#SanCristóbal5Sentidos | 5: el tacto | Una San Cristóbal que eriza la piel de las víctimas diarias de robo y hurto

4808
Casa, calle, carro y buseta son los escenarios donde se comete el delito más frecuente de la capital. El sentido del tacto se perturba en cualquier esquina de una ciudad que ya no tiene sectores privilegiados. Ni siquiera las nuevas Zonas de Paz se han salvado de arrebatones y hurtos. Investigadores refieren que, cada vez más, esos robos vienen acompañados de lesiones. La inseguridad se enraizó como el flagelo más cotidiano e incontrolable de la villa

Horripilante. Así se llama el músculo situado junto a la raíz de los vellos, el mismo que se activa con estímulos fuertes como el miedo. A Mercedes, Pedro y Ana, tres habitantes de la San Cristóbal cumpleañera, se les puso la piel de gallina cuando recién vivieron episodios de robo y hurto, los delitos con mayor incidencia en la ciudad.

Mercedes llegaba a casa cuando la sorprendieron dos hombres. “Venimos por el carro”, fue el saludo, mientras la apuntaban a la cabeza a través de la ventana. “No les vi la cara, con sentir el arma ya era suficiente”. A una velocidad impresionante, desaparecieron escoltados por la camioneta en la que antes aparecieron. El vehículo lo hallaron totalmente desvalijado a los pocos días en un espacio abierto de la capital. “Solo le dejaron el motor y la caja”.

Pedro se subió a la misma unidad de transporte público que ya habían abordado tres delincuentes encubiertos. “Ya va, esto es un robo”, anunciaron justo cuando la buseta arrancó de la parada del Sambil hacia la avenida Libertador. Entonces desenfundaron sus armas, sometieron al chofer y robaron cuantos celulares inteligentes pudieron, incluido el suyo. “Todo ocurrió muy rápido y a plena mañana, eran como las 10:30”. La ruta siguió.

Ana supo que algo iba mal al observar violentada y abierta la puerta de su casa, en un conjunto privado. Aunque la planta baja aparentaba normalidad, del segundo piso sustrajeron televisores, portátiles, un teatro de sonido y otros equipos eléctricos. “Algunos se los llevaron hasta empacados en sus cajas nuevas”. Bajo el sol de media mañana, nadie vio nada. “No sabemos qué hacer con la vivienda, no me siento segura ni en mi hogar”.

Los robos y hurtos descritos ocurrieron durante las últimas dos semanas en distintos sectores de San Cristóbal. Las identidades de las víctimas han sido resguardadas. Los tres, que no se conocen entre sí, comparten ahora una misma preocupación: carecen de dinero para reponer lo que la criminalidad organizada les arrebató.

Cuando la ley da risa

Es el robo, en efecto, el delito que más se reporta en San Cristóbal, refiere la criminóloga Anna María Rondón Trejo, docente de la Universidad Católica del Táchira. Además, desde 2016 se viene presentando con violencia, con lesiones físicas, apunta la investigadora del Observatorio Venezolano de Violencia capítulo Táchira y del Observatorio Social del Táchira, de la misma UCAT. En las estadísticas también repunta con cierta importancia el homicidio, aunque en el último año viene generado sobre todo por alguna resistencia al robo.

En las Zonas de Paz hacen patrullaje y revisión de carros. (Foto/Carlos Eduardo Ramírez)

Al coincidir en la idea de que robo y hurto son los delitos más frecuentes en la ciudad, el director de la Policía Municipal, Ángel Perdomo, recuerda que el homicidio -aunque alcanza mayor impacto social- ha descendido en número de casos. Y, dentro de las modalidades de robo, el jefe policial resalta los casos de vehículos y, especialmente, de motocicletas.

Los sancristobalenses, en promedio, formalizan entre 10 y 12 denuncias por día, calculan en la Policía Municipal. Los datos de 2016 del Observatorio de Violencia arrojan que San Cristóbal es el lugar donde ocurren 31,45 % del total de delitos del Táchira, lo que lo convierte en el más inseguro de los 29 municipios.

Pero, ¿dónde y cuándo ocurren los sucesos? Para 6 de cada 10 víctimas en el estado, el hecho sucedió en su casa o en la misma zona donde vive; y a 4 de cada 10, la delincuencia los tocó entre lunes y viernes durante el día, según las estadísticas del OVV.

