La jurisdicción, con aroma tradicional a caña de azúcar y café, está próxima a convertirse en líder regional del fruto dulce, aunado a que en los últimos cinco trimestres fueron registrados 800 nuevos establecimientos

En Vegones y Pico de Vela son evidentes las montañas llenas de estas plantas.
En Vegones y Pico de Vela son evidentes las montañas llenas de estas plantas.

En el Colón de las palmeras predomina una intensa actividad comercial e incluso empresarial. Mientras tanto en los campos de Ayacucho, el municipio del cual esta ciudad es capital, la vida agrícola demuestra que sigue siendo una tierra generosa para la siembra. Uno y otro factor lo hacen una referencia indispensable del centro-norte del Táchira.

Al cierre de 2013 eran 2.900 los comercios registrados ante la municipalidad. Quince meses después, ahora la Dirección de Hacienda posee una data de casi 3.700 establecimientos. “El crecimiento es considerable porque se ha garantizado seguridad económica a los inversionistas”, argumentó el jefe de ese despacho, Chedy El Brihi.

El comercio es, precisamente, la actividad dominante en Ayacucho, en opinión del alcalde del municipio, Daniel Berbesí. El mapa comercial es una mixtura de los rubros textil, alimentos y manufactura, en su mayoría. En Colón, por ejemplo, hay empresas que producen rellenos de almohadas, mientras que otras elaboran el producto. También están las que hacen troqueles para sillas y mesas.

El alcalde Berbesí reveló que está en marcha el proyecto de una planta procesadora de harina de maíz precocido, para la cual ya cuentan con los recursos con los cuáles traer los silos hasta Ayacucho. Próximamente procesarán también harina de trigo. “Eso nos lleva a incentivar la producción de maíz, incluso vamos a financiar a pequeños productores de la zona”, adelantó. Igualmente crearán una empresa mixta de jabones de tocador.

Pero la gente de Michelena, Lobatera, Las Mesas, La Fría y hasta de Coloncito, no solo va a Colón a hacer negocios, diligencias y compras diversas, sino a recibir atención médica. Con seis grandes clínicas, la ciudad se ha convertido en un epicentro de salud privada que, en parte, ayuda a descongestionar los hospitales pagos de San Cristóbal.

Mientras las clínicas tienen quirófanos operativos, en el hospital público de referencia, el “Ernesto Segundo Paolini”, no ha habido actividad quirúrgica “por lo menos durante los últimos tres años”, según reclamaron enfermeras que solicitaron no ser identificadas. Allí, sin embargo, nacen en promedio 200 bebés al mes mediante partos naturales.

Usuarios como Raquel Rosales, quien el martes pasado permanecía a las puertas de la Emergencia luego de que a su hijo lo picó un alacrán, lamentaron tener que acudir a laboratorios clínicos privados por exámenes que no realizan en ese centro de salud.

Siembras de maíz en un municipio que tendrá planta procesadora de este rubro.
Siembras de maíz en un municipio que tendrá planta procesadora de este rubro.

Emerge el durazno

Que el comercio sea la actividad dominante en Ayacucho no lo exime de destacarse en producción agrícola, el otro plato fuerte de la economía colonense.

En agricultura, Colón ha sido tradicionalmente sinónimo de producción de caña de azúcar y café. Un recorrido por los campos permite constatar que los cultivos del primero tienden a mantenerse, aunque los del segundo han mermado. Sin embargo, las montañas en aldeas como Vegones y Pico de Vela se están alfombrando con un fruto emergente y prometedor: el durazno.

Después de Junín, Ayacucho es el segundo municipio del Táchira en producción de durazno, con por lo menos 10.000 plantas sembradas a la fecha. “Este año tiene que cerrar con 20.000 plantas, lo que nos llevará al primer lugar en el estado”, proyectó el alcalde Berbesí, al resaltar que su gestión puso en funcionamiento una planta seleccionadora y tiene previsto inaugurar una despulpadora, para darle valor agregado a la producción y evitar que el fruto se desvíe por contrabando.

