En una esquina de París la plaza de Los Pintores, tocando por la insistencia de unos amigos.

Durante 21 años ha tenido los pies bien puestos sobre la tierra, es uno de esos jóvenes degustadores de la vida, del amor y el buen sabor de la música. Ese arte que lo escolta desde el vientre de su madre le sirvió de inspiración, de acoplamiento y bienestar, para convertirlo con el paso del tiempo, en un íntegro interprete del violín.

Frederik Rafael Camacho Flores, tiene el legado musical de su abuelo paterno Don Pedro Camacho, un selecto técnico afinador de pianos y pianolas, quien junto a su esposa Ramona Villarraga de Camacho, formaron su hogar abrigado por sus 10 hijos, una familia católica residenciados en la calle 10, entre carreras 12 y 13 de San Cristóbal.

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De los Camacho, una de sus tías, Graciela (Chela), se destacó durante muchos años en el Táchira como una de las más virtuosas sopranos de la región. De allí viene la herencia de Frederik Camacho.

Con su familia en su primera visita a Venezuela, luego de comenzar sus estudios en París.
Con su familia en su primera visita a Venezuela, luego de comenzar sus estudios en París.

Sus padres Nancy Flores, profesora jubilada y Álvaro Camacho, arquitecto, escogieron su nombre por el gran compositor polaco y pianista, Frederik Chopin y a su hermano mayor, quien en la actualidad tiene 22 años de edad, le llamaron Ludwig, por Ludwig Van Beethoven, es estudiante de medicina y ejecutante del clarinete en la Banda Oficial de Conciertos Marco Antonio Rivera Useche.

La  simpatía de Frederik, su dedicación, entrega, estudio, sacrificio y amor por lo que hace, lo ha trasladado más allá de las fronteras y entregarse con su  habilidad artística a perfeccionar la ejecución del violín en  Suiza- Francia desde hace tres años.

Este virtuoso joven tachirense, quien nació en San Cristóbal, el 4 de agosto de 1995, en la Cruz Roja, aproximadamente a las 4 de la mañana, es alumno oficial desde hace un año de la Alta Escuela de Música de Lausanne (Haute Ecole de Musique de Lausanne).

Lleva tres años entre Suiza y París. En París se graduó, en la especialización del violín, y en Suiza recibirá dentro de dos años la Licencia en Música en la ejecución de este instrumento. Está residenciado en la ciudad de Sión.

Manifiesta que dentro de sus actividades y compromisos diarios tiene sus momentos   especiales para jugar fútbol, deporte que le gusta mucho, también trota y va al gimnasio. Su comida preferida son los  pasteles de queso y las dos veces que ha venido a Venezuela luego de radicarse en Francia, lo primero que hace es llegar a comerlos. Considera importante y llena su alma, el encuentro con su familia.

Durante nuestra conversación en la sala de redacción de Diario La Nación, confesó que se inspira de acuerdo a su ánimo, y así lo asegura: “Pienso en mi país, cuando estoy tocando en Francia, siento que estoy tocando en la casa de mi papá en ese ambiente muy particular y me da nostalgia en algunos momentos; pero al mismo tiempo siento el calor familiar y continúo con mi meta de ser alguien en la vida”.

Este joven tachirense, confiesa que aún no ha compuesto nada; sin embargo la improvisación es uno de sus fuertes.

Dentro de sus sueños está el ser un profesional y llegar a ser reconocido en diferentes países como violinista y más adelante hacer algo como compositor.

Frederik Camacho también ejecuta otros instrumentos como el  cuatro, el piano, el teclado, se ríe y comenta, “un poco de cada cosa”.

Cuando piensa en la situación de Venezuela, siente que pueden mejorar las cosas y al estar lleno de esperanza se concentra en la música.

“Cuando hago los conciertos explicó al publico porque estoy haciendo esto. Simplemente porque no cuento con el apoyo económico de mis padres, ellos han hecho lo que pueden y hasta donde su situación económica les alcanza. Solo cuento con la asociación que me respalda Musique en Joie, creada en Francia, por unas personas maravillosas, quienes se convirtieron en mis tutores y cubren estudios, gastos de comida y alojamiento. No tengo apoyo de Gobierno venezolano, en una oportunidad Cadivi me aprobó solo 60 euros, con los que no se hace nada para las exigencias que requiere estar lejos del país sonde uno nace”.

