Este es el punto exacto del “corte”, donde se explota el mineral.

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Uno se morirá y nacerán los nietos y los bisnietos y no se va a acabar el carbón”

Carlos Julio Ramírez, minero

En Lobatera se explotan cada mes casi 4.000 toneladas del mineral estratégico. Antes la cifra era superior, pero los mineros -colombianos la mayoría- han emigrado por el diferencial cambiario. Las Minas es ahora una aldea comercial de bloques, ladrillos y tejas

En un coche ascienden a la superficie hasta mil kilos de carbón.
En un coche ascienden a la superficie hasta mil kilos de carbón.
A 200 metros de distancia de la superficie, el mundo se reduce a un túnel oscurísimo, donde cavan Carlos Julio Ramírez y José del Carmen Castillo. Sin dejar de trabajar, comparan que en esa mina de carbón, una de las más antiguas y tecnificadas de Lobatera, hace un par de años eran hasta 15 hombres y ahora quedan seis abajo, más un técnico afuera.

Para llegar a Cazadero 12, la zona explotable de 500 hectáreas, cuya concesión fue renovada por dos años más en diciembre pasado, se debe recorrer una carretera sin asfalto, que a veces pareciera acabarse y que al margen se abre en precipicios. Datos extraoficiales calculan en seis las bocaminas de ese polígono y entre 50 y 60 los mineros que las trabajan.

Hace un lustro eran más los empleados que atravesaban esa vía pero, colombianos, la mayoría, el diferencial cambiario los está regresando a su país. “Como está la crisis, toca buscar la papa aquí debajo de la tierra”, bromea Ramírez, lobaterense de nacimiento. Un minero promedio gana 5.000 bolívares semanales, que se pulverizan cambiados a pesos.

Los obreros afirman que, por los riesgos inherentes a su actividad, es imposible que devenguen salario mínimo. “Desde que uno se adentra el primer metro, ya es peligroso, por eso la clave es andar con cuidado”, comparte Ramírez, quien a sus 47 años lleva una década ejerciendo el oficio, al que también se dedicaba su padre.

Bajar a una mina es como meterse en la dermis de la tierra. Las paredes son un manto inmenso de carbón, brillante y oloroso. El techo luce acuñado con troncos que, cuando empieza a traquetear, indica que el cerro está ejerciendo presión. El piso viene delimitado por los rieles del coche: cada uno, lleno, sube hasta mil kilos de mineral estratégico.

El túnel, o “guía principal”, asemeja el pasillo de un largo hotel, solo que muy inclinado en vez de horizontal. La mina crece hacia los lados, con aberturas o habitaciones de ese pasillo llamadas “cortes”. Ahí es donde el dúo de picador y carretillero hacen la explotación, descamisados y con la piel ennegrecida, únicamente protegidos con cascos de linterna.

Aunque mensualmente en Lobatera se explotan casi 4.000 toneladas de carbón (cada una del tipo A cuesta 1.980 bolívares al consumidor final), solo alrededor de 700 cumplen con reportar la carga al Estado. Los camiones que evaden pasar por la romana de los entes oficiales, equivalen a dinero que no ingresa al fisco nacional, explican fuentes del sector.

Para quemar estos ladrillos se emplea el mismo carbón de la zona.
Para quemar estos ladrillos se emplea el mismo carbón de la zona.

Montañas de bloques

En las carreteras del eje minero de Lobatera cada tanto se repite la misma estampa: fábricas y depósitos de bloques, ladrillos y tejas, en ese orden. Xiomara Rojas, presidenta de la Asociación Civil Venezolana de Alfareros (Avealfa), calcula que hay aproximadamente 15 alfarerías semi-indutriales (con máquina procesadora, aunque aún se trabaja un poco artesanal) y más de 100 pampas (con un sistema manual, sobre todo sacan ladrillos).