Cultivar duraznos exige paciencia, pues la mata empieza a echar frutos al cabo de dos años. Lo explicó Luis Carlos Sandoval, técnico agrónomo de una de las más grandes fincas productoras, que provee plantas a similares de Mérida y Trujillo y comercializa la fruta por el Táchira y otros estados del occidente del país.

En los campos es común escuchar el reclamo de que Agropatria no suministra los insumos necesarios para los productores. La escasez de venenos, cuentan, los ha llevado a adquirirlos tres veces más caros en Colombia, o aquí, pero repagados.

“La escasez de abono y la mala calidad de las mangueras de riego también nos preocupa”, confirmó Armando Gaviria, encargado de un huerto, a casi 1.800 metros de altura, donde la superficie es aprovechada para sembrar durazno, maíz, tomate y lulo por igual.

Vialidad en problemas

Llegar a los barbechos implica transitar por carreteras deterioradas. De hecho, el alcalde Daniel Berbesí jerarquizó el tema de la vialidad rural como uno de los problemas del municipio.

Se está trabajando en ello, informó. En Guabinas, por ejemplo, una zona de gallinas ponedoras y cosechas de maíz, la municipalidad lleva casi seis kilómetros de vialidad recuperada. En líneas generales, si bien el año pasado la Alcaldía invirtió casi 30% del presupuesto en materia de educación, deporte y recreación, para este 2015 una de las metas es atender distintas necesidades -incluida vialidad- en las zonas rurales, un trabajo que tomará casi 40% del presupuesto.

En las calles de la ciudad también hay huecos. La Gobernación, informó Berbesí, aprobó 10 mil toneladas de asfalto para el municipio. La Alcaldía busca ahora los recursos para las maquinarias. También el ejecutivo regional invertirá 11 millones de bolívares en la vialidad rural de la parroquia San Pedro del Río.

 

Bajo palmeras los colonenses descansan en la plaza Bolívar.
Bajo palmeras los colonenses descansan en la plaza Bolívar.

Bondades y problemas

Desde la plaza Bolívar, antes plaza del mercado, se aprecia en todo su esplendor el cerro El Morrachón, ese eterno vigilante que con su forma volcánica distingue a Colón. Más de un habitante desconoce que entre las palmeras del bulevar se erige un samán, ahora hueco en su tronco y con basura en su interior, que fue plantado en 1892 por José Dolores Roa y que, como informa el sitio web de la Gobernación, es una planta hija del Samán de Güere.

Turísticamente, Ayacucho tiene mucho por descubrir. A un extremo está el balneario Pozo Azul y sus aguas azufradas, la segunda quebrada más grande del Táchira, unas cuevas que exigen al expedicionario zambullirse en el agua, y unas montañas ideales para la práctica de deportes extremos. Del otro lado están la zona agroturística La Colorada y el antiguo ferrocarril en San Félix, que acaba de cumplir un siglo desde su fundación. En la Alcaldía informan que están construyendo el primer museo histórico del municipio.

Investigaciones han documentado más de un centenar de petroglifos en un Colón que también alcanza interés artístico rupestre. Las más famosas tal vez sean las piedras del Mapa y Constelación del Caimán, disponibles para la contemplación en plena ciudad.

En la plaza se sienta Francisco Chacón, habitante del barrio Las Flores, quien opina que Colón sigue siendo un pueblo sano, aunque lamenta las largas colas para acceder a productos regulados. El acaparamiento, la especulación y el bachaqueo son males que no escapan a este municipio que comparte frontera con Colombia. Aunque no existe vía terrestre internacionalmente establecida, varios ciudadanos coincidieron en la opinión de que las trochas ilícitas afectan el acceso del pueblo a bienes, servicios y productos.

La Alcaldía está próxima a firmar un decreto mediante el cual, entre otras medidas, se exigirá el RIF a los compradores de productos regulados, quienes deberán tener su centro de votación en el municipio.