Una foto de promoción para uno de sus conciertos que tenía como objetivo para rescatar la casada que está al fondo. Propósito que se logró posteriormente.
Una foto de promoción para uno de sus conciertos que tenía como objetivo para rescatar la casada que está al fondo. Propósito que se logró posteriormente.

Luego de esta visita de un mes, a San Cristóbal durante el año 2016 entre los meses de agosto y septiembre, donde compartió con familiares y amigos, días y noches de tertulias musicales, diálogos y encuentros, comenta que fue un viaje de suerte y abre sus ojos achinados porque una señora que asistió a varios de sus conciertos durante el mes de diciembre de 2015, lo llamó una de esas noches luego del acto y le dijo que le regalaba el  pasaje de ida y vuelta para ver a su familia  en Venezuela. Regalo que agradeció inmensamente  el joven tachirense.

Expresa que siempre  trata de recordar a Venezuela, a su gente,  lo bonita que es. Le encanta Mérida, sueña con el Salto Ángel. Agarra el violín y surca los aires suizos a través de las melodías venezolanas que vienen a su memoria y salen desde el alma entre ellas Los ritmos de pajarillo, donde toca el violín como un cuatro, y recuerda emocionado temas como: Apure en un Viaje (pasaje), Brisas del Torbes (bambuco), Señor Jou (danza zuliana), Como Llora una Estrella (vals), Dama Antañona (vals) y el Gavilán Tocuyano (golpe tocuyano).

“Me gusta ponerme a Prueba”

Uno de sus sueños luego de graduarse de licenciado, es el de hacer varios concursos internacionales. Comenta emocionado: “Me gusta competir y ponerme a prueba, la carrera de solista internacional es una de mis metas y afortunadamente, tengo la dicha de que mi maestra Virginie Robilliard, es solista internacional, ha ganado varios concursos: En Indianápolis, el concurso más grande en París y en Italia. Ella tiene una exquisita trayectoria”.

En una esquina de París la plaza de Los Pintores, tocando por la insistencia de unos amigos.
En una esquina de París la plaza de Los Pintores, tocando por la insistencia de unos amigos.

Quizá  una de las cosas que más le ha costado en estos tres años es estar lejos de su familia. Revela que en medio de sus ocupaciones y las tareas diarias, hay momentos de alegría como de tristeza, entre esos la compañía de su padre, su mamá y su hermano principalmente.

Enfrentarse a una ciudad distinta como París fue un reto por el ambiente y la personalidad de la gente. “No son calurosos como los venezolanos” dijo. En Venezuela, es una celebración darse un abrazo, expresó.

“Allá en París el clima es gris, cada quien anda por su lado, algunos parisinos son como testarudos, aunque en el fondo, son ejemplares personajes hay que conocerlos, compartir  y uno se adapta a la situaciones que hay que vivir; pero sin duda alguna el cambio te pega”.

Camacho Flores, habla el francés a la perfección y se ha pulido más en el inglés, idioma con el que se defendió al principio. Sin embargo, el francés del que no sabía nada, tuvo que estudiarlo detalladamente, porque es la lengua obligada.

Desde que se fue de su país natal, es la segunda vez que vino a Venezuela. A compartir con su familia, amigos y algunos de sus profesores. Llegó el 15 de agosto y partió nuevamente a su destino el 15 de septiembre.

Durante este año Frederik Camacho, a quien le apasionan las pruebas, comenzó a realizar concursos internacionales.

En su visita al Diario La Nación, acompañado de uno de sus violines manifestó: “Hice el concurso internacional de la empresa Yamaha en Lucerna Suiza, llegué hasta la final. No me llevé el premio; pero fue un progreso grande, fui el único alumno que estaba en licencia, los demás participantes eran máster”.

Otro de sus certámenes está planificado para el mes de marzo  o abril de 2017, en un concurso internacional que se realizará en  Marruecos y el otro plan, es el de formar parte de otro  concurso internacional que lleva por nombre  Leopold Bellan en París.

