la Lengua de Señas Venezolanas). A ella pertenecen entre 700 y 800 personas con esta condición, de todo el estado y de todas las edades.

Franklin Vivas, su presidente, comenta que usualmente tienen como punto de concentración el Centro Cívico, luego de finalizar sus labores. Entre ellos comparten si se han presentado inconvenientes, bien sea por falta de respeto o por algún problema puntual en su cotidianidad. Él ofrece orientaciones a sus compañeros, porque sabe que son situaciones en las que hay que tener paciencia. Muchas veces acuden a los organismos correspondientes para hacer valer sus derechos. “Ya uno ha vivido eso y sabe cómo proceder ante los casos”.

Pero, más allá de presidir Funtasord, Franklin lleva una vida feliz y plena como trabajador, esposo y padre de tres jóvenes hijos varones, todos oyentes y usuarios de la lengua de señas. “Charlamos como una familia común y corriente cuando nos sentamos a comer, cuando hay consultas médicas. Les pregunto cómo se sienten y les aconsejo que tengan mucho cuidado en la calle. Uno también aplica lo de ser profesor en la casa”, le traduce para esta entrevista el intérprete Julio Amado.

En opinión de Killam Márquez, vicepresidente de la Fundación, lo más difícil de no poder escuchar tal vez ha sido el no entender la comunicación, el tratar de comprender a las demás personas y de adquirir la lectoescritura para tratar de entenderse por escrito con la sociedad.

Esposo de una mujer que también pertenece a la comunidad de personas sordas, recuerda que desde muy joven asiste al supermercado mientras se comunica con sus hijos para que ellos le asistan. “Voy observando y haciendo mi compra normal de comida, también paseo con mi hijo menor, de seis años, visitamos lugares y manejo el carro perfectamente, con la vista atenta”, describe.

Liliana, Franklin y Killam tienen mensajes por compartir con las personas sordas y con el resto de la sociedad tachirense.

“A los compañeros, les digo que no podemos estar vendados, que tenemos que aprender la lengua, ponerle empeño y no permitir que abusen de nosotros. Y a la sociedad, que entiendan que todos somos iguales”, opina Liliana.

“Tanto sordos como oyentes debemos tener una mejor comunicación porque, si la persona sorda se integrase con la persona oyente, y viceversa, tuviésemos un mejor futuro para todos y tendríamos más avances en integración, mejor accesibilidad y más intérpretes. No tenemos que segregarnos ni unos ni otros, tenemos que ayudarnos”, aporta Franklin.

“Quienes usamos las redes sociales sabemos que es muy importante el uso del español, porque muchos lo utilizan, pero de igual forma las personas sordas debemos tratar de irnos entendiendo y los oyentes que conozcan a un sordo también irlo entendiendo”, sostiene Killam.

Los tres coinciden en una idea más, que consideran importante: la de no utilizar el término indebido “sordomudo” (mal empleado, porque su aparato fonador funciona correctamente, sus cuerdas vocales se encuentran en buen estado) y sí emplear, en cambio, las formas “personas sordas” o “sordos”. Bajando su mano extendida, ellos sabrán dar las gracias.

 

Pionera en la formación

Con 48 años de trayectoria, la Unidad Educativa Especial “Tulio Viera Portillo” es la pionera y única del Táchira en impartir educación formal a niños sordos. En su sede de la Unidad Vecinal atienden una matrícula de 34 estudiantes en los niveles de inicial y primaria.

Los docentes trabajan con el Currículo Nacional Bolivariano, explica la directora de la institución, Vilma García. Las competencias académicas son las mismas, lo único que varía son algunos ajustes en cuanto a las estrategias, porque el niño debe adquirir inicialmente su primera lengua, que es la lengua de señas; es decir, lo primero para ellos es enseñarlos a hablar con las manos, como un papá enseña a hablar a un niño oyente en la casa.

Como lo establecen las políticas educativas en deficiencias auditivas, en el aula se hace obligatorio el acompañamiento de un adulto sordo, bien sea docente o auxiliar, porque son ellos quienes van a asegurar el entorno adecuado para cumplir estos aprendizajes académicos, apunta García.

Desde esta unidad educativa también emiten certificados de niños que, por razones geográficas, asisten a los diferentes institutos de educación especial localizados en municipios foráneos de la entidad.

Los niños egresados de la “Tulio Viera Portillo” continúan sus estudios de media general en el Liceo Elba Beatriz Ramírez de Ortega (EBRO), pionero en recibir a jóvenes sordos. A la fecha, se conoció que son 28 los estudiantes que con esta condición cursan los diferentes años, integrados con una población oyente que los acoge con cariño.

García agradeció que, a través del Ministerio del Poder Popular para la Educación y la Zona Educativa Táchira, ha habido un ingreso importante de personas sordas al ámbito laboral en las diferentes instituciones de educación especial. “El Ministerio y la Zona Educativa siempre han integrado a personas con alguna discapacidad, entre ellas, las personas con discapacidad auditiva”, dijo.

En la “Tulio Viera Portillo” igualmente dictan talleres de lengua de señas para padres y representantes y público en general.

 

Una lengua muy rica

Empezaron como un grupo de compañeros que se reunían para solucionar la necesidad de intérpretes de personas sordas en distintos ámbitos como el jurídico, religioso, educativo, sanitario y deportivo. Luego, en diciembre de 2015, unos 25 profesionales de la región dieron el paso de conformarse en la Asociación de Intérpretes y Traductores del estado Táchira (Asoita).

Su vicepresidente, Julio Amado, indica que son pocos y que por eso muchas veces les toca multiplicarse para atender todas las solicitudes. Él mismo, que no cuenta con familiares sordos, se vinculó a este mundo al tiempo que cursaba su carrera de Educación.

La lengua de señas venezolanas es tan o más rica que el castellano, compara Amado. “Es aglomerada; esto quiere decir que, lo que se puede decir en dos o tres líneas del castellano, en esta lengua se puede resumir en pocas señas”. Aprender el nivel básico puede tomar aproximadamente tres meses.

Expresarse con esta lengua no implica únicamente una configuración manual; en realidad, involucra todo el cuerpo. Las expresiones faciales, la orientación, los movimientos… todo cuenta a la hora de hacer énfasis y transmitir la intensidad de una idea. “La expresión tiene una carga semántica muy importante”, aclara Amado.

En el contexto de esta Semana Internacional de las Personas Sordas, el próximo 27 tendrá lugar un encuentro de saberes en el auditorio de Corposalud, donde los intérpretes presentarán sus proyectos científicos y de investigación, indica Mariana Mora, secretaria de Asoita. También habrá talleres de formación sobre interpretación en los contextos judicial, de salud, televisivo y educativo, entre otros. El sábado 30, Día Internacional del Intérprete y Traductor de Lengua de Señas, tendrán prácticas interpretativas en horas de la mañana en el Parque Metropolitano.