#SanCristóbal5Sentidos | 1: la vista | La San Cristóbal de los mil huecos y la multiplicación de los tarantines

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¡Bienvenidos a San Cristóbal!, dice en letras amarillas, rojas y verdes; el tricolor de esta ciudad que se apresta a cumplir 456 años. Uno, dos, tres… cuidado, se ven huecos en el contorno del terminal. 50, 51, 52… cuántos desniveles en las calles del centro y Puente Real. 200, 201, 202… aunque se observan tramos asfaltados, quedan baches destapados en el comercial Barrio Obrero. 720, 721, 722… el que los desconozca, seguro le caerá a alguno en Pueblo Nuevo. 1.000, 1.001, 1.002… son troneras, y llevan tiempo creciendo, de Santa Teresa a Cueva del Oso. Y así hasta completar la cuenta: 1.400.

De 1.400 es el inventario vial aproximado de huecos críticos a tapar que calculan en la alcaldía. Algunos están regados, como lunares en la piel, sobre la empinada calle 5 de La Guacara parte alta. Llevan ahí más de tres años, atestigua Ingrid Ayala, una residente que hace unos meses, mientras guardaba su carro en el estacionamiento, cayó en uno y espichó el caucho. “¿Quién me paga eso?”, se pregunta la habitante, al recordar que también un motorizado, por tratar de esquivar el conjunto de troneras, pasó de largo y se estrelló.

En calles y avenidas se consiguen una o más ventas de este tipo. (Foto/Gustavo Delgado)

Las víctimas del asfalto roto llegan cada semana a talleres mecánicos como el de Mario Medina, en la calle 7 con carrera 16 del Barrio Lourdes donde, para mayores señas, yace un hueco “explotacauchos”. Por la inflación, los precios duelen más que las caídas: van desde 60.000 bolívares en el caso de alguna de las piezas que sufren con frecuencia, como amortiguadores, muñones, terminales, gomas y bujes, hasta 600.000 bolívares la renovación de un tren delantero completo, dependiendo del grado de deterioro.

Aunque la gente no ve por debajo del asfalto, otros huecos de la vialidad sancristobalense son engendrados por botes de agua, roturas de tuberías viejas y demás problemas hídricos.

Por la intersección de la calle 4 con carrera 14 del centro baja un embaulado de aguas de lluvia que son tributarias de la quebrada La Bermeja, uno de los 12 caudales que surcan San Cristóbal. De tanto ir y venir de carros por ese cruce estratégico, el terreno colapsó y se hundió, describe Orlando Ramírez. “Vinieron e hicieron la reparación, pero no asfaltaron, entonces volvió a aparecer el hueco”, da cuenta el vecino. Esta es una tronera atravesada: el conductor familiarizado la esquiva por la derecha o por la izquierda.

Continúa plan de bacheo

Las lluvias extraordinarias de los últimos días han rellenado de agua marrón huecos profundos como el de la carrera 15 entre calles 8 y 9 de Barrio Obrero. Esas inclemencias del tiempo obligan a suspender temporalmente los trabajos, argumentan desde la Alcaldía de San Cristóbal. “Ya iniciamos el plan de bacheo, esperamos que mejore el tiempo para continuar”, confía su director de Infraestructura, Raúl Moreno.

De los impuestos que pagan los contribuyentes a la municipalidad, este año invertirán 450 millones de bolívares en bacheo (tapar huecos) y carpeta corrida (asfaltar toda la calle) en el contexto del plan “San Cristóbal mejores vías”.

El inventario vial 2017 contempla vaciar casi 12.000 toneladas de asfalto, una cantidad parecida a la de 2016, periodo que terminó con 12.880 toneladas aplicadas. Lo harán, explica Moreno, con maquinaria alquilada, dos frentes de trabajo y un tercero de “bacheo liviano”: un camión que tiene la misión de descargar cuatro toneladas diarias de asfalto por la ciudad.

La alcaldesa Patricia de Ceballos prometió en agosto pasado tapar 1.834 huecos críticos en un mes. Les faltó cumplir casi 40% de la meta, porque cubrieron 1.133. “No se logró por el despacho de asfalto, por los problemas de materia prima como gasoil, cemento asfáltico, para la preparación del mismo y una serie de inconvenientes”, enumera el funcionario. Esto, sin contar que Caimta (empresa del gobierno regional recién tocada por denuncias de corrupción) todavía les adeuda 600 toneladas de asfalto.