Haciendo Historia

“Mi primera experiencia en música fue como a los tres años de edad, en la casa de mi tía Chela (Graciela Camacho), había un piano, yo tocaba ahí, pasaba horas y sin saber nada. Yo me sentaba y le  daba a las teclas.

También en casa de mi mamá hacía sonar una guitarra. Esa fue mi primera experiencia con un instrumento de cuerda y por eso es que me gustan tanto”.

Expresa  que en la  casa de sus abuelos paternos Pedro y Ramona, a los que nunca conoció, sobre todo su abuelo estaba rodeado en ese mundo de la música con los pianos, la música clásica y compraba también instrumentos como los violines.

Dice Frederik, “yo tocaba un ¾  Stradivarius. Él no tocaba violín; pero compraba instrumentos porque le encantaba la música académica. Mi papá creció en ese ambiente, escuchando con mis abuelos, a Bach, Mozart Bethoven y cuando estaba pequeño en esa casa, se escuchaba el jazz, el blues y sobre todo música clásica.

Expone que a su padre Álvaro Camacho le  encanta  Chopon, Wagner, y Beethoven. Una de las anécdotas que recuerda es  el equipo de sonido de su  papá que se escucha en toda la casa toda la música que él coloca. “Cuando yo era bebé, él me colocaba Mozart para dormir”.

El ojo artístico de la tía Chela

“Formalmente fue mi tía Chela, quien insistió y le dijo a  mi mamá que me llevará a la escuela de música, porque ella veía en mí  el talento. Primero me llevaron a una escuela de teclado. Durante varios años fui aprendiendo y casi al mismo tiempo me llevaron detrás del hotel Tama en el parque Los Escritores, sede de uno de los núcleos del Sistema de Orquestas y ahí empecé la iniciación musical, eso fue a los cinco años de edad”.

Entusiasmado siguió contando que comenzó haciendo noticas musicales con plastilina como la clave de sol, redonda, blanca, corcheas  entre otras. A las pocas semanas le preguntaron: ¿Qué instrumento quieres tocar?, sin pensarlo  mucho y con una inocente y sincera respuesta infantil dijo: la trompeta. A Frederik le encantaba el sonido y la forma del instrumento; pero no supo que pasó y le dieron un violín.

“Al principio tenía dificultades para interpretar el violín quizás no me sentía enamorado del instrumento. De verdad mi profesor me decía que yo era el menos capacitado, era el último de la clase”, revela Frederik.

La madre decidió cambiarlo de profesor e hicieron contacto con Kelly Mendoza, una joven violista, sobrina del violinista Jhonny Mendoza y esposa del maestro Pedro Navarro, quien posteriormente fue su director en la Orquesta Infantil del Táchira. Personas que se convirtieron en sus guías y a las cuales manifiesta tenerles un gran cariño y agradecimiento.

Sin titubear, el joven manifiesta: “Con Kelly Mendoza, me enamoré del violín, desde que tomé mi primera clase con ella. Antes no me sentía identificado. Siempre me acuerdo de ese primer día. Ella me dijo, terminamos la clase Frederik y yo le contesté, no es posible. Yo tenía 6 años. Eso fue en la Normal  J.A Román Valecillos en Barrio Sucre. La clase era de una hora”.

Frederik Rafael Camacho Flores, un tachirense cuyas ilusiones se le van convirtiendo en realidades.
Frederik Rafael Camacho Flores, un tachirense cuyas ilusiones se le van convirtiendo en realidades.

El niño comenzó a estudiar en su casa, y fue progresando de tal manera que la profesora  le preguntó a su mamá que si Frederik tenía algún profesor particular. La madres le respondió que no. La profesora sorprendida replicó que no entendía por qué avanza tan rápido.

Con Kelly Mendoza, Frederik Camacho duro tres años aproximadamente recibiendo clases. Años en los cuales aprendió la base del violín sobre todo, el método Suzuki y al mismo tiempo el niño integraba  la Orquesta Infantil del Táchira, cuyo director era Pedro Navarro, institución donde tocó duro hasta los 11 años.

Luego pasó a la Orquesta Juvenil del Táchira, donde sus tutores fueron los maestros Javier Henoc Reyes y luego José “Cheo” Cárdenas, a quienes reconoce por sus meritorias enseñanzas.

