Tras las huellas de Bolívar en el Táchira

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La histórica esquina del Filisco es la intersección de la carrera 3 con calle 7.

Muchos de quienes caminan por la cuadrícula histórica de la Catedral desconocen que el más grande venezolano entró por Filisco, tomó importantes decisiones en la Plaza Mayor y pernoctó en casa de una patriota vecina. Hasta de 15 visitas o pasos hay registros historiográficos, no solo en San Cristóbal sino en pueblos como San Antonio y La Grita

Siempre estratégicas. Así fueron las visitas que hizo Simón Bolívar al territorio del actual estado Táchira. Cual libro de historia, la relación del Libertador con estas tierras bien puede contener un prólogo y un epílogo: su primer paso, en preludios de la Campaña Admirable, y su última travesía, en dirección a la gloria del Campo de Carabobo. Entre uno y otro episodio, se abren páginas de mil recuerdos de un héroe continental que, pensando en ratificar el proyecto grancolombiano y en gestionar una tregua de paz, se radicó en la villa de Juan Maldonado durante gran parte de uno de sus 47 almanaques de vida. Mañana, 24 de julio, se cumplirán 234 años del natalicio de Simón Bolívar en Caracas.

1813: esos primeros pasos
El Libertador pisó por primera vez San Cristóbal en la ruta a la Campaña Admirable del año 1813. Procedente de Cúcuta, había dictado ya un par de proclamas en la plaza principal de San Antonio, recuerda Gustavo Garí Altuve, individuo de número de la Academia de Historia del Táchira.

Uno de los vitrales de la Iglesia Catedral conmemora esta primera entrada. “La escena evoca el momento cuando el Libertador arenga a los soldados del ejército y a los pobladores que lo recibieron, desde una roca de dimensiones extraordinarias que se encontraba al pie de la torre del campanario de la parroquial de la villa (actual torre del campanario de la Catedral, hacia la calle 4)”, ilustra el profesor de Historia del Arte Samir Sánchez, en su investigación “La estatua ecuestre del Libertador en San Cristóbal, un bronce clásico” (2015). En tiempos del gobierno del general Eustoquio Gómez, en unos trabajos de remodelación y arreglo de la Catedral, la roca fue removida y dinamitada por haberse olvidado su significado histórico.
Esta llegada inicial remite a muchos a la Cuesta de Filisco. “Por allí pisaron por vez primera las sagradas plantas de Bolívar el suelo de San Cristóbal a las 5:00 de la tarde del 16 de abril de 1813”, precisa el cronista emérito J. J.

Villamizar Molina en su libro “Instantes del camino” (Italgráfica, 1980). Y es que esa carrera empedrada “puede contar toda la historia de la ciudad” porque, al ser su antigua entrada, “ha vivido todo y ha sentido todo”, escribe.

Entonces llamado Camino Real, o Camino de los Españoles, esta era la única vía de acceso hacia la Plaza Mayor, ahora Juan Maldonado.

“Vale dejar claro que la cuesta que sube del parque San Miguel hasta la esquina de Filisco no existía cuando vino el Libertador. Eso era monte y La Ermita era inexistente para ese momento. La subida de Filisco es la que viene subiendo de Madre Juana, que desemboca en el antiguamente llamado puente de El Salado”, aclaró el historiador Garí Altuve.

En 1813 Bolívar estuvo apenas de paso por San Cristóbal. Pernoctó en la vía de Cordero, específicamente en la Hacienda Llanitos, a cuyo dueño, el esposo de la heroína tachirense María del Carmen Ramírez de Briceño, las autoridades españolas le levantaron sumario por haberle permitido dormir allí, refiere el estudioso.

Siguiendo el camino real a Mérida, por las montañas de El Zumbador, en el sector ahora llamado Angostura los patriotas se encontraron con las tropas realistas de Ramón Correa. Batallaron. Y ganaron, con la destacada actuación del componente de neogranadinos que el gobierno le había facilitado al Libertador para lograr la reconquista de Venezuela, apunta.

En La Grita, Bolívar no solo pernoctó varias veces en la casa del padre Fernando José García y arengó al pueblo desde su balcón, sino que también en mayo de 1813 visitó, se arrodilló y oró ante la imagen del Santo Cristo. Una placa conmemorativa en la basílica relata que el Libertador se retiró sin darle la espalda a la talla del milagroso patrono, en señal de respeto. “Allí comenzó a organizar el resto de la Campaña Admirable, que luego desembocaría con la toma definitiva de la Segunda República”, contextualiza el historiador.

1820: gobernar desde aquí

La original cuesta del Filisco es la que sube de Madre Juana por la calle 7. En toda la esquina del Filisco, Bolívar cruzó hacia la Catedral. La cuesta que es hoy la carrera 3 entre calles 7 y 8 entonces era monte, refiere Garí Altuve.

Garí Altuve, también autor de la bandera de la ciudad, aproxima que Bolívar hizo unas 13 visitas en San Cristóbal durante el año 1820, desde enero y hasta diciembre inclusive. Iba con cierta frecuencia a Villa del Rosario y a Cúcuta, manteniendo la capital andina como punto de retorno.

