#SanCristóbal5Sentidos | 2: el oído | Cornetas y peatones entre obstáculos en una San Cristóbal sin plan de movilidad

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Los oídos reciben la descarga de una planificación urbana que piensa más en las ruedas y menos en los pies. La gente transita la capital, pero no la vive

Una orquesta sin director ofrece serenatas gratis en el centro de la San Cristóbal cumpleañera. Repetitivas sin necesidad, las cornetas de transportistas públicos y conductores particulares se propagan con el viento, unas agudas como flautas y otras graves como trombones. Las busetas destartaladas y los carros envejecidos se asemejan a timbales y triángulos con la percusión de cada frenazo. Algunos pájaros en la plaza Bolívar trinan cual cuerda de violín, pero los opacan los gritos de contrabajo de tantos buhoneros y los vallenatos de tímpano de los vendedores de CD. Al cambiar sonidos por ruidos molestos, al gran anfiteatro a cielo abierto que es la ciudad lo desgasta la contaminación sónica.

No existen soluciones mesiánicas, como un nuevo sistema de transporte masivo, así sin más, para bajarle el volumen a la capital metropolitana del Táchira. La autoridad que dirija esa orquesta debe planificar en función de un sistema; por eso, ahora en el mundo se hacen planes integrales de movilidad. Pero San Cristóbal carece de uno, coinciden las profesoras de Arquitectura de la Universidad Nacional Experimental del Táchira, Fabiola Vivas, Arelys Méndez y Yasmín Duque.

En el centro, los carros le roban al peatón el espacio natural. (Foto/Jorge Castellanos)

La alcaldesa Patricia de Ceballos admite que no han generado un plan integral de movilidad, pero rescata que han desarrollado programas y planes piloto, soluciones particulares, con la visión de poder corregir problemas puntuales.

“Hay unos problemas coyunturales, que tienen que ver con lo inmediato, lo visible, lo palpable, como las cornetas y el exceso de vehículos, pero hay unos problemas estructurales, de fondo, que son lo más importante. El fondo tiene que examinar un plan de movilidad”, asiente la profesora titular Fabiola Vivas, fundadora del Programa de Habitabilidad dentro del Grupo de Investigación Arquitectura y Sociedad (GIAS, por sus siglas) en la UNET.

Movilidad se tiende a relacionar con vialidad, a asociar con carros. En realidad, designa todas las formas de desplazamiento de los ciudadanos, con énfasis en el peatón y en los grupos más vulnerables, define Arelys Méndez, investigadora responsable del GIAS. El paradigma vigente ya no gira en torno al vehículo; se ha comprobado que 70 % de la población se moviliza en transporte público y solo 30 % en su carro. De allí que los planes deban orientarse hacia esa mayoría. Pero, en San Cristóbal, ¿puede una madre caminar tres cuadras con un coche de bebé sin hallar obstáculos?

Carrera de dificultades

El peatón es el actor más débil dentro del espacio público. Un paseo lo demuestra.
Por sus pendientes, esta no es ciudad que encaje en la clásica planificación urbana de cuadrículas. Observe las cuestas que llevan del centro a Barrio Obrero. Atravesar la carrera 13, entre calles 15 y 16 de La Romera, implica sortear escaleras maltrechas, rampas y desniveles que ya son familiares para Andrea González, habitante de esa cuadra. “La mayoría de gente que pasa por aquí lo hace por la calle, no por las escaleritas”, confirma.
Ellos pagan las consecuencias de que, en la planificación de San Cristóbal, se haya obligado el paisaje a la cuadrícula. Esos desniveles terminaron convirtiéndose en barreras para el peatón, observa Yasmín Duque, investigadora responsable del Programa de Habitabilidad del GIAS. “Lo recomendable es adecuar el relieve a recorridos mucho más agradables que los de ahora”, sugiere.

En las cuestas de La Romera se obligó el paisaje a la cuadrícula. (Foto/Jorge Castellanos)

Camine luego por La Guacara o por la avenida Guayana: pisará aceras con postes atravesados o inclinados. Transite después por los alrededores de la nueva UCAT o por el tramo de la avenida Las Pilas, en su cruce con la principal de Pueblo Nuevo: se hallará pegado al monte para evitar que un carro lo embista, porque ni siquiera hay acera construida.

Aunque sectores como La Concordia y la Unidad Vecinal son ejemplo de planificación y urbanismo, Vivas sopesa que en términos generales son muchas las patologías del espacio público. Desde aceras muy angostas -como las de las carreras del centro-, pasando por comportamientos incívicos -como los conductores que estacionan sobre la orilla de la plaza Juan Maldonado-, hasta fracturas del material de piso -en algunas plazas y caminerías-. La movilidad es un derecho espacial del ciudadano, recuerda la profesora universitaria. “Un espacio público accesible es un espacio público democrático”, alecciona.