Así se ve la ciudad desde uno de los 1.400 huecos urgentes por tapar. (Foto/Carlos Eduardo Ramírez)

Necesidades de acera

Es temporada de multiplicación de tarantines. En el espacio urbano de la San Cristóbal cumpleañera, sobre las vías ahuecadas o remendadas también han proliferado vendedores ambulantes. Pero no los que se atornillaron hace tiempo en las aceras de las avenidas Quinta y Séptima. Ahora, en cualquier esquina, en cada cuadra, se va haciendo cotidiano encontrar mesitas plásticas o portamaletas de carros llenos de canastas o cavas. Detrás de estas nuevas ventas informales se ven las caras de desempleados, jubilados y jóvenes profesionales.

Desempleados, como Ingrid Mantilla, que tenía 17 años ejerciendo como secretaria y nunca en su vida había hecho otra cosa. Cuando en diciembre pasado la empresa cerró, ahogada por la crisis económica, la técnico en administración gerencial no halló más trabajo. Diagonal a su casa, lo que empezó como un ensayo dominical se convirtió en rutina semanal: vende los pastelitos de yuca (700 bolívares) con aguapanela (350 bolívares) que prepara en su cocina y los quesos criollos que le traen de Coloncito.

Jubilados, como Rosa Molina. La necesidad motiva a esta adulta mayor a mantenerse en la acera, al sol y a la lluvia y con tos crónica, vendiendo por las tardes leche líquida (2.800 bolívares), sobre todo para teteros de niños. “Los 40.000 bolívares de la pensión no alcanzan para nada. Así como yo, un vecino también vende a veces arepas de trigo”, comenta.

Jóvenes profesionales, como Damary González. Licenciada en educación física, de 29 años, no ejerce su profesión por falta de empleo. Con mesitas por ambos canales de la avenida, en la principal de Barrio Sucre, ofrece pan dulce (2.100 bolívares) y salado (1.200 bolívares) junto a cartones de huevos (7.500 bolívares). La convirtieron en una actividad familiar, en la que participan primos y esposos, explica la también recreadora ocasional de fiestas infantiles.

Normar este fenómeno implicaría crearles derechos a los informales. Estos espacios públicos se podrían delegar de manera eventual, pero no permanente, advierte el concejal Gerardo Rincón, presidente de la comisión de Servicios Públicos. Si lo quisieran sin límite de tiempo, entonces deben ajustarse a la Ordenanza de Actividades Económicas, lo que significa formalizar el comercio.

Más allá de los legalismos, y por encima incluso del malestar de los huecos, algo une a Ingrid, a Rosa, a Damary y a tantos sancristobalenses que se dejan ver en las calles de su ciudad: le venden comida a otros para poder comprar su propia comida. Se ve necesidad.

 Se ve desorden, matraqueo y gente pidiendo comida

Sobre el sentido de la visión, La Nación preguntó a sus más de 80.000 seguidores en Facebook: ¿Qué ve usted a diario en San Cristóbal? Estas son algunas de sus respuestas:

-José de la Cruz: veo gente dispuesta a salir adelante, símbolos de lucha y esfuerzo. Busetas atestadas de gente que sale temprano a trabajar o regresa al hogar luego de una faena ardua.

-Ernesto Maldonado: veo una ciudad acéfala, sin orden y sin autoridad que la represente.

-Mariángel Martínez: a pesar de todas las dificultades, veo una ciudad cubierta de hermosas montañas. A pesar de los cambios, todavía algunos mantienen su cordialidad.

-Luis Orozco: veo una ciudad devastada por la inseguridad. Ojalá pudiéramos recuperar la ciudad de antaño.

-Narda Castillo: veo atracos las 24 horas y nadie hace nada. Mi bella ciudad, convertida en un caos total.

-Maristania Delgado: huecos. Sin alumbrado. Mucha gente pidiendo comida.

-Raquel Ortiz: veo a diario el Centro Cívico quemado (…) la ciudad de la cordialidad se perdió en la mal llamada viveza criolla y el nefasto gobierno de turno.

-Johan Martínez: veo policías matraqueando o pegados al teléfono o buceando y faltando el respeto a menores de edad.

-José Martínez: nada bueno, puro buhonero y todo caro.

-María A. Mora: bachaquero por todos lados.