Venezuela es el segundo país más violento del mundo

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El Observatorio Venezolano de Violencia indicó en su informe anual que el año 2016 cerrará con 28.479 muertes violentas, que se traduce en una tasa de 91,8 muertes por cada 100.000 habitantes; cifra que mantiene a Venezuela como el segundo país mas violento del mundo, reseña El Nacional.

El documento señala que “este año 2016 ha sido particularmente violento y criminal” por la activación de la Operación de Liberación del Pueblo, el empobrecimiento y la escasez de alimentos, productos y servicios básicos que han incidido en el aumento de los delitos.

Estas estimaciones también colocan a Caracas como la capital más violenta del mundo pues tiene 15 veces más homicidios que Ciudad de México y 10 veces más que Bogotá. Asimismo, Aragua se posicionó como el estado más violento del país, con una tasa de 138 muertes por 100.000 habitantes, y desplazó al Distrito Capital que registró 134 muertes, al tercer lugar. Mientras que en segunda posición se encuentra Miranda con 136 muertes por 100.000 habitantes.

Consecuencias de la crisis

Hay cuatro tipos de respuestas ciudadanas que demuestran el aumento de la violencia. Por lo menos, hay entre uno y tres linchamientos a la semana con víctimas fatales. La característica de este delito cambió: anteriormente ocurrían en personas que habían ejecutado crímenes como asesinatos o violaciones, pero ahora las víctimas son las que cometen delitos comunes como robos o hurtos, y hasta personas inocentes. El segundo delito es el incremento por muertes por encargo (sicariato) con un registro de uno a cuatro cada semana en el país.

Otras respuestas que no han sido cuantificadas son “la generalización del miedo y la pérdida de la libertad en la población” y un impacto en el desplazamiento de la población por la violencia, sobre todo en zonas de paz. Aún se desconoce cuántas familias están en esta situación.

El criminólogo aclaró que este año el observatorio intentó superar otra vez las limitaciones que ocasiona no tener acceso a la información oficial desde 2003, con la utilización de varias fuentes: datos primarios recibidos de fuentes policiales que, a su vez, fueron contrastados con los reportes de la prensa que hacen los observatorios de las universidades nacionales ubicados en San Cristóbal, Mérida, Cumaná, Barquisimeto, Ciudad Guayana y Caracas, y con entrevistas a personas involucradas en los casos.

Estas cifras posicionan a Venezuela como el segundo país más violento después de El Salvador, que tiene una tasa de 100 homicidios por 100.000 habitantes.

“Nuestros cálculos indican que al finalizar 2016 Venezuela tendría una tasa de muertes letales 3,6 veces mayor que las de Colombia y Brasil. Colombia continúa su proceso de disminución de homicidios, y con una tasa de 25,3 por cada 100.000 habitantes al finalizar este año igualaría a la tasa de 25,1 que ha venido presentando Brasil”, cita el informe.

“La violencia no está exenta de las relaciones e impactos que tienen las crisis económicas, de la democracia y del modelo político, porque al fin y al cabo el control de la violencia es una manera de convivir. Uno convive con mecanismos de acceso a los recursos, a la comida o con mecanismos de acceso al poder y de cambio de poder. Cuando todos esos mecanismos se cierran, se bloquean y se convierten en informales e, incluso, en violentos. Las respuestas que tenemos es lo que vemos en Venezuela. Sin embargo, esta violencia no es una maldición irreversible, sino que es el resultado de políticas públicas equivocadas y, cambiándolas, esta situación podrá revertirse”, concluyó el criminólogo.

Policías víctimas y actores del delito

La victimización de policías ha aumentado. Para el año que cierra, en Caracas ultimaron a un promedio de 2,5 policías cada semana, y al mismo tiempo hay más evidencia de funcionarios policiales y militares involucrados en delitos.

El observatorio explica que no solo el delito ha incrementado su violencia y letalidad, sino que las respuestas dadas, tanto por cuerpos de seguridad del Estado como por ciudadanos, “muestran manifestaciones de violencia y contravención de la ley”.

“La OLP, en sí misma, es una concepción de guerra. Cuando la seguridad ciudadana es una política de paz. Las acciones en las cuales se emprende con una concepción militar, de fuerza y capacidad de fuego hacia una política de seguridad ciudadana, se obtiene lo que estamos viendo: un incremento de muertes de policías, una respuesta más violenta de los delincuentes hacia policías y ciudadanía”, explicó Briceño León.

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