Los alivios puntuales

Porque es “una de las principales necesidades del municipio”, la alcaldesa Patricia de Ceballos desgrana sus acciones en materia de movilidad: el asfaltado continuo, el mantenimiento a los más de 100 semáforos, más las cuatro intersecciones semaforizadas que recién instalaron en Barrio Obrero por 40 millones de bolívares, la demarcación de paradas del transporte y la operación remolque del 2015, que retomarán en este segundo trimestre del 2017. Esto, advierte, aunque la economía inestable y la espiral hiperinflacionaria generen variables contrarias a la Administración pública.

La recolocación de semáforos, en este caso, no parece la solución más pertinente porque frena la movilidad en pocas cuadras, apunta Duque, cuyo trabajo de maestría analizó Barrio Obrero.

3 ordenanzas sobre movilidad están en fase de elaboración en el Concejo Municipal: la de taxis, la de par vial y la modificación a la de transporte, que contempla un tribunal disciplinario supervisor de las unidades y que dispondrá 1.000 fiscales de la comunidad en las calles, adelanta el concejal Jesús Salcedo.

Sobre soluciones viales, la alcaldesa destaca el cruce de la avenida Libertador con la principal del barrio José Gregorio Hernández y actualiza que la intersección entre el Colegio de Contadores y la Ferrero Tamayo se observa paralizada por el proceso de licitación y contratación. En proyecto, revela, están el empalme vial entre la zona industrial de Paramillo y Palo Gordo, así como una ampliación a un tramo de la principal de Pueblo Nuevo.

Más que la ampliación de vías existentes, Méndez se enfoca en zonas de la ciudad que requieren más tejido; en macromanzanas, como la que va de la Gran Avenida hasta el semáforo de Las Pilas. En medio, podría abrirse una distribución, una vía alterna que sirva como conexión o desahogo hacia la paralela avenida Norte de Pueblo Nuevo.

Sueños sobre la bulla

De día ponen cornetas en puertas de locales del centro y ruedan música para atraer la venta. De madrugada, carros-miniteca con potente sonido no dejan dormir a los vecinos del Complejo Ferial. A cualquier hora, el ruido constante en San Cristóbal jamás debería exceder de 70 decibeles en sectores comerciales y residenciales, establece la Ordenanza sobre Ruidos Molestos. Los infractores tienen que cancelar multas o acudir a citaciones.

De momento, solo la Policía de San Cristóbal vela por su cumplimiento. El concejal Jesús Salcedo, presidente de la comisión de Movilidad del Concejo Municipal, llama a los agentes de la Guardia Nacional, Policía Nacional y Policía del Táchira, a también hacerla cumplir.
El objetivo, al final del día, debe ser que para todos se escuche una mejor San Cristóbal. Vivas considera que esta es una ciudad-paisaje, con varias quebradas sin visibilidad, que debería valorar más esas cualidades. Una ciudad en la que los ciudadanos valoren su espacio público y convivan sin agresiones cotidianas. Partiendo de que a San Cristóbal apenas la transitamos, Duque llama a vivirla como “ciudad humana”. Méndez imagina una urbe sin cableado aéreo, con aceras muy amplias, miradores bien consolidados y estacionamientos estratégicos, para que ir al centro o Barrio Obrero no sea un trauma. ¿Cómo sería su San Cristóbal ideal?


Las ocho claves que hacen falta

Las investigadoras de la UNET, Fabiola Vivas, Arelys Méndez y Yasmín Duque, esbozan ocho líneas guía que debe contener un plan integral de movilidad para San Cristóbal:
1) El peatón debe ser el protagonista, hay que planificar en función de él.
2) La inclusión de ciclovías en el espacio urbano.
3) La coexistencia de un sistema de transporte público articulado.
4) Sobre los vehículos particulares; estacionamientos estratégicos y desincentivar su uso (en Londres, por ejemplo, pagan peaje para transitar por el centro).
5) Horarios para el transporte de carga.
6) Otras formas de transporte entre la capital y los poblados satélite como Táriba, Palmira, Capacho, Cordero y San Josecito.
7) Pensar en más de un terminal, para que el centro deje de ser la estación principal a cielo abierto del área metropolitana, lo cual afecta al peatón.
8) La accesibilidad universal: que todos gocen de las mismas condiciones de movilidad. Lo que no hace falta en San Cristóbal son nuevas vías, sentencian las tres académicas.


Se escucha gente pidiendo
comida, campanas y tiros

Sobre el sentido del oído, La Nación preguntó a sus más de 80.000 seguidores en Facebook: ¿Qué se escucha en San Cristóbal?, ¿con cuáles sonidos la identifica usted?  Estas son algunas de sus respuestas:
-Maristania Delgado: escucho a la gente buscando harina, arroz, leche, papel higiénico, toallas sanitarias, jabón, crema dental, y gente pidiendo les regalen algo de comer. Hace más de 20 años me despertaban las voces de los vendedores de periódicos.
-Mariángel Martínez: escucho el sonido de las campanas que anuncian la misa, el grito del vendedor de café y el sonido del viento al atardecer, con su brisa y el cantar de las aves.
-Genaro Mendoza: escucho los tiroteos que se arman en la avenida Carabobo en las madrugadas, así como los autos con equipos de sonido a todo volumen.
-Angélica Saavedra: escucho las voces del hambre.