Gonzalo Somaza: del Táchira a Chile, formando al nuevo ciudadano

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Furtillar, ciudad de la ribera oeste del lago Llanquihue , en la región Los Lagos. (Foto: Cortesía)

“Pueblo mío que estás en la colina, tendido como un viejo que se muere. La pena, el abandono, son tu triste compañía. Pueblo mío te dejo sin alegría”, la inmortal letra de José Feliciano, en su tema ‘Qué será’, serían el preludio de una realidad que ha trastocado las emociones de muchos venezolanos, la migración.

Gonzalo Somaza Medina es uno de los miles -algunos se atreven a afirmar que millones- de venezolanos que han dejado estas tierras para buscar nuevas opciones de vida, mayor bienestar social, económico y hasta cultural.

Cruza Andina, en el Valle de la Luna, desierto de Atacama, en Chile. (Foto: Cortesía)

Hijo natural del Táchira, adoptado por Chile, tuvo la fortuna -como muchos de sus amigos y familiares se lo han hecho saber-, de poder establecerse no solo en otro país; sino además, adaptarse a un nuevo estilo de vida, con nuevas costumbres, con una rutina diferente, en un entorno totalmente desconocido; y es que arrancó de cero, a más de 6 mil 500 kilómetros lejos de su familia.

Este docente de Biología y Química, graduado de la Universidad Católica del Táchira (UCAT), no contaba con que la vida, Dios o el destino, le tendrían preparado un giro de 360 grados, y es que 2015 era su año.

Las despedidas fueron como las visitas de médico, rápidas. Pocas lágrimas, mucha incertidumbre y una gran ambición le quedaron de esos últimos días sancristobalenses.
Sus planes no contemplaban la migración como una opción, no de manera definitiva, hasta que una amiga que vive en Chile se lo propuso en vísperas de un viaje que haría a Buenos Aires, Argentina, en calidad de turista.

Esta fue la excusa perfecta para que Somaza legalizara y apostillara su título y demás documentos personales, sin darse cuenta y en un par de meses, que toda su vida tendría otro rumbo; ya los aromas, los sonidos y hasta las imágenes eran diferentes.

¿Bendecido y afortunado?

Socaire, pueblo de Antofagasta, en el desierto de Atacama, Chile.(Foto: Cortesía)

Gonzalo se muestra un tanto sorprendido cuando le dicen que es afortunado; sin embargo, los hechos hablan por sí mismos. Salió el 11 de septiembre de 2015 a Buenos Aires, una semana en la que aprovechó para descansar, reflexionar y ver que ya su mundo estaba cambiando.

Para el 20 del mismo mes, estaba arribando a Santiago de Chile, con la noticia de que las personas que lo iban a recibir y le darían estadía inicialmente no podrían alojarlo por una situación familiar que a última hora entorpeció el favor acordado.

Ante este inconveniente, el docente decidió llamar al primo de una amiga, a quien no conocía y con quien no tenía ningún de amistad, para que lo ayudara. Fue él quien le permitió quedarse en su apartamento mientras Somaza se instalaba en el país, solamente por el hecho de ser venezolano, reconoció. Luego alquilaría un departamento donde estaría más cómodo.

“No sé si es por cuestiones del destino o será la personalidad de uno, no sé si serán parte de las bendiciones que uno recibe, pero en cualquier lugar donde yo he estado, donde he trabajado, me han recibido con los brazos abiertos, he recibido mucho apoyo”, afirmó.

Tan solo tres días después de haber llegado a Santiago de Chile, consiguió empleo en un estadio de la comunidad croata en Chile -entiéndase un club en Venezuela-, específicamente en el restaurante, donde inclusive pudo escalar posiciones, hasta que fue el encargado de cocina, y ayudó a que otros venezolanos entrarán a laborar allí.

Él aseguró que estaba bien en su trabajo, con un buen sueldo, y que por ello no había buscado un trabajo que le permitiera ejercer su carrera, hasta mayo de 2016 cuando vio un anuncio clasificado en el que solicitaban profesores de su área de estudio.

Furtillar, ciudad de la ribera oeste del lago Llanquihue , en la región Los Lagos. (Foto: Cortesía)

Lo llamaron, cumplía con el perfil buscado para ser parte de la plantilla de docentes en el colegio San Bartolomé de Calera de Tango, en la Región Metropolitana -capital-. Allí laboró hasta febrero de 2017.

Buscando opciones más cercanas a su casa, para ahorrar algo más de dinero y también por una cuestión de comodidad, comenzó a trabajar desde marzo en el colegio Alberto Blest Gana.

A su juicio, el hecho de ser egresado de la UCAT, le ha ayudado a conseguir empleo en su área profesional sin mayor complicación.

Estatus migratorio

Noche en el desierto de Atacama,Chile. (Foto: Cortesía)

Cuando entró a Chile, obtuvo una visa de turismo, que vence en tres meses. Durante este tiempo, Gonzalo debía gestionar los trámites para cambiar su documento a una de residencia temporaria que duraría un año.