Regresaba siempre a pernoctar en la que fue su residencia de San Cristóbal: la casa de la heroína tachirense María del Carmen Ramírez de Briceño, en la esquina de lo que ahora es la calle 4 con carrera 4, a un costado de la Catedral. Transeúntes consultados desconocían esta historia. “Algo he escuchado de eso”, comenta un quiosquero de la zona.

Destinada ahora a oficinas, “esta casa posee detalles propios del estilo neocolonial, como pilares interiores y arcadas de madera que en conjunto conforman una buena representación de la arquitectura de la época de su construcción”, apunta el Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano del Municipio San Cristóbal (Ministerio de Cultura, 2007).

La más larga de esta serie de visitas ocurrió en febrero de 1820. Durante casi todo el mes, Bolívar impartió órdenes sobre la organización del Ejército libertador. “Estando la representación del Libertador en su cuartel general de San Cristóbal, desde aquí se operó políticamente como la capital de la Gran Colombia, estableciéndose en diversas oportunidades los despachos del Libertador como Libertador-Presidente, como ya se nombraba”, documenta Garí Altuve, investigador también vinculado a las academias de Historia del Zulia, Norte de Santander y Boyacá.

El décimo aniversario de la fecha patria del 19 de abril de 1810 coincidió con otra estancia de Bolívar en San Cristóbal. En la Plaza Mayor, dictó a los soldados la famosa proclama en la cual dejó establecido que “el 19 de abril nació Colombia”, como cita el profesor.

Y la ciudad se le hizo más frecuente. Era el 24 de mayo cuando Bolívar retornaba por octava vez a San Cristóbal. Las varias estadías de todo el año 1820 están documentadas en los tomos 17 y 18 de la serie “Escritos del Libertador” (Sociedad Bolivariana, 1983; 1987).

El 4 de junio, un nuevo regreso desde Villa del Rosario. El 7 de julio, arribó de nuevo a San Cristóbal para empezar a producir comunicaciones con el jefe español Miguel de la Torre en relación con otro hecho histórico: y es que también en San Cristóbal se coordinó lo referente a la organización y las normas del Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra, considerado el documento primario en América sobre el derecho internacional humanitario (o derecho de la guerra).

Desde San Cristóbal, Bolívar adelantó el cruce de correspondencia con el jefe español para concretar la cita de noviembre que acordó una tregua. Pero igualmente desde acá despachó cuestiones de Estado, convirtiéndose así San Cristóbal en capital de la Gran Colombia. El 27 de septiembre, por ejemplo, el Libertador desde aquí nombró ministro encargado de Guerra y Marina a un joven general de 25 años: Antonio José de Sucre. Incluso, también se preparó y planificó desde San Cristóbal la instalación del Congreso de Cúcuta de 1821, evento que confirmó jurídicamente la existencia de Colombia La Grande.

Después de acordar la suspensión de las hostilidades -que duró entre noviembre de 1820 y abril de 1821-, y para comunicar las incidencias de esa firma, Bolívar pisó por última vez el centro histórico de San Cristóbal el 21 de diciembre de 1820.
Aún le quedaría un paso final por estas tierras. Sucedió en febrero de 1821 cuando, proveniente de Tunja y Cúcuta, y en ruta hacia Mérida y Valencia, Bolívar y su ejército cruzaron por última vez las montañas del Táchira. También desde aquí, el Libertador ya había planificado las estrategias a utilizar ese año en la Campaña de Carabobo, exalta Garí Altuve.

Llamarse como el más grande

Esta casa fue de la heroína tachirense María del Carmen Ramírez de Briceño; allí pernoctaba el Libertador en 1820.

Las huellas del Libertador en el Táchira han quedado para la posteridad. El nombre de Simón Bolívar ha sido honrado en esta entidad con la designación de la población de San Simón en la región de Yegüines, hoy municipio Simón Rodríguez; el municipio Bolívar, cuya capital es San Antonio, por donde entró en 1813; el Liceo Simón Bolívar, antiguo Colegio Nacional de Varones, designado con el nombre de Bolívar desde el decreto de su creación el 16 de noviembre de 1915; y el Cuartel localizado en Barrio Obrero, del año 1937, que también lleva su nombre. Muchos niños y hombres, además, se llaman Simón en honor al Libertador.

Este aniversario 234 del natalicio del Libertador coincide con los trabajos de remodelación y recuperación de la plaza Bolívar que adelanta la Gobernación del Táchira, a través de Corpotáchira, por un monto superior a 400 millones de bolívares. Atendiendo a recomendaciones de expertos, el pasado 7 de julio la estatua ecuestre fue orientada a su dirección correcta: hacia el norte, como también sucede en las plazas de Caracas o de Mérida.

Del 28 de octubre al 24 de julio

El Libertador nació el 24 de julio de 1783, pero en lo muy particular no celebraba su cumpleaños sino su onomástico, el 28 de octubre, día de San Simón. Así lo apunta el cronista de San Cristóbal, Luis Hernández Contreras.