Sobre por qué está floreciendo tanto este negocio, la vocera gremial contesta que influyen la demanda y la necesidad de servicio. “Es una alternativa para la gente, porque Lobatera tiene buena arcilla. Es una actividad buena, aun cuando su proceso de transformación es costoso”. Y es que hasta los repuestos de las máquinas tienen que buscarlos en Colombia.

El proceso tradicional de fabricación de un bloque dura un mes. Empieza en una montaña de tierra arcillosa, que pican, muelen y ponen a madurar. Luego la pasan por un molino, de donde sale finita. En máquinas, la pasan por una cámara de vacío que saca los gases. Eso permite obtener piezas compactas, que ponen a secar por 20 días y llevan a hornos prendidos con gasoil durante 78 horas. Se acaloran tanto que hay que esperar dos días a que enfríen.

En tanto, el proceso de los ladrillos también amerita paciencia. Carbón y leña son los “motores”de los hornos donde los ponen a quemar por 20 días.En la cima de una colina del sector Corrales, Freddy, un obrero, confiesa que el secreto está en pisar bien el barro. En esta alfarería sacan 8.000 piezas al mes, que venden hasta en Caracas y Puerto Ordaz.

Para quemar bloques y ladrillos, unos trabajan con carbón y otros con gasoil. La reciente medida gubernamental de recortar a la mitad el cupo del combustible ha encendido preocupaciones. Si bien algunos lo desvían para el contrabando, los que sí lo emplean para producir no saben qué hacer. “Tocará pararnos, porque por una sola quema al mes no podemos tener 30 obreros aquí”, avanzó un fabricante de la aldea Las Minas.

En Avealfa confirman que están pasando correspondencia a los entes oficiales. “Si no normalizan el cupo del gasoil, es fuerte la situación, porque se reduce la capacidad instalada. No se trabajaría al mismo ritmo y cambiar el sistema es costoso”, argumentó Xiomara Rojas, la titular de esa asociación civil. Están esperanzados en que la medida efectivamente sea temporal, como prometieron las autoridades.

Por si fuera poco, algunos de los depósitos observables junto a la vía contienen bloques procedentes de Carabobo, Guárico y Falcón. Hay comerciantes informales dentro de la zona que los han traído porque, incluso con el flete, se pueden vender más baratos en relación con el precio de esta zona, donde un bloque de 10 cuesta entre 24 y 26 bolívares.

Este es el punto exacto  del “corte”, donde  se explota el mineral.
Este es el punto exacto
del “corte”, donde
se explota el mineral.

La gente migró

La alcaldesa de Lobatera, Natalia Chacón, jerarquiza la producción de bloques de arcilla, ladillos y tejas, como la actividad económica más importante del municipio. “La explotación de carbón ha tenido una merma desde hace cuatro o cinco años”, actualiza.

Esto se explica porque Carbosuroeste, empresa del Estado, no cuenta con un capital fuerte -como lo podría tener un privado- para invertir y establecer técnicas mecanizadas. En segundo lugar, media el contexto fronterizo: con lo que un minero gana en una semana trabajando en Colombia, puede vivir cómodo en Venezuela las otras tres semanas del mes.

“Por eso la arcilla se convierte en la pionera. Tenemos montañas de arcilla y prácticamente la gente migró a esta otra actividad”, ratifica Chacón, al estimar que mensualmente salen de Lobatera entre un millón 800 mil y dos millones 200 mil bloques. Fabricantes detallaron que unos se venden en el sitio y otros van a la Misión Vivienda y al occidente del país.

En fábricas de bloques temen merma de producción por recorte de gasoil.
En fábricas de bloques temen merma de producción por recorte de gasoil.

 

Oscura, insegura y con la fachada

de la iglesia en decadencia

Derruida la centenaria fachada de la iglesia de Chiquinquirá.
Derruida la centenaria fachada de la iglesia de Chiquinquirá.