Al mes de haber solicitado la visa temporaria, obtuvo el permiso laboral para trabajar de manera formal. Una vez le llegó la visa, pudo solicitar el “carnet o cédula de identidad”, que lo identificaría como extranjero.

Finalizando 2016 solicitó la visa de residencia definitiva, la cual le fue concedida en septiembre de este año.

Aspira obtener la nacionalidad chilena, la cual podrá tramitar en 5 años, que comenzaron a correr desde el 20 de septiembre de 2015. Somaza indicó que su proceso migratorio no ha sido complicado y que ha transcurrido sin contratiempos.

Y, ¿qué tal Chile?

Gonzalo explicó que ha sido muy bien recibido en este nuevo entorno; inclusive, algunos chilenos le han expresado la gratitud que tienen con Venezuela por el recibimiento de sus connacionales cuando huían de la dictadura de Augusto Pinochet.

Destacó que no ha sido fácil, el cambio de moneda, la estructura socio-política, hasta el sistema educativo han sido un cambio importante en su vida. Su secreto para adaptarse a todas estas novedades ha sido vivir el “día a día”.

La hermana y padres de Gonzalo en Santiago de Chile. (Foto: Cortesía)

El apoyo familiar ha sido trascendental para sobrellevar esta nueva realidad. Por supuesto, la dedicación y el compromiso con aquello en lo que cree, le permitieron no solo generar una estabilidad, sino que además la oportunidad de generar condiciones que facilitaron ayudar a que su hermana llegara a Santiago, en primer lugar, y luego le seguirían sus padres. Un hermano quedó en San Cristóbal y próximamente los acompañará.

Con respecto a los sismos, confesó que no venía preparado y en ningún momento pensó al respecto.

“Me fui sin ningún tipo de educación en sismos, pero justamente dos días antes de venirme a Santiago, tembló, fue fuerte, y se sintió en Buenos Aires”, sobre esta experiencia, agregó que la primera noche en Chile, se movió la tierra en la madrugada y sintió varias réplicas en las noches siguientes por casi una semana.

“Al principio uno se asombra y se asusta. Tienes esa sensación como cuando estás en la montaña rusa. Por ejemplo, yo estoy en el piso 20 y el edificio se tambalea de un lado a otro”.

Señaló que fue educándose en su trabajo, comenzó a ubicar los puntos seguros en caso de temblor, a tomar las previsiones necesarias, pues la sociedad chilena está preparada para este tipo de eventos naturales y la retroalimentación cada cierto tiempo a través de simulacros.

Planes a futuro

Continuar especializándose en el área de la docencia es uno de sus proyectos más cercanos, quiere además dar clases en la universidad. Sentido de vocación define su perfil profesional y en miras a ello pretende continuar preparándose.

No se queja de su realidad, tiene acceso a servicios básicos, puede cubrir sus necesidades básicas y está apoyando a su familia que aún se está instalando en Chile.

Quiere a futuro establecer algún negocio, no ha determinado de qué, pero ya sabe cómo se mueve el mundo de los restaurantes, allí pudiera tener un nicho comercial. Las oportunidades se le irán dando en el camino

“Salgan del país”

Isla Negra, en el litoral central de Chile. (Foto Cortesía)

Ese es su consejo para todos los venezolanos que consideran la posibilidad de migrar. Somaza recomendó buscar los mecanismos para lograr este objetivo, estudiar el país que cumpla con los requerimientos personales de cada persona y tener un plan al llegar al destino que se haya escogido.

“Y a quienes estén llegando, al destino que sea, les digo: humildad. No hay que perder la sencillez que tanto caracteriza al venezolano. Hay mucha gente que fracasa, que se devuelve, que duran meses o años sin avanzar y progresar. Cambian constantemente de empleo. No se dan cuenta que están en otro país, con otra cultura, un nuevo sistema”, dijo.

Considera que la clave del éxito está allí y que esta experiencia es algo “que se debe vivir una vez”, así se lo ha mostrado Chile.

Desierto de Atacama, Chile. (Foto: Cortesía)

Manifestó que no se ha planteado mudarse a otro país, tampoco regresar a Venezuela. Al respecto indicó que “la situación en el país no va a mejorar”. Está convencido que la mayoría de los venezolanos que han migrado no regresará inmediatamente mientras la situación política, social y económica no mejore.

Declaró su amor por el país, pero consideró que la realidad que viven sus compatriotas no reúne las condiciones para seguir viviendo allí.

Historias como las de Gonzalo Somaza son muchas. Venezuela se va con ellos, en sus recuerdos, sus logros, aspiraciones, ambiciones y sentido patrio. Una generación que con trabajo, esfuerzo y entrega quieren dejar nombre.

Como bien lo dijo el Cheo Feliciano, “Ya mis amigos se fueron casi todos y los otros partirán después que yo. Lo siento porque amaba su agradable compañía. Mas es mi vida, tengo que marchar”.

(Héctor Yepes)