#SanCristóbal5Sentidos | 4: el olfato | Una San Cristóbal aromatizada por tantas bolsas con desechos

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Las 42 rutas de recolección funcionan en más de 80 %. Algunos sacan los desperdicios después de que pasa el camión. Cada habitante genera, en promedio, un kilo 200 gramos de basura. Como la mayoría de lo que se bota es recuperable, una mejor gestión integral de residuos pasa por reducir, reutilizar y reciclar

Arranca y para… arranca y para… el “Titanic” avanza por la San Cristóbal cumpleañera a una velocidad promedio de 10 kilómetros por hora. A su paso las narices inhalan el que, dicen los habitantes, se volvió uno de los olores urbanos más característicos: basura.

El “Titanic” es uno de los de mayor capacidad entre los 27 camiones recolectores que dan vueltas por el municipio de lunes a sábado. Si los trabajadores del aseo lo llaman así, no será solo por su grandeza: “Lo estamos probando porque duró un año ‘hundido’, sin encontrarle los repuestos”, comenta Wilmer Niño, jefe de mecánicos de una de las cuatro empresas privadas que licitaron el servicio y mantienen contratación con la alcaldía.

A la mayoría de la flota le tienen apodos: “El Dragón”, que es más grande y recoge bastante, debe andar por otra de las 42 rutas de recolección que la municipalidad diseñó luego de dos años de estudios; a “El Polar”, porque es azul y blanco, le toca otro sector; y en alguna otra zona “El Palomo”, un vehículo todo blanco, deshará montañas de bolsas.

Este es el “Titanic”, uno de los 27 camiones que cumplen rutas de recogida. (Foto/Tulia Buriticá)

El “Titanic” arranca y para… arranca y para… al paso de sus recolectores, Félix Luna y José Cárdenas. A Luna casi no le afectan los olores de los desechos, quizás porque llevarlos de la acera al cesto del camión es algo que ha perfeccionado durante los últimos 18 años, que son prácticamente la mitad de su vida. Cárdenas también se declara inmunizado.

Desayunan ligero, como siempre, antes de recorrer Barrio Obrero. Cada uno toma el control de una acera. Los paquetes más pequeños los encestan cual pelota de baloncesto, pero otros sancristobalenses abusan con el peso máximo de las bolsas y, apenas las levantan, el plástico se revienta y el trabajo de recoger el reguero se torna más complicado.

Una vez por cuadra, en promedio, el cesto se atiborra. Entonces Luna activa los botones negros de un sistema de presión que traga y destripa toda clase de residuos y desechos sólidos. Compactación, se llama. Mientras el camión los guarda en su “estómago”, al mismo tiempo derrama sobre el asfalto un chorro de líquidos residuales conocidos como lixiviados, de olor penetrante y coloración entre marrón y verduzca. Es como si el camión botara sus propios jugos gástricos.

Así no quieran, Luna y Cárdenas tienen que zigzaguear entre carros en movimiento, con bolsas o pipotes en las manos. Así no quiera, la presencia del “Titanic” en una cuadra de Barrio Obrero lentifica la movilidad. El par, sudado ya por tanta actividad física, por tanto ir y venir, se consigue con los buenos, los malos, los autosuficientes y los inconscientes.

Los buenos, que les regalan Coca-Cola para aplacar la sed o algún almuerzo si es mediodía. Los malos, como dueños de casa que les gritan órdenes y reproches o muchos conductores impacientes que les lanzan sus carros. Los autosuficientes, que al ver el camión le arrojan ellos mismos sus bolsas o hasta objetos viejos. Y los inconscientes, que exponen sus basuras después de que pasó el vehículo, dejándola a merced de la lluvia y los dientes de los perros.

Luego de cinco horas, de 15 kilómetros de arrancar y parar… arrancar y parar… el “Titanic” se ha llenado con más de 40.000 kilos. Toca “desembarcarlos” en El Palmar, el vertedero de San Josecito donde San Cristóbal aporta la mitad del total de residuos y desechos que recibe.