Su profesora Mendoza le presentó al maestro Daniel Sánchez, quien venía de estudiar con un maestro importante en Caracas y actualmente forma parte de la Orquesta Simón Bolívar de Venezuela la que se conoce como la Bolívar B.

“Con el profesor Sánchez estudié, tres años. Y empecé a cultivarme en el repertorio romántico, con un poco más de técnicas. Y al mismo tiempo ensayaba detrás del Tama y en la Normal J.A Román Valecillos”, todo era formación y entrega.

Algunos retos plasmados

La gente se reunió a disfrutar de los temas interpretados. Eso fue en el sur de Francia.
La gente se reunió a disfrutar de los temas interpretados. Eso fue en el sur de Francia.

A los 11 años de edad ganó su primer concurso. Fue en el festival nacional de música típica venezolana, el Violín de Los Andes en Tovar, en el 2006, su mamá lo llevó a participar.

Entre los jurados estaban los profesores Jesús David Medina, Eddy Marcano, Francisco Díaz (músico larense) y Simón Goyo, (quien posteriormente fue su profesor) y otros maestros que no recordó en el momento.

En esa oportunidad este joven san cristobalense compitió con el tema “Señor Jou”, danza zuliana del maestro Pablo Camacaro integrante del Grupo Raíces de Venezuela. Contó Camacho que en esa edición del festival estaban prohibidos los temas en ritmo de pajarillo.

“Yo estaba muy nervioso y tuve que decirle al presentador que me diera unos 30 segundos para recordar que era lo que iba a tocar. Le pedí al cuatrista que punteara el tema. Yo nunca había tocado ante tanto público y menos solo. Pasadas unas horas dieron el resultado y gané el primer premio en mi categoría. Fueron mil 500 bolívares y una beca para recibir clases en Mérida con el maestro Simón Goyo”.

El hábito con Simón Goyo

Simón Goyo lo tomó como alumno y recibió clases en uno de los núcleos de Mérida. Dice Frederik suspirando: “Siempre lo recuerdo por enamorarme de la carrera del violín, antes no sabía si continuar con la música; pero Simón Goyo, me abrió los ojos para saber como trabajar con la música  y que podía hacer yo”.

La admiración del alumno por Goyo, se resalta con sus palabras: “Nunca había visto un violinista de su calidad. Aprendí la técnica y sobre todo lo que hacen los violinistas y a que se dedican, si a la  música de cámara, a la orquesta o a la carrera de solistas. Las clases eran los fines de semana y luego regresaba al Táchira. En las vacaciones prácticamente se radicaba en Mérida”.

Durante este tiempo, Goyo hizo que Frederik recibiera clases con otros de sus colegas como las maestras Anderech una americana y con Virginie Robilliard. El maestro Goyo también en una oportunidad invitó al país al maestro ruso Dmitri Berlinsky

El joven también estudio con Tomás Hernández. Hasta los 15 años de edad, fue pupilo de Simón Goyo. El Maestro, hacia el festival Nuevo Mundo en Maracaibo estado Zulia y ahora lo hace en Aruba.

La catedrática Robilliard entre otros maestros vino a Venezuela a ofrecer a los estudiantes de Goyo algunas clases magistrales, durante el festival organizado por su maestro.

Recuerda con emoción: “Yo me entusiasmé mucho con él. Luego gané un concurso en el 2010, cuando ya casi finalizaba con Goyo las clases. El maestro me invitó a irme a los Estados Unidos a Filadelphia específicamente a estudiar en los conservatorios.

En esta prueba  Camacho participó con la Partita Nro 3 de J.S Bach y el Capricho 21 de Paganini. Repertorio solo para violín.

“En ese festival eran todos contra todos no había limite de edad. Habían violinistas de todo el país”, confiesa que no estaba muy nervioso; pero había grandes competidores de más de 20 años.

Entre los premios estaba un arco que era del esposo de Virginie Robilliard. Quien es luthier en parís, el otro premio era el cupo para participar en la próxima edición del festival, entre otros.

“Me concentré y me gané el premio, la decisión fue difícil porque eran muchos participantes y dieron los resultados al otro día. El maestro Simón Goyo, no estaba en el jurado, por ser el creador del festival”.

