A través de las pruebas de neuroimagen es posible detectar algunos cambios cerebrales y una fase preclínica silenciosa y sin síntomas, lo que abre la puerta al tratamiento personalizado con antelación de la enfermedad del alzhéimer.

Según explicó el responsable de la Unidad de Neuroimagen de la Fundación Pasqual Maragall, Juan Domingo Gispert, esta nueva técnica, que aún está en estudio, supone “un giro radical” en la investigación del alzhéimer.

Gispert participó hoy en Barcelona en la presentación del uso actual, evolución y futuro de las técnicas de neuroimagen para prevenir el alzhéimer, en el tercer encuentro de voluntarios y colaboradores del Estudio Alfa, al que ha asistido la práctica totalidad de los 2.743 voluntarios que participan en él, lo que lo convierten en el mayor del mundo en investigación de esta enfermedad.

Los voluntarios que participan en el estudio son adultos sanos de edades comprendidas entre los 45 y los 75 años, en su mayoría hijos de afectados por el alzhéimer, y que periódicamente se someten a test genéticos y cognitivos, punciones lumbares y pruebas de neuroimagen.

Con la resonancia magnética y la tomografía por emisión de positrones (TEP) se pueden localizar en el cerebro de pacientes asintomáticos las placas que caracterizan esta demencia, explicó el responsable de la Unidad de Neuroimagen de la Fundación Pasqual Maragall.

Un subgrupo de 400 voluntarios se somete también a dos resonancias magnéticas, una TEP de amiloide, una TEP de glucosa y una punción lumbar, que repiten cada tres años durante décadas, con el objetivo de entender la historia natural de la enfermedad e identificar los factores de riesgo y los indicadores biológicos que podrían incidir en su desarrollo.

Según la Organización Mundial de la Salud, en el mundo hay 47,5 millones de personas con demencia y, si no se encuentra una cura efectiva, se prevé que en 2050 el número de casos se habrá triplicado.