Rutas activas, conciencia apagada

La esquina de la calle 10 con carrera 6 del centro es una oda a la contradicción. En un aviso se lee el mensaje “Por favor no bote basura en este lugar, tenga conciencia” y justo debajo las moscas merodean más de 12 bolsas tiradas. Los comerciantes las sacan amarradas, pero luego la gente las destapa para hurgar y hallar prendas útiles, atestigua Rosalba Machado, quien enseña un par de cholas, un morral rosado y unos estuches de CD extraídos de los desperdicios. Al mismo tiempo, el lunes pasado, por la calle 13 de Barrio Obrero una alfombra de desechos regados se tomaba la acera.

Barrio Obrero y el centro son los dos sectores de la ciudad priorizados en el mapa de San Cristóbal que está pegado en la oficina de Eduin Montañez. En ambas zonas limpian (y, en el centro, incluso también barren) de lunes a sábado. Por el resto de las 42 rutas pasan los lunes, miércoles y viernes, en la mitad, y los martes, jueves y sábados, en las restantes, describe el jefe de la división de Saneamiento Ambiental de la alcaldía.

Aunque la recolección ha mejorado, la gente riega desechos a cualquier hora. (Foto/Jorge Castellanos)

Ese mismo lunes, las islas de la avenida Carabobo dejaban ver montones de desechos bajo la sombra de los árboles.

El día después de cada recolección, un equipo de fiscales vigila el cumplimiento del servicio y el comportamiento ciudadano. Sobre lo primero, Montañez evalúa entre 85 % y 95 % la efectividad de las rutas. Sobre lo segundo, justamente en la Carabobo el ayuntamiento ha aplicado casi una decena de multas de 30.000 bolívares (100 unidades tributarias, la primera vez) a comercios en lo que va de año. Pasan de 80 los procedimientos administrativos abiertos en la ciudad por sacar la basura cuando no corresponde.

Pero, ¿qué es lo que retrasa el servicio de recolección? El funcionario pone el ejemplo del único camión de los 27 que pertenece a la alcaldía: está parado porque no consiguen filtros. Los funcionales tampoco gozan de prioridad en gasolineras. El “Titanic”, de hecho, tuvo que interrumpir su ruta de esta semana para hacer cola y surtir gasoil. En todo caso tres de cada cuatro camiones tienen GPS, lo que permite mejorar la contraloría sobre las rutas.

La gestión que hace falta

Cada sancristobalense produce, en promedio, un kilo con 231 gramos diarios de residuos y desechos sólidos. A esta tasa de generación llegó Diario La Nación con las técnicas del periodismo de datos y con base en cifras oficiales del vertedero durante todo el 2016, cruzadas con las proyecciones de población del Instituto Nacional de Estadística.

“Estamos cerca del límite, porque los autores establecen una producción de entre un kilo o máximo kilo y medio”, analiza Karena Rodríguez, docente de la asignatura de Gestión Integral de Residuos Sólidos en la UNET. En países en vías de desarrollo, como Venezuela, esta tasa de generación no debería excederse de 1,2 kilos. Pero el promedio nacional es de kilo y medio, según la Guía para Multiplicadores del proyecto Acción 3R (Feunet, 2015). “Los residuos y desechos que se generan diariamente en el Táchira equivalen a que anualmente se llenen de basura siete estadios como el Polideportivo de Pueblo Nuevo”, compara esa publicación.

Según la Ley de la Gestión Integral de la Basura, son tareas municipales la recolección y el transporte. “En ese sentido, en San Cristóbal todavía no se ha podido consolidar una buena gestión integral”, evalúa la ingeniero agrónomo y especialista en impacto ambiental. Lograrlo pasa por el compromiso de gobernantes, ciudadanos y universidades.

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millones de bolívares gastará la municipalidad este 2017 solo en recolección de residuos y desechos sólidos. Es más o menos una cuarta parte del presupuesto anual de la alcaldía.

Además de conocer la tasa de generación, resulta clave saber cuánta es recuperable. “Se puede recuperar entre 60 y 70 % de los elementos que generamos”, teoriza Rodríguez. Para conocer ese porcentaje local, pasantes de Ingeniería Ambiental de la UNET harán una caracterización, que consiste en separar lo orgánico, el plástico, el vidrio y el cartón. En otros países recogen un día los elementos que se pueden aprovechar (se llaman residuos) y otro día los que no son recuperables y deben terminar en un relleno sanitario (los desechos).