Rondón Trejo razona que la incidencia delictiva obedece a la falta de cumplimiento de la ley: “Tenemos una sociedad en la cual, a pesar de tener legislación, esta se termina difuminando y no se cumple. Entonces, la percepción que existe en el delincuente es que San Cristóbal es una ciudad de lo posible, es decir, en la que puede robar sin ser aprehendido”.

La criminóloga también observa cierto desparpajo en los delincuentes, sobre todo en los más jóvenes, a quienes no les importa una detención durante la práctica de robos, hurtos y lesiones. Por esa misma “aplicación difusa de la ley”, el antisocial suele ser capturado hoy y puesto en libertad mañana, luego de su presentación en tribunales.

Zona de Paz… y de robos

Son las 3:30 de la tarde del lunes en la plaza Urdaneta del sector Catedral. Cinco guardias nacionales, que acaban de almorzar y aún mantienen las loncheras en los bancos, se concentran frente al celular. Quizás juegan. Por allí se rotarán otros grupos de uniformados hasta el domingo, luego de recibirle la guardia semanal a agentes de la Policía del Táchira.

Operativa desde hace dos meses, la de la Urdaneta es la tercera Zona de Paz de San Cristóbal que inauguraron las autoridades. Comprende 2,5 kilómetros, o tres cuadras a la redonda de la plaza. En esa área, oficiales de seguridad deben hacer “punto y círculo”, o patrullaje a pie y en moto, así como inspección de carros, despeje de buhoneros y prohibición de venta ilegal de bebidas alcohólicas. Esto, las 24 horas. Aunque unos vecinos aseguren que el miércoles en la noche, por ejemplo, aún se veían trabajadoras sexuales por la zona.

Cada dos horas, en promedio, un sancristobalense denuncia un robo a las autoridades. (Foto/Carlos Eduardo Ramírez)

Tres residentes del sector Catedral consultados aplauden la medida, ven ahora la plaza más limpia y segura, “sin los malandritos que antes se sentaban”, describió uno. Pero dos habitantes más evocan que el día de la ciudad la bulla los alertó de un atraco en una esquina del parque, al final de la tarde. “Y los politáchira no hicieron nada”, reclama un vecino.

Son las 4:30 de la tarde del mismo lunes en la plaza Páez de La Ermita. Diagonal a la iglesia, cinco policías nacionales conversan en sus motos. Otros vigilan entre los árboles y otros más patrullan. Antes, han evitado el hurto de partes de vehículos y han detectado consumo de drogas.

La de La Ermita es la más reciente Zona de Paz establecida en la ciudad. Sin embargo, varios comerciantes denuncian que sus quioscos continúan azotados por bandas. En uno de los casos, durante una semana (la pasada, en la que le tocaba el turno a la GN) hubo dos intentos nocturnos de hurto y un tercero consumado: las soldaduras metálicas para tapar los boquetes son huella del delito.

Insegura es toda la villa

En San Cristóbal existen ambientes y situaciones que crean oportunidades para delinquir, apunta la criminóloga Rondón Trejo. La falta de alumbrado público es refugio de clandestinidad para la delincuencia, mientras que la poca ocupación de los espacios públicos los transforma de lugares para el esparcimiento a escenarios para robar y hurtar.

De Colinas de Pirineos al barrio El Río y de La Machirí a la Rotaria, San Cristóbal no tiene zonas privilegiadas. “Usualmente la población asocia delincuencia con pobreza, y es un error”, corrige la investigadora de la UCAT. Cada vez más los sancristobalenses se sorprenden ante delincuentes bien vestidos y presentados. Se roba hasta en urbanizaciones con vigilancia privada, que es una forma de control social informal.

Toda la San Cristóbal cumpleañera, entonces, debería ser “zona de paz”. Desde la Policía Municipal reportan el despliegue de acciones preventivas y de orden represivo: las primeras incluyen mayor patrullaje, labores de inteligencia, mesas de trabajo sobre convivencia ciudadana en las comunidades y el servicio de policía comunal; las segundas pasan por la captura de delincuentes en flagrancia, previa denuncia oportuna de algún habitante.