Por acuerdo del Consejo Legislativo, la Banda Municipal de Lobatera fue recientemente designada Patrimonio Histórico y Cultural del Táchira. Pero de momento, la tradicional retreta dominical de esta centenaria agrupación se está haciendo a mediodía y no en la noche, por dos razones: la falta de alumbrado público en la plaza Bolívar y la inseguridad.

En Lobatera no hay policía municipal ni nacional. Los funcionarios de Politáchira destacados no llegan a diez en un mismo turno, coincidieron habitantes y ratificaron autoridades. Son insuficientes para prestar seguridad a más de 13.000 habitantes. Si se atienden los estándares de la ONU, el municipio debería ser patrullado por 52 agentes.

“La inseguridad está terrible y de noche el pueblo es una boca de lobo”, atestiguó Heriberto Chacón, habitante. Lobatera es un municipio muy tranquilo, pero penetrado por delincuentes de sectores vecinos que irrumpen y delinquen. “Si bien es cierto que no somos los jefes directos, hay que concientizar al funcionario policial en que debe atender a la comunidad”, reflexionó la alcaldesa, Natalia Chacón.

De estilo neorrománico, la fachada de la iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá empeora con el paso de los meses. Los frisos que se caen y las filtraciones que se profundizan recuerdan a la población los más de dos años de espera por soluciones. Si bien la Gobernación del Táchira cumplió con los arreglos internos, todavía no ha empezado la restauración externa.El proyecto reposa en Corpointa desde el año pasado.

La alcaldesa Chacón ha conocido que los costos inicialmente previstos se triplicaron durante los últimos ocho meses. En la más reciente reunión sostenida con ese despacho de la Gobernación se dijo que José Vielma Mora solicitaría recursos extraordinarios para la obra. “El gobernador ha presentado mucho interés en este tema”, expresó.

El párroco de Lobatera, presbítero Oscar Fuenmayor, tuvo un derecho de palabra el miércoles pasado en la Comisión de Cultura de la Asamblea Nacional, por intermedio del diputado Cristóbal Jiménez. El Parlamento recibió la documentación y quedó comprometido a agilizar los trámites con Corpointa. También la Comandancia General de la Guardia Nacional, componente del que es patrona la Chiquinquirá, recibió los informes.

 

“La educación es vital 

para nosotros”

Natalia Chacón, alcaldesa de Lobatera desde hace 10 años, avanzó que con el presupuesto de este 2015 harán énfasis en ampliación y mejoramiento de instalaciones educativas en comunidades como Potrero de las Casas, La Laja, Boca de Monte y La Curiacha. “La educación es vital para nosotros”, insistió.

Con respecto a la Escuela Ciudad Carúpano, la más emblemática de la jurisdicción, ya enviaron a Fede un proyecto que supera 100 millones de bolívares para su rehabilitación. La institución tiene problemas de filtración y de friso.

En materia de vialidad, la mandataria precisó que durante su gestión han asfaltado 65% de las vías principales, urbanas y rurales, del municipio. Se apoyan en los consejos comunales para los sectores. “Ellos manejan recursos y tienen que abordar lo local”.

Uno de los grandes problemas locales es la electrificación. Aunque no es competencia directa de la administración municipal, en convenio con el MTT y Corpoelec han acordado proyectos y certificaciones. Este año prevén atender La Curiacha-Borotá, La Llanada, Volador y El Oso, que ahora están en penumbras.

La recuperación de espacios públicos también figura en la agenda de la alcaldesa. “Queremos dignificar las entradas, el corredor del trompo en Borotá, la placita de Monseñor Eugenio, modernizar el trompo y la plaza Bolívar de Borotá, a la que jamás se le había hecho inversión, así como un bulevar en La Llanada”, describió.

A lo anterior se suma la ejecución de dos proyectos especiales: Barrio Tricolor y el complejo Chiquinquirá. “Todo esto tiene éxito si los consejos comunales se organizan y presentan proyectos para el embellecimiento de los sectores”, emplazó.

 

 

Daniel Pabón

Fotos Carlos Eduardo Ramírez