Desde la alcaldía, Montañez avanza que pronto aplicarán un plan piloto de recolección selectiva (vidrio, papel, plástico y cartón), en principio, en cinco sectores de la parroquia Pedro María Morantes. El éxito dependerá del cambio de hábitos de las comunidades.

La práctica de la separación bajaría la cantidad de camiones y optimizaría la recolección en el municipio, avala Rodríguez. Ahora, este proceso no abarca ni 2 % de los 107,6 millones de kilos de residuos y desechos que fueron recogidos en San Cristóbal y depositados en San Josecito durante todo el 2016.

Los habitantes de la San Cristóbal cumpleañera deberían comprometerse más con las tres R. 1) Reducir es generar menos desechos, siendo conscientes en lo que se va a comprar. No es necesario pedir bandejas con la carne o el queso y tampoco tantas bolsas. 2) Reutilizar es darle una segunda vida útil a un objeto usado. El envase plástico sirve para llevar a un comercio de limpiadores genéricos, almacenar agua o sembrar plantas. 3) Reciclar es transformar la función para la que fue hecho ese elemento. Aunque no se pueda hacer en casa, algunas empresas regionales convierten cauchos viejos en pisos antirresbalantes o plásticos en tablones. Así, camiones como el “Titanic” arrancarán y pararán menos… arrancarán y pararán menos…

Las bondades pulmonares de La Maravilla

Para algunos, San Cristóbal huele a pinos; esos que hacen bella la frontera entre Barrio Sucre y Pirineos o las faldas del Chimborazo. Detrás de este cerro se alza la serranía La Maravilla, el Ávila de aquí, ese pulmón vegetal del oeste de la ciudad que, por sus condiciones de humedad, alberga las nacientes de los ríos Potosí y Zúñiga, así como la captación de La Bermeja, fuente de agua para el consumo humano.

Del este (La Maravilla) al oeste (el río Torbes), San Cristóbal está atravesada por 14 quebradas. Contaminadas, sí, porque reciben las aguas servidas de la población. Por esto, según las narices de otros, San Cristóbal huele a caudales de agua sucia.

La vegetación hace posible la generación de agua todo el año. (Foto/Jorge Castellanos)

Aunque también se extiende sobre Cárdenas, Andrés Bello y Sucre, la mitad de las 11.064 hectáreas del Chorro El Indio le pertenecen a San Cristóbal. Biólogos y geógrafos consultados lo catalogan como un parque nacional muy bien conservado. Casa de serpientes como mapanares y corales, de aves en peligro de extinción como el paují copete de piedra y de roedores como la pacaraná, también en riesgo. Igual es territorio de bucares y cedros, que son especies maderables, así como de pinos, orquídeas y heliconias (aves del paraíso), incluso unas muy llamativas, rojas y negras.

Para otros más, San Cristóbal huele a los árboles de su paisaje urbano. Apamates de flor blanca o rosada, cipreses y cujíes, los más tradicionales, han ido cediendo lugar a especies como el oití y el linn, estas últimas cultivadas en el Vivero Municipal y con menos riesgo de rompimiento de aceras y brocales, aventaja Ysrael Ruiz, director de Servicios Públicos del municipio.

Huele a frescura y pasteles

Sobre el sentido del olfato, La Nación preguntó a sus más de 80.000 seguidores en Facebook y a sus más de 24.000 en Instagram: ¿a qué huele San Cristóbal? Estas son algunas de sus respuestas:

-Kimberly Orduño: a frescura, por sus montañas.

-@edelgadoficial: a cafetales en flor y a sinfonías de verdor.

-@ayalaluisana: a pasteles y quesadilla. A ese aire puro cuando estás en la montaña.

-@crpp83: a mugre. Una ciudad destruida y acabada, como el resto del país.

-Zuleima Pérez: triste, pero huele a basura. Cada mañana que paso frente al Mercado de La Ermita ese es el olor.

-@me6880: no cuesta nada barrer aunque sea el frente de nuestra acera y no botar basura ni en las calles ni por la ventana de los carros o buses.

-@marcontrerascc: a café andino.

-@Omitoke: a pasteles, chicha, masato y aliado.

(Daniel Pabón)