Aunque pueden verse como el eslabón más débil dentro de un problema que es fundamentalmente del Gobierno nacional, el Concejo Municipal llevará a primera discusión la ordenanza de Seguridad Ciudadana. El instrumento creará una secretaría coordinadora, dispondrá una sala situacional, permitirá retomar la videovigilancia y dictará cómo asumir competencias ante tragedias, describe la concejal Yosmar González, presidenta de la comisión de Seguridad, Política y Derechos Humanos.

Allende las normas, Rondón Trejo advierte que ver resultados pasa por la aplicación correcta de la ley, para así reducir la impunidad. Acabar con la inseguridad, la fobia definitivamente más metida en la piel de todos, es tan multifactorial como complejo. Mientras el llamado músculo horripilante continúe activo, a las Mercedes, a los Pedros y a las Anas de San Cristóbal se les seguirá poniendo la piel de gallina.

Pieles que exudan trabajo

A las 7:15 de la noche las lenguas ya tienen batería baja como para seguir ejercitándose más. Inusual silencio en la ruta de la Línea 21 de Mayo que va del centro a La Popita. Si son 28 puestos, pero a bordo caben 40, los brazos de Ana Guillén y de Fabiola Castro irremediablemente entran en contacto.

El tacto social de San Cristóbal también junta la piel de sus más trabajadores y talentosos hijos. Con el cansancio en los ojos, Guillén relata que hace oficios de 7 de la mañana a 7 de la noche en tres casas distintas. “Y así de lunes a sábado y, si sale trabajo el domingo, también. Yo me quiero así”, comparte la mujer delgada de cabello medio canoso.

Castro mantiene limpias, pero las cuentas de un banco en la computadora. Es contadora de profesión. Su lonchera del almuerzo en la mano delata que pasa todo el día en las oficinas. “Y los fines de semana hago balances de forma independiente”, completa la joven morena.

A ambas las une algo más que ese efímero contacto de brazo con brazo, que las mantiene agarradas al tubo de la buseta. Guillén y Castro tienen tacto para ser entregadas en lo de cada una. Y, como ellas, cuántos anónimos… más de 150.000 sancristobalenses conforman la población económicamente activa del municipio, según el Instituto Nacional de Estadística. En el transporte, espacio público por excelencia, se palpa la piel social del trabajo.

Se palpa destrucción, cordialidad y desconcierto

Sobre el sentido del tacto, La Nación preguntó a sus más de 80.000 seguidores en Facebook y a sus más de 24.000 en Instagram: ¿qué palpa usted en las calles de San Cristóbal? Estas son algunas de sus respuestas:

-Ylen Castel: inseguridad.

-@delycolmenares: mucha inseguridad.

-@soyalerivera: inseguridad.

-@karloskoleo: inseguridad y desidia.

-@carlaverenzola: soledad, tristeza.

-@michelin5: inseguridad.

-@rafael_brito_perez: una ciudad destruida por la delincuencia, cada día un hogar sufre la pérdida de un ser querido.

-@josecantor1: inseguridad, jóvenes acosadores en buses pidiendo dinero, bachaqueros por todos lados, robos, buseteros groseros y en los mercados total desorden.

-@cedielfoteventos: basura, inseguridad, una alcaldía que no hace nada para ver una ciudad limpia. Yo voté por ustedes para ver la ciudad bella, no como está de abandonada y sin luz.

-José Martínez: miseria y colas.

-@germanfebres: hambre, basura y desaliento.

-@eliczabeth: una disminución preocupante del comercio.

-Jefferson Cala: huecos.

-@soyalerivera: huecos en las calles.

-@carmendemolina: no, ya va, no todo es desidia. Se palpa su agradable clima, la cordialidad de su gente, bella y hermosa. Mi San Cristóbal, cómo te amo.

-@dailivi: gente linda… respiro aire de trabajo, percibo estrés y desconcierto.

-@chefsweetmelodytadesilusión: desconcierto. Ganas de trabajar y poder llevar al hogar lo que necesitan y merecen y al no lograrlo llega la desilusión, el descontento y la tristeza. Pero hay algo que aún tenemos: amor, gratitud y educación. ¡No lo perdamos!

Daniel Pabón