Confiesa que lo más importante además de la exigencia del festival, fue recibir el arco, el cual conserva y toca con él en París. Otro de sus premios fue conocer a la maestra Robilliard.

En esos tiempos también había recibido clases con María Alejandra Guerrero, quien fue por muchos años la concertino de la Orquesta Simón Bolívar del Táchira y con Ornella Hernández, ambas tachirenses.

Virginie Robilliard, en su vida

Junto a su maestra Virginie Robilliard.
Junto a su maestra Virginie Robilliard.

Describe con detalles su encuentro con la maestra: “Me acerque a ella y me dijo que cuando yo concursé, no pudo anotar nada de lo impresionada que quedó, y me preguntó sobre mi historia con el violín y lo que pensaba hacer”.

Robilliard le manifestó algunos detalles que debería corregir y se marchó a París. Al tiempo se fue su profesor Simón Goyo a los Estados Unidos y contando con 16 años de edad, Frederik, decidió emprender viaje a ese país con el permiso de los padres y luego de  que sus progenitores intentarán, conseguir ayuda económica, con las instituciones  gubernamentales del Táchira; sin embargo, los esfuerzos resultaron en vano y con el apoyo familiar salió del país.

Audicionó en Nueva York en un conservatorio donde para ese entonces estudiaban otros venezolanos, entre ellos Leonardo Pineda, un tachirense de la ciudad de Colón y Estefany Sarmiento.

Concursó para entrar; pero había un problema con la beca, estaba un poco costosa y no tenía la posibilidad de cubrir sus estudios y al mismo tiempo exteriorizó que no se sintió bien, con el sistema de la universidad.

El maestro Goyo, le dijo que retornara a Venezuela y que siguieran en contacto para ingresar a otras universidades.

El joven violinista, hizo una pausa en medio de la entrevista en la sala de redacción del periódico y dijo la siguiente frase con mucha seguridad: “Hay que enamorarse de la pedagogía de un profesor, no importa en qué parte del mundo estudies. Para mí eso es lo más importante”.

Al regresar a San Cristóbal, el gusanillo de seguir buscando su realidad con el violín siguió palpable y su inquietud  juvenil, no lo dejó permanecer estático.

“Mi segundo profesor Daniel Sánchez, me ofreció hablar con el maestro José Antonio Abreu, para que me uniera a la orquesta que dirige el maestro Gustavo Dudamel. Por un momento pensé en irme a Caracas, hice contacto con el profesor Miguel González para recibir clases; pero no me sentía seguro de que Caracas fuese mi destino y llegó a mi mente la maestra Virginie Robilliard”.

Había perdido todo contacto con ella. Buscó en las redes y encontró a su esposo le escribió, dudando que contestara. Describió quien era. Recibió respuesta. La maestra, quien afortunadamente habla también el español, contestó, en principio no le prometió nada; pero le indicó que en el próximo mes de julio de ese año, ella haría un concurso de verano en la ciudad de Rodes en un distrito que se llama Marcilla al sur de Francia.

Robilliard insistió y le invitó a irse a ese país. La maestra le prometió una beca inicialmente y que el joven solo pagaría el pasaje en avión.

Comentó Frederik : “Ella me dijo que me escuchaba y sabría si estaba preparado. La familia mía pidió ayuda al gobierno; lamentablemente no se consiguió por ningún lado, solo el respaldo familiar. Finalmente viajé solo. Primera vez que salía solo”.

Al llegar, la profesora lo evaluó. Durante ese año solo había recibido clases con el maestro Pedro Moya en Maracaibo estado Zulia. Frederik Camacho, se mantenía en constante ensayo, una disciplina que ya se había hecho hábito en su vida.

Virgine Robilliard, quedó satisfecha con su muestra y le comentó que a partir del 2015, sería profesora  oficial  de la   Haute Ecole de Musique de Lausanne, por lo tanto él estaría como candidato a ingresar. Posteriormente, fue evaluado por otra maestra Larissa Kolos de 63 años de edad. Luego de escucharlo. Ambas lo aprobaron e ingresó.

“Fue una experiencia única, era una maestra rusa formada en la antigua escuela muy estricta. Me aceptaron y comencé a trabajar por dos años con las dos maestras”.