En efecto, documenta el historiador, en Bogotá se celebraban unos conciertos de música de cámara dirigidos por el violinista y coronel caraqueño Nicolás Quevedo Rachadell, quien fuera uno de sus edecanes. Nicolás fue el padre de Julio Quevedo Arvelo, músico bogotano, compositor, organista y violinista que vivió un tiempo en el Táchira. Compuso, incluso, una misa en honor de la Virgen de la Consolación de Táriba. Su hermana Margarita casó con José Gregorio Villafañe, prominente llanero que dejó honda huella en lo cultural, político y económico en el Táchira del siglo XIX. Así pues, que la tradición del “28 de octubre” fue la que se impuso en principio.

Entre los más antiguos datos del “28 de octubre” en San Cristóbal, el cronista describe un “paseo de música” realizado en 1876, siguiendo otro en 1885 con una retreta en el puente de Bella Vista, sitio que hoy ocupa el parque Ramón Buenahora de la calle 9 con carrera 11.

Llegado el siglo XX, en el gobierno de Cipriano Castro se mantenía esta costumbre. Otro recital de música de cámara que evoca Hernández Contreras se efectuó el 28 de octubre de 1903, siguiendo la tradición bogotana, y en 1906, la Banda del Estado efectuó una retreta en honor del Día de San Simón, evocando al Libertador, lo que rezaba el decreto emanado por el presidente del Táchira, Jesús Velasco Bustamante, que anunciaba los actos del 28 de octubre de 1908, resaltando la Banda con sus retretas.

Luego de Castro, el gomecismo siguió la costumbre en 1909, en tiempos del mandato interino del ingeniero Aquiles Iturbe. Estos actos culminaron en 1914 con el pabellón nacional izado en los edificios públicos y casas particulares con la Banda del Estado, única atracción que el Estado podía ofrecer a esa sociedad que no conocía otro tipo de distracción pública.
El Estado impuso la fecha del “24 de julio” como la apropiada para rendir homenaje a Bolívar. “Gómez, nacido también el 24 de julio de 1857 y fallecido paradójicamente el 17 de diciembre de 1935, dejó atrás la vieja costumbre. El Estado ponía en la palestra una de sus tantas fechas patrias”, expone el cronista de la ciudad.

En San Cristóbal, el 24 de julio se celebró por primera vez en 1912 con un acto en el Teatro Garbiras de la calle 6. “Ese año se rindió homenaje a Bolívar colocando su busto civil en el Parque que empezó a llevar su nombre, inaugurado el 19 de diciembre, fecha de ascensión del gomecismo, que fue tan importante como las demás”.

Ese busto, el mismo que ahora está en la UNET, miraba hacia el occidente, interpretando algunos que rendía homenaje así a Colombia. La ciudad tenía en ese momento dos sitios con el nombre de Bolívar: la Plaza, en el lugar que hoy ocupa la plaza Juan Maldonado, pues fue originalmente la Plaza Mayor y Guzmán Blanco decretó que las plazas mayores de Venezuela pasarían a llamarse Bolívar; y el Parque, levantado con todas las de la ley, con busto y todo, exponiéndose por primera vez públicamente la imagen del Libertador a través de ese busto.

Prosigue Hernández Contreras precisando que este sitio, la plaza Bolívar de hoy, pasó a llamarse así desde el 30 de noviembre de 1928, pues ya se había contratado la realización de su estatua ecuestre que fue inaugurada el 19 de mayo de 1929 con el nuevo espacio, un parque tipo inglés, que se ha llamado desde entonces plaza Bolívar y que ha representado el “centro de la ciudad”.

“Esa estatua se colocó en la orientación oeste-este, mirando hacia Pirineos, cuestión que fue muy criticada y provocó hasta un versito obsceno. En 1961, con motivo del cuatricentenario de San Cristóbal se decidió hacer una nueva plaza que fue inaugurada por el presidente Rómulo Betancourt el 8 de abril de 1961”, relata. “Cuando el mandatario vio la plaza, peyorativamente dijo que era ‘un patio de tostar café con luces’. La estatua quedó en la orientación norte-sur. Sin embargo, se pensó que la plaza tendría dos manzanas, pues antes de 1961 se pensó en la eliminación del Mercado Cubierto, infraestructura que se incendió el 1° de enero de 1964. Su espacio fue empleado para construir el Centro Cívico, cuyo proyecto original jamás fue desarrollado”.

Precisamente en el Mercado Cubierto, hoy Centro Cívico, se realizaron los actos de conmemoración del centenario del natalicio del Libertador en julio de 1883, participando lo más granado y conspicuo de la llamada sociedad tachirense, describe el cronista.

La admiración de Gómez por Bolívar, la reconstrucción de su memoria histórica como lo hiciera Guzmán Blanco, forzó a Gómez a olvidar el 28 de octubre e imponer por fuerza de ley lo que se hizo costumbre desde hace un siglo: la fecha del 24 de julio como natalicio del Grande Americano.

Daniel Pabón
Fotos/Jorge Castellanos