Otro de los problemas que agobia a Ayacucho es el sicariato. Estadísticas extraoficiales refieren que en 2014 el municipio cerró como el segundo con mayor frecuencia en la comisión de este delito en todo el Táchira y que, en lo que va de 2015, irían alrededor de ocho casos de homicidios por encargo. La gente guarda hermetismo sobre este tema.

 

 

Un semillero de músicos

Los niños ensayan en la Casa de la Cultura Ríos Reyna.
Los niños ensayan en la Casa de la Cultura Ríos Reyna.

Colón no solo es la primera población del interior del Táchira donde en 1992 echó raíces el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela; también es uno de los núcleos que a la fecha acogen la mayor cantidad de educandos.

Son 978 los niños y adolescentes que están encontrando en la música una inspiración. Los hay desde la iniciación, pasando por el preparatorio orquestal, hasta los grandecitos de la Sinfónica Juvenil. La mayoría del casi millar de muchachos son de Colón y sus alrededores, describió Javier Pernía, coordinador del núcleo.

Por las tardes, la Casa de la Cultura “Pedro Antonio Ríos Reyna” (sí, el eminente violinista es nativo de Colón) se llena de rostros entusiasmados y de manos que con disciplina aprenden la ejecución de distintos instrumentos. Son niños como Martín quien, a sus seis años, siente que tocar flauta le ha alegrado la vida.

Turismo impulsado por los propios vecinos

Con abuelos conversadores, entre semana San Pedro del Río es tranquilísimo.
Con abuelos conversadores, entre semana San Pedro del Río es tranquilísimo.

La parroquia más entrañable del municipio Ayacucho es San Pedro del Río, el pintoresco pueblito de calles empedradas, de casas coloniales y de 2.722 habitantes, la mayoría abocado a las actividades turística y agrícola.

“Aquí turísticamente guapeamos solos, nos defendemos nosotros mismos”, comentó Teresa, como se identificó una operadora turística que siente que ni la Alcaldía ni la Corporación de Turismo han hecho lo suficiente para respaldarlos.

Fundada en 1984, la Junta de Turismo es una asociación civil independiente que busca mantener, promover y proyectar al pueblo. Son prácticamente la única forma de agrupación comunitaria, en vista de que el consejo comunal todavía no está formalmente legalizado ante las instancias correspondientes, según comentaron vecinos.

A pesar de lo bello y acogedor del pueblo, un sondeo a los moradores permite identificar varias necesidades. Al no existir supermercados, sino pequeñas bodegas, resulta difícil encontrar la canasta básica completa o, si se consigue, es a precios más altos. “Nos está costando mucho, a veces tenemos que pararnos a las 3:00 de la mañana para ir a buscar mercancía”, contó Orfelina Infante, quien atiende un comercio.

Por las noches no todo el alumbrado público funciona. La penumbra es atenuada por los faroles de las casas coloniales, aunque si alguien quiere actualizar las instalaciones eléctricas no puede, porque el cableado es subterráneo desde la remodelación del pueblo en la década de 1990 y no ha sido posible ejecutar un mantenimiento de las redes.

El pueblo es sano, aunque algunos recomendaron redoblar la vigilancia interna y el ordenamiento del tránsito (no hay señalizaciones) en días festivos y fines de semana, cuando el turismo hace ebullición. Infante, por ejemplo, ve buena la idea de un gran estacionamiento a la entrada, para que el visitante recorra las calles a pie y disfrute las estampas a plenitud.

Surtir gasolina es otra dificultad para el mismo turista, en vista de que las estaciones de servicio más cercanas están en Colón, Lobatera y Michelena. Aún no ha llegado a San Pedro el servicio de Internet banda ancha, y el de la luz eléctrica en ocasiones falla mucho.

Pero lo que compensa lo anterior, según coinciden todos los consultados, es que la vida aquí es plácida. No hay ladrones, no hay accidentes, no hay bulla. Abunda la paz. “San Pedro del Río es como una familia. Son los Morales, los Colmenares, los Moreno, los Casanova y nosotros, los Infante”, completa Orfelina, con una sonrisa imborrable.

 

Daniel Pabón

Fotos/Carlos Eduardo Ramírez