Durante el 2015, la profesora Virginie le propuso irse a Suiza, otra audición se le presentó en subida  al frente de las cuerdas del violín para ser parte de otro concurso.

Para poder subsistir, un empresario que tenía sus negocios entre Curazao y New York, amigo de su maestra, financiaba su estadía, alquiler, comida y estaba dispuesto a respaldarlo en sus estudios. El señor Muller, quien por circunstancias de la vida falleció. Lamenta Camacho no haberlo conocido.

El joven estudiante quedó a la deriva. Ya había entrado a la escuela de música de Lausanne.  Además de quedar sorprendido con tal noticia, pues su maestra no le había comentado para no desconcentrarlo. El empresario había muerto unos tres meses antes.

Asociación Musique en Joie

Comenzó la búsqueda de una solución para lograr el respaldo económico para Frederik. El apoyo estudiado debería ser de corazón.

Apareció una pareja que había conocido al joven tachirense y él fue invitado a su casa “un castillo bellísimo”, comenta emocionado. Janine y Andrés, amigos de su maestra, con quienes tenía una amistad.

Presentación en una iglesia.
Presentación en una iglesia.

“Mi maestra les escribió mi situación de estudiante y la formación por la que había pasado y les comentó sobre el respaldo que necesitaba para seguir mis estudios”.

De un momento a otro la solución llegó “como una bendición de Dios” dijo Frederik sonriendo: “Se creó entre amigos una Asociación hacer una asociación que se llama Musique en Joie (música en felicidad).

“La presidenta de la asociación es la maestra Virginie Robilliard y está legalmente formada con tesorero y demás miembros, quienes brindarán un apoyo económico a largo plazo”, indicó.

Dentro de las actividades de la asociación se organizan conciertos, de los cuales ha participado sólo ejecutando su violín en miniconciertos, en iglesias, donde los asistentes colaboran con lo que deseen.

En esas tertulias musicales, le han salido invitaciones a diferentes lugares, donde ha llevado su talento y lo ha expresado a través de su fiel instrumento. Todo es organizado por la asociación.

“Todavía yo no tengo el derecho en Francia de trabajar como solista. Solo soy estudiante y mi visa de estudiante no me permite trabajar como solista, solo cuando tenga un diploma que lo tendré pronto, mientras tanto feliz con lo que hago, me siento respaldado y apoyado, por lo tanto respondo con  mucha disciplina a mis responsabilidades y lo hago con amor, porque es lo que me gusta”, insistió.

Los concierto no se han hecho esperar en diferentes ciudades de Francia, en festivales, actos culturales, recitales, en algunos de estos encuentros musicales se le unió una pianista taiwanesa.

“También toqué con un cuarteto de músicos venezolanos. Jaimar Ortíz, una violista merideña; un violoncellista maracucho, Enmanuel Acurero y un violinista, Guillermo Maita. Con estos amigos  a quienes  convoqué, porque considero que eso forma parte de la unión con paisanos y la asociación se encarga de su pago. Hemos hecho este año 2016, unos 14 conciertos en diferentes lugares”.

Expresa que ajusta su tiempo entre estudio y presentaciones. Agrega que son dos cosas distintas. Estudios técnicos o solos de violín y los conciertos con otros repertorios, entre ellos música venezolana, la cual llena su alma y así lo cuenta apasionado.

La asociación va a cumplir el primer año. Se han hecho contactos con otras asociaciones y fundaciones, con la finalidad de hacer propuestas y eventos.

La anécdota que nunca falta

“Lo poco que he aprendido en esta vida.  En estos 21 años siempre me sube el ánimo con esta anécdota: Un día estudiando en barrio obrero en la casa de mi papá en la calle 10. De repente mi mamá  me dice que no moleste a los vecinos que no tocara más el violín por ese día. Segundos después alguien tocó la puerta  y me asusté. Mi madre se acerca a la puerta y una mujer salió corriendo. Mi mama salió y había una nota en el piso que decía textualmente:   “Hoy no tenía ninguna razón de levantarme y hacer algo en mi vida; pero con tu bella música, encontré un segundo motivo para levantarme y hacer algo para seguir en este mundo”. Eso me motivo mucho y me da fuerzas siempre para seguir adelante”, afirma con gozo Frederik Camacho.

 

(María Teresa Amaya)